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SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
51ª EDICIÓN (2006)
CRÓNICA

Por Borja Sánchez Mayoral
PRESENTACIÓN Y PRIMERAS VALORACIONES
Antes de que la magia del proyector fluyera, ya había dudas entre algunos críticos y aficionados por el hecho de que la Sección Oficial contara con varios nombres poco conocidos. Ante el dilema de apostar mayoritariamente por nuevos talentos o tratar de asegurar una cosecha óptima a base de materiales contrastados se optó por la primera opción. El resultado ha sido una Sección Oficial “algo sosa” en palabras del director del Festival Juan Carlos Frugone, y decepcionante y poco brillante si la comparamos con la del año pasado -la de la flamante 50ª edición- en la que contamos con obras de Costa-Gavras, Ang Lee, los hermanos Dardenne, Michael Haneke y Lars Von Trier. Aún así, no comparto el tono tan negativo de algunos compañeros de prensa que, a mi juicio, han criticado duramente la selección de filmes en el bloque principal.
Debemos reconocer en cambio otros aciertos en la programación general, como por ejemplo la gran idea de abrir la Semana con una película de animación excelente como es ‘Azur Et Asmar’, o el buen criterio a la hora de escoger los documentales de Tiempo de Historia. En este sentido creo que hubiera sido más acertado haber desplazado a este bloque uno o dos de Sección Oficial (especialmente el de clausura ‘Once In A Lifetime’). En esta edición he seguido poco la sección Punto de Encuentro y por lo que he podido saber el nivel ha sido irregular. De los estrenos sólo he visto dos cintas que comentaré brevemente. La chilena ‘Padre Nuestro’ (Rodrigo Sepúlveda) retrata a una familia que se reencuentra ante la grave enfermedad del padre, un simpático vividor. Buenas vibraciones por momentos para un trabajo que acaba resultando excesivo. La iraní ‘Kargaran Mashghoule Karand’ (Mani Haghigi) fue para unos notable, para otros una tomadura de pelo o simplemente una curiosidad. Yo soy de esa última opinión a la hora de valorar esta historia ideada por Abbas Kiarostami y rodada en digital, en la que unos hombres de clase media-alta se obcecan en tirar una gran piedra ladera abajo en una carretera de montaña. Lo mejor de la película posiblemente sean determinados planos y algunos momentos de humor absurdo.

Deus E O Diabo Na Terra Do Sol
De todas formas los platos más apetitosos que se han podido degustar en esta sección llegaron en forma de proyecciones especiales. Por un lado, ‘Deus Eo Diabo Na Terra Do Sol’ (Glauber Rocha, 1964), una dolorosa y magnífica representación del Cinema Novo brasileño. En ella encontramos fanatismo religioso, ciertos aspectos políticos y sociales, una fotografía en blanco y negro exuberante, un realismo semi-documental, planos muy expresivos y violentos movimientos de cámara. Por el otro, ‘Robinson Crusoe’, fiel adaptación del clásico de Daniel Defoe llevada a cabo por Luis Buñuel en 1954. Esta producción americana de bajo presupuesto y aire de serie B es una de las películas menos conocidas del autor de ‘Viridiana’, aunque es recomendable. A pesar de que no vi ninguno de los tres largometrajes galardonados en la sección Tiempo de Historia (el Primer Premio ‘Las Alas De La Vida’ –España- de Antoni P. Canet y los Segundos ‘Goodbye, America’ –España- de Sergio Oksman y ‘Three Comrades’ -Holanda- de Masha Novikova), tuve la oportunidad de disfrutar de tres trabajos interesantes. ‘Bialet Massé’ viaja por Argentina con tres perspectivas: la del pasado -recuperando el testimonio del español Bialet Massé, un aventurero, jurista, e ingeniero, en definitiva un humanista con un profundo sentido ético-; la del presente, poniendo de manifiesto en diferentes localizaciones la vigencia del pensamiento de este precursor del derecho laboral argentino de escritura concisa; y unos insertos de ficción con notas “autobiográficas” del director Sergio Iglesias. Una especie de road-movie fresca, bien estructurada y de correcta técnica que ha recibido una cálida acogida en su país.
 The Real Dirt Of Farmer John
Uno de los personajes de esta Seminci fue John Peterson, el granjero estadounidense que protagoniza de ‘The Real Dirt Of Farmer John’ (Taggart Siegel). Una personalidad excéntrica que se aleja de los estereotipos rurales debido a su diversificación en labores agrícolas y proyectos artísticos, como las ‘performances’ en su comuna a finales de los sesenta y las obras de teatro en los ochenta. A través de entrevistas y mucho material perteneciente al archivo familiar en súper 8 y vídeo pudimos conocer a este hombre arrollador, que en la actualidad dirige una granja dedicada al cultivo de vegetales orgánicos, una continuación natural de su espíritu hippie. La coproducción franco-española ‘Le Planète Blanche’ (Thierry Ragobert y Thierry Piantanida) fue otro trabajo acertado, producto de un rodaje largo y laborioso. Un documental sobre el Ártico de excelente factura técnica en el que podemos observar buena parte de su riqueza natural (flora, fauna, geología). El abanico de recursos empleado da como resultado una obra con imágenes muy bellas (sorprendentes algunos planos submarinos) y una música adecuada. Al final nos conciencia brevemente de la necesidad de conservar este valiosísimo patrimonio natural. Entre los ciclos programados posiblemente el que despertó mayor interés para el cinéfilo fue el dedicado al gran cineasta indio Satyajit Ray que luego comentaremos con más detenimiento. Un recorrido amplio tuvo el ciclo Cine Entre Líneas, una selección de dieciocho largos y dos cortos realizado en honor al 150 aniversario del diario El Norte De Castilla, que muestra el papel que ha tenido el periodismo en el cine. Entre otras propuestas, aquí encontramos obras maestras -‘El Gran Reportaje’ (1931) de Lewis Milestone, ‘Ciudadano Kane’ (1941) de Orson Welles, ‘El Gran Carnaval’ (1951) de Billy Wilder, ‘Todos Los Hombres Del Presidente’ (1976) de Alan J. Pakula- y largometrajes poco conocidos -‘La Elección de Hanna B.’ (1982) de Károly Makk o ‘Ídolo’ (1984) de Feliks Falk-.

