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CRÓNICAS
por Jorge D. González Sáenz
RECLAIM YOUR BRAIN
Reclama tu cerebro. Con este título tan directo, usando el mismo lenguaje de las publicidades
agresivas, se presentaba a concurso la última muestra de talento del director alemán Hans
Weingartner. Un profundo análisis sobre el sistema de índices de audiencia y una respuesta
clara contra la manipulación a la que estamos siendo sometidos por las compañías de
televisión son las dos ideas fundamentales que se plantean en esta película tan necesaria.
Concienciar a la gente sobre este tema haciendo un film inteligente, que no para intelectuales,
pero lo suficientemente claro para que todo el mundo lo entienda, no es tarea fácil.
Parece que con el tiempo nos hemos acostumbrado a la ínfima calidad de los programas que
vemos por la televisión. Ya ni siquiera protestamos. Pero es más alarmante cuando
descubrimos que la mayor parte de páginas de Internet también tratan de los mismos
contenidos basura. Si no hacemos nada por evitar esto, terminaremos volviéndonos más
idiotas de lo que ya estamos. Por eso creo que es obligatoria la visión de esta película, para
abrir los ojos de la gente, aparte de que por otro lado resulta muy divertida, con toques de
humor ácido que aminoran el drama, provocando la sonrisa y concienciando al espectador a
cambiar este mundo. Porque también deja claro que los objetivos se deben conseguir en
grupo, nunca individualmente, tesis hoy en día revolucionaria, cuando sabemos que se premia
mucho más la singularidad que la pluralidad.

Daniel Cohn Bendit y sus propuestas revolucionarias del Mayo del 68 también están presentes
de alguna u otra manera en el film. “La revolución y nosotros que la quisimos tanto” se me
antoja como uno de los libros de cabecera de Hans Weingartner. Quizás los procedimientos
sean diferentes pero se mantiene esa misma filosofía de vida, filosofía que estamos perdiendo
un poco todos en pos de continuar con un capitalismo atroz. Su estilo, sencillo, con
movimientos de cámara rápidos y certeros, es el adecuado para acompañar a sus tesis
progresistas y nos ayuda a simpatizar con los personajes y hacernos partícipes de sus
problemas.
Como único “pero”, pienso que el comienzo es demasiado excesivo en su puesta en escena.
Aunque se intente reflejar la decadencia de Rainer de una manera clara para mostrar después
su posterior crisis y superación, no es justificable la excesiva violencia a la que se ve sometido,
ya que a veces cae en la parodia y en la risa no provocada. Sin embargo, el guión pega un giro
radical tras el accidente y el tono se vuelve más reflexivo y tranquilizador. Por otro lado, los
actores secundarios están muy bien elegidos y ayudan a mantener el ritmo de la historia hasta
el final, un final con epílogo esperanzador que golpea al espectador diciéndole: “Ahora te toca a
ti. ¿Qué puedes hacer tú?”.
Jorge D. González Sáenz (oct'07)
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