THE WRESTLER de Darren Aranosfky es la obra maestra del año.
En el último trabajo de Aranosfky, Mickey Rourke consigue extraer un trozo de verdad de su interior y mostrarlo al mundo en una de esas interpretaciones que se recuerdan, y Marisa Tomei, esa pedazo de actriz, tan protagonista de la historia como Mickey, nos regala una de esas raras interpretaciones sutiles, (la mirada cargada de humanidad de su rostro dice más que diez paginas de guión) y nos regala también, por qué no, su físico deslumbrante, su desnudo corporal es a la vez brutalmente íntimo. Parece que el “Chico de la Moto” ha vuelto y esta vez para quedarse.
La peli de Aranosfky nos recuerda mucho a “Fat City”, la maravilla de Houston, esta peli es una oda a los eternos perdedores con dignidad que han hecho grande el cine norteamericano. Rourke en su rostro marcado y casi desfigurado lleva la marca de la vida y de sus penas. La escena del supermercado, cuando le reconoce un cliente de la carnicería, es de lo mejor que se ha rodado en los últimos años. Cine en estado puro muy lejos de los experimentos de “PI ”.
DEJAME ENTRAR de Tomas Alfredson
Es una de las sorpresas del año y puede que la mejor película de “género” de esta primera década de siglo que llevamos.
Sutil, lírica, triste, muy triste, es una historia de soledad, de niños abandonados y golpeados por la vida, un film que habla con sinceridad de lo que pasa en los colegios cuando no hay adultos cerca.
Una nueva visión del mito vampírico clásico, Tomas Alfredson consigue sorprendernos en todo momento con una historia apoyada en una férrea puesta en escena y un gran guión de John Ajvide Lindqvist (. adaptación de su propia y excelente novela). Los dos jóvenes actores parecen nacidos para el papel.
La necesidad que siente el protagonista nace del miedo al dolor, dolor que le infligen a diario la personas de su entorno y de repente encuentra una persona que le guía por el camino que necesita.
MALDITOS BASTARDOS (Tarantino da otra vez en el clavo)
Christoph Waltz y su personaje de nazi caza-judíos es la última gran creación de ese fantástico creador de diálogos y guiones llamado Quentin Tarantino. El coronel “Landa” hace historia al acabar el solito con la II guerra mundial, antes por supuesto asesina y mata con saña a cientos de judíos.
El comienzo del film, homenaje a los primeros minutos de “Hasta que llego su hora” de Leone, ya nos da una idea de que estamos ante uno de los mejores trabajos de su director. Al igual que en la fascinante secuencia del masaje de los pies en “Pulp Fiction” una conversación en principio rutinaria se va convirtiendo en algo mucho más tenso, en una cuestión de vivir o morir, de ceder en tus principios o morir con ellos.
“….- Es maravilloso. La idea era reivindicar el poder del cine. Cumple varias cosas al mismo tiempo. Tal y como está planteado es una metáfora muy jugosa. Lo que me sedujo fue que el cine se convierte en texto y subtexto. Es decir, no se trata de plantear que el cine acaba con el mal desde un punto de vista teórico, va más allá. No es una mera abstracción. Las películas se convierten en un arma. La idea me vino a la cabeza pensando en la capacidad que tiene el celuloide de arder. El nitrato es un material altamente inflamable. El hecho de que se convierta literalmente en un explosivo me seduce enormemente. Bendigo esos momentos de inspiración en los que se me ocurren cosas como éstas….”
Estas palabras del director explican muy bien de donde viene este cineasta. Toda su obra es un constante homenaje al cine, para él, el cine es vida.
Para mi generación Tarantino es nuestro Billy Wilder. Y lo es, gracias a que es un “fagocitador” de cine, de toda clase de cine, sobre todo de serie B, o si puede ser, mejor serie Z.
La primera vez que ves “Pulp Fiction” sabes que estas ante algo nuevo, no por el montaje aleatorio y no lineal, sino por la irreverencia de los personajes y de los diálogos. Esa película y “Reservoir Dogs”, (ante todo se recordará la escena de la oreja) ya forman parte de la historia del cine. Es el referente de toda una generación.
"Moon".
¿Homenaje o plagio?
Moon nos habla de un minero que trabaja en la Luna, en un momento en el que la Tierra vive una gran crisis energética. Su misión se prolongará durante al menos tres años y en ese periodo de tiempo, su única compañía será un ordenador central de la base lunar en la que se encuentra. Es evidente la semejanza con la historia de “Hal 6000” y la epopeya épica de Kubrick, pero Duncan Jones no se queda en la anécdota, compone un visión humanista a lo Kurosawa que es lo que hace grande al film, y hace que sea uno de los grandes descubrimientos del año.
Gracias a Sam Rockwell y a su interpretación nos creemos en todo momento la historia y el hijo de David Bowie nos demuestra que se puede conseguir una gran película sin un gran presupuesto. Solo hacen falta un par de cosas, un buen guión y gente que crea en lo que hace.
Solo le falta una cosa a esta gran película de ciencia-ficción y es la banda sonora que se merece. Debería de ser esta.