The Big Carnival
Otro ciclo fue el de ‘Videojuegos y Cine’, que exponía la relación existente entre ambas disciplinas con filmes como el excepcional ‘El Padrino’ (1972) de Francis Ford Coppola (llevado hace unos años al videojuego), ‘Tron’ (1982) de Steven Lisberger, ‘Corre, Lola, Corre’ (1998) de Tom Tywker y ‘eXistenZ’ (1999) de David Cronenberg. Estos dos últimos bloques contenían filmes atractivos, aunque por lo general bastante conocidos. En este sentido algunos cinéfilos hubieran preferido ciclos interesantes de obras de difícil acceso como los que se programaron en años anteriores: por ejemplo Docs In Europe, País Invitado, retrospectiva a un director como la llevada a cabo hace dos años al israelí Amos Gitai... Está claro que nunca llueve a gusto de todos y menos en cuestiones como la programación de un Festival de Cine.
La Semana se completó con Spanish Cinema, la retrospectiva completa al director vasco Pedro Olea, los trabajos de la ECAM y la Escuela de Cine de Buenos Aires, que trajo los cortos de sus alumnos y el enigmático largometraje ‘Moebius’ (1997).

SECCIÓN OFICIAL
 Azur Et Asmar
El pistoletazo de salida de esta 51ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid corrió a cargo ‘Azur Et Asmar’ de Michel Ocelot. El autor de las películas de Kirikú presentó fuera de concurso el que posiblemente fuera el mejor estreno del Festival, una película de argumento sencillo y maravillosa envoltura formal. En este moderno cuento de hadas ambientado en la Edad Media (primero en Francia y luego en el Magreb) la amistad, la convivencia y la tolerancia tejen una historia entretenida y apta para todos los públicos. Desde su arranque, con esa mujer amamantando a dos bebes, uno de piel oscura -su hijo- y otro de ojos claros, hasta el baile final asistimos a un detallista despliegue visual que recoge diversas influencias -el arte (impresionismo, africano, musulmán, bizantino), los videojuegos, las sombras chinescas...-. Las combinaciones cromáticas y los contrastes consiguen crear momentos de gran belleza en esta aventura bien desarrollada que cuenta con personajes divertidos. Otro aspecto a destacar es la cuidadosa composición del plano, con preferencia por la simetría.
Vampiros imaginarios sobrevuelan el Méjico urbano en ‘Más Que A Nada En El Mundo’ (Andrés León y Javier Solar), una cinta voluntariosa que a medida que avanza va perdiendo fuelle. A su favor algunos planos cuidados, las principales interpretaciones femeninas, el enfoque subjetivo que proporciona la niña y el retrato de una mujer que debe atender a varios frentes (el trabajo, su responsabilidad como madre y su vida sentimental). Stephen Frears muestra solvencia en la recreación de un acontecimiento que tuvo mucha repercusión en todo el mundo, la muerte de Lady Di. La galardonada en Venecia ‘The Queen’ (en Valladolid fuera de concurso) es un acercamiento respetuoso a la Familia Real Británica y a la figura de Tony Blair, un político que tuvo un papel fundamental durante esos días. El resultado es un trabajo equilibrado que retrata a varias personalidades en una situación difícil, en especial a la Reina de Inglaterra, magníficamente interpretada por Helen Mirren (Copa Volpi a la Mejor Actriz). Alternando imágenes de archivo y de ficción e insertando en algunos momentos toques de humor se construye una de las novedades destacadas de esta Seminci. Este buen estudio de personajes (lógicamente unos salen mejor parados que otros) de la poderosa maquinaria real y política de Gran Bretaña fue recibido con aplausos.

