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CRÓNICAS
por Jorge D. González Sáenz
PADRE NUESTRO
Probablemente la mejor película del Festival junto con la de Wayne Wang, resultando curioso
el hecho de que las dos tratan en cierta manera el mismo tema: la inmigración y la adaptación
del emigrante a su nuevo país. Christopher Zalla elabora un guión extraordinario con un
mínimo presupuesto y un equipo de sólo 30 personas, aunque eso sí, de 25 países diferentes.
Con este ambiente tan excepcional crea una obra que no deja respiro al espectador. Desde el
primer momento estamos pegados a la pantalla, siguiendo uno a uno los movimientos de la
cámara en mano, que poco a poco nos va descubriendo la verdadera personalidad de los
protagonistas hasta desembocar en un clímax final que no deja indiferente a nadie. Llena de
pequeños detalles y dejando espacios para la reflexión la historia se articula alrededor de dos
chicos que huyen de México y se dirigen a Nueva York. Ya en la gran ciudad, como emigrantes
ilegales, Juan roba y suplanta la personalidad de Pedro, mientras que éste intenta buscar a su
padre ayudado por una joven yonki. En un barrio donde rige la ley del “homo hominis lupus” la
violencia no deja lugar a la convivencia provocando un choque brutal cuando se produce el
reencuentro de los dos chicos.
También es digno de destacar la fotografía y las localizaciones, que por otro lado, son
completamente reales. Es decir, la casa de la yonki era realmente una casa okupa y el bar
donde se paga a las chicas para que bailen era en verdad un bar así.

Por último destacar la labor de los intérpretes, muy naturales en todo momento, sobre todo,
Diego, el padre (Jesús Ochoa), con un papel muy físico y desgarrador. Es una pena que se
haya quedado fuera de los premios, aunque Golem ya ha comprado los derechos para su
distribución por España, por lo que espero que mucha gente esté dispuesta a recibir la
bofetada que el director, Christopher Zalla, nos da con este desafiante thriller.
Jorge D. González Sáenz (oct'07)
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