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CRÓNICAS
por Jorge D. González Sáenz
SECCIÓN MADE IN SPAIN
DOS MIRADAS, DE SERGIO CANDEL
Sorprendente película que con el mínimo número de elementos bien manejados crea una
bonita historia de amor entre dos muchachas en medio del desierto de Atacama. Mientras que
una duda de su homosexualidad e intenta la huida, la otra, más convencida y que conforma la
cara más amable y burlona, trata de retenerla a la vez que provocarla, lo que crea en la primera
un conflicto amoroso y de personalidad.

En un lugar donde la ausencia y el silencio es lo más común, el sonido adquiere una
importancia mayor, dando el ritmo y la fuerza necesarios para el acabado de la película. La
interpretación de las dos actrices es majestuosa, destacando la escena de la pelea durante la
puesta de sol, en la que ambas entran y salen del encuadre mientras que el efecto natural del
contraluz las convierte en meras sombras moviéndose por la pantalla, creando un resultado
poético de gran belleza. Es una pena que este tipo de producciones, con poco dinero y
escasos medios, no sean más habituales en el Cine Español de hoy en día. LA INFLUENCIA, DE PEDRO AGUILERA
Emparentada con propuestas como “La Soledad” de Jaime Rosales y “Nadie Sabe”, de
Hirokazu Kore-Eda, la ópera prima de Pedro Aguilera trata de las malas influencias que
recibimos de la sociedad y que nos provocan trastornos irreparables en nuestro equilibrio vital.
Así, el dinero, un puesto en el mundo laboral, la televisión y otras alienaciones son la causa de
la muerte intelectual y vital del individuo. En este sentido la protagonista, madre de dos hijos,
va quedándose progresivamente sin energía vital, dejándose perder su trabajo y los recursos
de supervivencia. Sin embargo, su actitud es pasiva, dejando que el tiempo acreciente los
problemas. El sufrimiento de la madre, llevado de forma muy interior, recuerda a las figuras
cristianas de las Vírgenes y contrasta con la alegría de vivir que tienen los niños. Es un
sufrimiento irracional, que lucha contra el mundo lógico y ordenado que nos están vendiendo
desde fuera.
Sin embargo, los niños representan el instinto intuitivo de supervivencia del ser humano. En
seguida toman decisiones, sean erróneas o no, sin pensar sus consecuencias. Uno de los
momentos culminantes es cuando después del accidente de tráfico, los dos, aún con sangre en
la boca, comienzan a reír sin parar.

La fotografía mantiene la tensión mediante planos estáticos y sostenidos, donde se valoran
conceptos muy cinematográficos, como el silencio, el fuera de campo y la inexpresividad de los
actores. Actores que por otro lado son naturales, no profesionales, acercando por estas y otras
razones la película a latitudes muy bressonianas.
Creo finalmente que esta es una película necesaria, que aborda de una manera particular los
grandes males de la sociedad contemporánea y del capitalismo atroz que estamos sufriendo.
Al finalizar la proyección, nos preguntamos, ¿Cómo se puede reaccionar ante las malas
influencias que coartan nuestra libertad?. Jorge D. González Sáenz (oct'07)
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