The Queen
El rock argentino pasa por un momento dulce y la certificación de ello es ‘¡Que Sea Rock!’ (Sebastián Schindel), el primero de los tres documentales fuera de concurso programados en la Sección Oficial. A través de artistas de diferentes estilos (folk-rock, punk, heavy, blues-rock, pop, hip-hop...) conocemos el panorama musical de Argentina, las inquietudes de sus músicos (éxito, fama, compromiso social, etc.) y su trabajo (actuaciones en directo, estudio de grabación, ensayos y carretera). Un producto bien elaborado y un testimonio completo de los distintos aspectos de este fenómeno social y cultural. Recomendado no sólo a los seguidores de Fito Paez, Andrés Calamaro, Bersuit, Babasónicos, Ataque 77 y compañía, sino a cualquier aficionado a la música popular. El seguimiento de una recaudadora de juteng, un juego de apuestas ilegal muy extendido entre la sociedad filipina -especialmente entre la gente pobre- da pie a ‘Kubrador’ (Jeffrey Jeturian), una cinta de la que esperábamos más. A la hora de rodar se opta por utilizar mucha cámara en mano (algo acertado para seguir a la protagonista en aquel laberinto de callejuelas), lo que proporciona gran realismo y un tono cercano al documental. El peso de la obra recae en un personaje estupendo como es el de la cobradora, bien interpretado por Gina Parreño. Muy avanzado el metraje la inserción de una subtrama que queda sin resolver y un desenlace descafeinado restan consistencia a un largo que causó división de opiniones.
 Zemestan
La iraní ‘Zemestan’ (Rafi Pitts) arranca con un hermoso plano en invierno y su objetivo se centra en dos personajes solitarios. Por un lado, una mujer que parece condenada a la soledad -su marido ha tenido que emigrar-, y un joven que trata de buscarse la vida, aunque no tiene la energía suficiente para el mundo laboral. A la hora de filmar se opta en demasiadas ocasiones por planos con bastante profundidad espacial, que en este caso subrayan la soledad de los protagonistas (vías del tren , desguace, calles...). Estamos ante una cinta que busca el realismo poético, en la que el tempo y la narración desvelan altibajos, creciendo por momentos y estancándose en otros, lo que puede producir algo de reiteración. A pesar de tener aspectos interesantes, entre ellos su buena fotografía (premio para Mohammad Davoodi), en mi opinión no reunía meritos suficientes como para recibir la Espiga de Plata. La cinematografía australiana no es muy conocida por lo que ‘Jindabyne’ de Ray Lawrence era a priori una opción a tener en cuenta. Un grupo de amigos se encuentra pescando en un Parque Nacional y encuentra el cadáver de una joven aborigen. Una actuación desafortunada por su parte –seguir con su actividad y avisar a las autoridades demasiado tarde- desencadena una reprobación casi generalizada en su comunidad. Esta situación tan delicada llega a afectar a la convivencia de la pareja protagonista, abriendo heridas que todavía no habían cicatrizado. Estructurada en dos partes, siendo preferible la segunda, en la que la tensión va ganado fuerza, el director de ‘Lantana’ indaga en la crisis y los dilemas morales de unos personajes bien interpretados, especialmente por Laura Linney (Premio a la Mejor Actriz) y Gabriel Byrne. Otros aspectos a tener en cuenta son su agradable fotografía y la banda sonora de Paul Kelly y Dan Luscombe, que obtuvo reconocimiento por parte del Jurado. Una película correcta que tampoco despertó entusiasmos.

