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CRÓNICAS
por Jorge D. González Sáenz
APUNTES SOBRE UN AMBIENTE DE CINE EN UNA CIUDAD DE CINE
Hay que reconocer que lo verdaderamente más interesante, pero también menos conocido de
un festival, es el ambiente que se genera alrededor, y mucho más en uno tan internacional
como es el de Donosti.
Comenzando por el éxito de público, es evidente que no viene solo. Las instalaciones y los
lugares de proyección son inmejorables, empezando por el Kursaal, donde se exhibían la
Sección Oficial y Zabaltegui. Era habitual que ver la sala grande, de 1800 espectadores de
aforo, habitualmente llena. Una gran pantalla y un sonido excepcional permitían disfrutar del
Cine con mayúsculas. El Teatro Victoria Eugenia, recién reinaugurado tras seis años de
rehabilitación, es su sede más antigua. Dotado con una nueva escalera de mármol blanco y
una nueva marquesina, el teatro mantiene ese regusto neoplateresco que siempre le ha
caracterizado. El Teatro Principal, los Cines Príncipe y los comerciales Antiguo Berri
complementan a los dos principales escenarios.

Pero lo que es indiscutible es la calidad de las películas, sobre todo las de Sección Oficial, en
las que había ocho o nueve de las quince merecedoras de un primer premio en cualquier otro
Festival. Los ciclos, completísimos, fueron otro de los puntos fuertes, destacando la presencia
de Philippe Garrel en rueda de prensa y las películas de cine mudo de Henry King, con pianista
incluido. Para quien no conocía demasiado el cine nórdico, con el ciclo de “Fiebre Helada”,
pudo disfrutar, a buen seguro, de grandes obras, como las películas de Kaurismaki, Lars Von
Trier o el desconocido cine islandés.
La organización es otro de los puntos más importantes de un Festival. El trato con nosotros fue
fabuloso. La disposición de casillero, Internet, acceso a los standings y a la cafetería e incluso
un club de prensa para charlar a gusto, además de poder vivir el ambiente de las ruedas de
prensa fue para mí lo mejor de la acreditación. Es curioso destacar cantidad de medios
desplazados a San Sebastián, y como la heterogeneidad de la programación daba para la
atracción de polos muy diversos, dentro del mundo del cine. Desde los cortometrajistas de las
Escuelas de Cine, pasando por distribuidoras cinematográficas a nivel mundial (conocí a una
chica que trabajaba para distribuir películas mexicanas por Norteamérica) hasta las
productoras que buscaban financiar un film y que se situaban en la Sección “Cine en
Construcción”. Era curioso ver como por ejemplo el equipo al completo de “Bolboreta,
mariposa, papillona” buscaba una mejor red de distribución de su película, tan sólo vista en
unos cines de Barcelona, vendiendo el film por cada sala de cada Festival por el que pasaban. 
Y por supuesto no hay que dejar pasar los cócteles y fiestas nocturnas, que todos los días
ponían el punto de glamour al festival. Bataplán, discoteca con zona de baile que miraba al
mar, La Kabutzia, un barco convertido en pista de baile y el viejo edificio de Tabacalera,
adecuado para la ocasión, eran los principales sitios de marcha en San Sebastián. El poder
conversar con directores, actores y críticos mientras disfrutabas de una buena copa nos
permitió, además de pasarlo bien, el poder aprender un poco más de cine.
Pero, sobre todo, fueron la fiesta de apertura y de clausura las que con más cariño recuerdo.
En la primera, celebrada en los salones del Hotel María Cristina, pude disfrutar de la compañía
de Emiliano Allende, director del maravilloso Festival de Cortos de Medina del Campo, Lola
Dueñas, el gran actor mexicano Pedro Armendáriz, Carlos Boyero (crítico de El Mundo), Tristán
Ulloa y hasta de Vigo Mortenssen, pudiendo sacarle una foto “in extremis”. Y no me quiero
olvidar de las jóvenes actrices Marta Larralde y Pilar Alonso (de la película “Dos Miradas”), así
como de Antonio Llorens (crítico y cineasta) y de Javier Espada (Director del Centro Luis
Buñuel en Calanda), dejando esta foto para la posteridad. 
El broche de oro del Festival lo puso sin duda la gran fiesta de despedida. Con el palacio de
Miramar como escenario principal y el mar y la bahía de la Concha de telón de fondo, pudimos
disfrutar de un rico pintxito de diseño mientras nos envolvía un marco inolvidable para el ocio y
el paseo. Gracia Querejeta, Paul Auster, Bahman Ghobadi, John Sayles y los protagonistas de
Honeydripper, Jesús Ochoa (actor de Padre Nuestro), Cayetana Guillén Cuervo y otros rostros
conocidos, además de políticos y famosos fueron los invitados más ilustres. El glamour del
ambiente, la comida y el champagne hicieron el resto. En esos momentos fue cuando la magia
del cine nos transportó a otro mundo, más hollywoodiense que real. San Sebastián no parecía
San Sebastián, sino otro lugar, transformado por el encanto fílmico y las estrellas de Cine.
Aquella, sin duda, sí que fue lo que se llama una fiesta, una fiesta del Cine.
Jorge D. González Sáenz (oct'07)
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