BALANCE  
  
CRONENBERG  
WAYNE WANG  
BROOMFIELD  
H.MAKHMALBAF  
QUEREJETA  
ICIAR BOLLAÍN  
WEINGARTNER  
PANG HO-CHEUNG  
CHRIS ZALLA  
  
MADE IN SPAIN  
OTROS CICLOS  
  
EL AMBIENTE  
  
INF. PREVIA  
   
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CRONENBERG  
WAYNE WANG  
BROOMFIELD  
MAKHMALBAF  
QUEREJETA  
ICIAR BOLLAÍN  
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    FESTIVAL de CINE de SAN SEBASTIÁN
                                           DONOSTIA -ZINEMALDIA-
                                                      del 20 al 29 de Septiembre 2007

 
 

CRÓNICAS

por Jorge D. González Sáenz

BALANCE DEL PALMARÉS DEL FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Es innegable que el cine actual está sufriendo un profundo cambio que afecta, sobre todo, a la industria y al negocio cinematográficos. Las nuevas tecnologías como Internet, que hacen mucho más fácil la adquisición de películas que antes eran de muy difícil visionado; la revolución en el mundo de los videojuegos, que permiten vivir una realidad virtual con mucha más fidelidad de como lo hacía antes el cine; la profusión de series de televisión, en donde los mejores profesionales de Hollywood se embarcan en estos proyectos dejando de lado la gran pantalla, etc. Así podríamos ir continuando con una lista interminable. Además los géneros cinematográficos hoy ya no se conciben como tales, provocando que películas documentales compitan junto a películas de ficción en la misma sección, fenómeno que nunca antes se había producido.
Con este panorama resulta obvio que los Festivales de hoy son sensibles a estos nuevos cambios y que cada vez es más complicado elaborar una buena programación de películas a concurso, conservando el formato original de lo que se entiende como Festival de Cine de Autor. Mucho más si es de serie A, en el que además de contar con películas de estreno mundial, debe mantener un alto nivel de calidad. Y la verdad es que este año, en San Sebastián, así ha sido.

La mayor parte de los trabajos de la Sección Oficial eran de una calidad increíble, que de presentarlos a otros festivales se hubieran llevado sin dudarlo el premio a la mejor película. Y es que en esta edición eran cinco o seis las que perfectamente se podrían haber llevado “el gato al agua” en el recuento final de premios. Valorando la decisión final del Jurado Internacional, parece que la veteranía se ha impuesto sobre otras decisiones, aunque hay que reconocer que “A thousand years of prayers” es una gran película, con muchos niveles de lectura y un acabado formal muy atractivo. Wayne Wang puede estar contento, sobre todo si tenemos en cuenta que el Presidente del Jurado este año ha sido Paul Auster, con el que no se ha vuelto a hablar desde “Smoke”. Parece que las diferencias entre los dos ahora son menores y quién sabe si en un futuro cercano vuelvan a trabajar juntos. Pero no sería justo nombrar la película de Wang como la única protagonista de la semana. “Buda explotó de vergüenza” está a la altura, sobre todo sabiendo que su autora no pasa de la veintena. Finalmente consiguió una más que merecida mención del Jurado.
El apartado de mejor dirección fue el más controvertido. No digo que Nick Broomfield sea un mal realizador, ya que ha hecho un gran trabajo con “Battle for Haditha”, pero simplemente copia una manera de dirigir ya experimentada por otros directores, como Paul Greengrass y Alfonso Cuarón en su magnífico thriller “Children of Men”. Sin embargo, a pesar de que “Eastern Promises” no es una de sus mejores películas, en la dirección técnica no se puede negar que Cronenberg es un perfecto manipulador de los planos, además de un gran creador de ambientes oscuros y claustrofóbicos. Es una gran decepción que el profeta de “la nueva carne” se haya ido de vacío.

En cuanto a la participación española el balance no ha podido ser más positivo. Dos premios, uno como mejor guión para Gracia Querejeta y David Planell, y la Concha de Plata a la Mejor Actriz para Blanca Portillo, confirman el nivel de “Siete mesas de billar francés”. Maribel Verdú, que al parecer realiza un papel bastante autobiográfico (lo que evidentemente le ha complicado en su interpretación) y Blanca Portillo, inconmensurable en lo que hasta ahora es el mejor papel de su carrera, llevan el peso narrativo de un guión muy trabajado, en el que las imágenes fluyen al ritmo de las conversaciones, punteadas por la música de Pascal Gaigne.
Mataharis”, de Icíar Bollaín, un escalón por debajo de la de Querejeta, terminó por no llevarse nada, aunque la película gustó y las críticas fueron muy positivas. Es curioso como las dos tienen muchos puntos en común: las protagonistas son mujeres de clase media y las dos se centran en problemas bastante comunes que le pueden pasar a cualquiera, como el cuidado de la familia, el trabajo, el engaño conyugal, etc. Es digno de alabar la escritura de los guiones, llenos de matices y detalles, llenos de dificultad en la elaboración de la estructura narrativa, sobre todo si tenemos el cuenta gran número de personajes que participan en el desarrollo de la trama, cada uno con su propia problemática, y que van creando diferentes situaciones que enriquecen el hilo argumental.

En los otros premios menores, destaca la fotografía minimalista y pictórica de “Exodus”, de Charlie Lam, en una película en la que el guión y la forma de contar la historia van unidos. Una serie de planos secuencia de ritmo lento que juegan con los vacíos y los llenos es parte de la propuesta de Pang Ho-Cheung, en la que un argumento bastante atrevido pasado por el filtro de la planificación puede llegar a convertirse en un hecho creíble a los ojos del espectador Para completar el palmarés tenemos que hablar del último trabajo de John Sayles. Trabajo que no destaca precisamente por su guión (premiado por el Jurado junto al de Querejeta) bastante previsible desde el principio, sino por otras cualidades como la fotografía, la interpretación de los actores o la banda sonora, que combina el blues más primitivo con los orígenes del rock.
Caramel”, una deliciosa comedia con tintes dramáticos que se enmarcaba dentro de la Sección de Perlas de Zabaltegui se llevó el Premio del Público y el Premio del Jurado Joven.
Las buenas interpretaciones, un guión realizado al estilo más clásico con toques continuos de humor y un color miel que invade toda la pantalla son los argumentos que su directora, Nadine Labaki, exhibió ante el público entregado de Donosti para llevarse el gato al agua. Otra gran obra del americano Julian Schnabel, “Le scaphandre et le papillon” ganó el premio del Público a la mejor película europea, una vuelta de tuerca más de la mítica “Johnny cogió su fusil”. Esta vez el personaje sólo puede observar el mundo a través de un ojo, justo el punto donde se coloca la cámara, identificándonos a nosotros con el paciente y viendo a través de él la agonía de la incomunicación y la desesperación por la tragedia kafkiana.

Y como todos los grandes festivales también existen unas películas damnificadas. Este año han sido dos, la alemana “Reclaim your brain”, una aguda reflexión sobre la manipulación televisiva con tintes de mayo del 68, y “Padre Nuestro”, gran ópera prima de Christopher Zalla que ha sabido combinar la efectividad de la cámara en mano con las buenas interpretaciones de sus actores, dando como fruto una interesante disertación sobre la vida de los inmigrantes en Norteamérica.
Finalmente hay que agradecer el esfuerzo de la organización por la buena marcha del Festival.
Desde la elección siempre complicada de los films a concurso hasta la organización de las actividades complementarias, la reposición de ciclos tan completos y el buen trato de la gente de San Sebastián hacen de este festival una cita ineludible para todo aquel que quiera disfrutar de una grata compañía y del mejor cine visto de todo el panorama mundial.

Jorge D. González Sáenz (octt'07)

 

   

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