Optimisti
El falso optimismo en los momentos desesperados es uno de los ejes que mueven la última película de Goran Paskaljevic, a mi juicio merecida ‘Espiga de Oro’ en un campo poco sembrado este año (también ganó el ‘Premio de la Juventud’). "El optimismo es la manía de sostener, cuando todo va mal, que todo va bien". Esta máxima del Cándido de Voltaire le ha servido de inspiración al director de ‘El Polvorín’ (1998) para construir ‘Optimisti’, duro retrato de una Serbia con residuos de una guerra cruenta. El filme se estructura en cinco historias independientes entre sí, pero relacionados en un plano digamos ideológico, en las que el pesimismo es el protagonista. Desde un hipnotizador que anima incansablemente a la gente, un mafiosillo que viola a la hija de un empleado de su fábrica, pasando por un joven ludópata que entabla amistad con una anciana muy afortunada en el juego, hasta el dueño de un matadero que teme sufrir un infarto por los disgustos que le da su desquiciado hijo matarife, o el charlatán estafador que conduce a los enfermos a un inexistente balneario con poderes curativos. Este es el mundo tosco que nos presenta Paskaljevic, el de unos personajes desorientados o con las ideas muy claras que quieren salir adelante en un escenario inseguro. Situaciones histriónicas, con humor negro, se dan la mano con momentos sórdidos (como el episodio de la violación, posiblemente el mejor de los cinco). Todo ello pone de manifiesto la tragedia que aun se vive en la antigua Yugoslavia. Una reflexión dolorosa que no esconde planos simbólicos, como el de los enfermos buscando el poder sanador en el lodo de una mina. Además del máximo galardón de la Seminci, se alzó con el Premio al Mejor Actor para Lazar Ristovski, un reconocimiento lógico puesto que su interpretación de cinco personajes diferentes –uno en cada relato- es digna de elogio. A pesar de que no todas las historias están al mismo nivel, la última obra del cineasta serbio es una muestra de realización habilidosa y narración fluida, donde se aprecia su claridad de ideas. Asimismo debemos decir que no alcanza la calidad de sus mejores largos.
Algo decepcionante en cambio resultó ‘Yureru’ (Miwa Nishikawa), filme que arranca con el reencuentro entre dos hermanos que llevan distintas formas de vida. El suceso trágico en el que se ven envueltos en un bello paraje natural les pondrá a prueba. Misterio, indecisiones y expectación en un producto con buena factura formal (en ese sentido se pone de manifiesto la influencia occidental de la directora nipona), pero desigual desarrollo, principalmente por una caracterización de personajes no demasiado convincente y un final flojo. Sin merecer una valoración negativa, ya que contiene cosas interesantes, esta obra enigmática deja una sensación fría.

An Inconvenient Truth, ver trailer =>
“La película más aterradora jamás vista” reza el cartel promocional de ‘An Incovenient Truth’ (Davis Guggenheim), una forma explícita de alertarnos sobre los peligros que trae consigo el cambio climático y el calentamiento global. Sobre estos temas gira este documental abrumador en datos. En una realización típicamente americana, Al Gore nos trata de sensibilizar sobre unas cuestiones de vital importancia para el bienestar futuro del planeta. El modo empleado es una larga conferencia multimedia (una entre las cientos que ha dado por todo el mundo en los últimos años), en la que se emplean herramientas didácticas como gráficas, estadísticas y materiales de archivo. Esta avalancha de información medioambiental nos da algo de respiro con insertos de la vida personal del político, como su derrota electoral con Bush, el grave accidente que sufrió su hijo o el fallecimiento de su hermana. Aunque por momentos adquiera tintes propagandísticos, me parece digno de elogio que un político con tantas tablas (recordemos que fue Vicepresidente de los Estados Unidos) luche por una causa tan noble. ‘Days Of Glory’ -coproducción entre Francia, Marruecos, Argelia y Bélgica- fue una de las proyecciones más destacadas de la Sección Oficial, llevándose el ‘Premio del Público’. Un sincero homenaje de Rachid Bouchareb a los soldados de las antiguas colonias francesas que lucharon en las filas del ejército galo en la Segunda Guerra Mundial. Un reconocimiento justo a unos hombres que no lo tuvieron fácil para integrarse por la discriminación que sufrieron (eran, por así decirlo, considerados “soldados de segunda”). La reflexión que aquí se plantea puede conectarse en cierta medida con algunos problemas de tolerancia y racismo del presente. Una cinta realista y comprometida, en la que el elemento bélico y las historias personales se equilibran. La narración está hilvanada, la ambientación es cuidada y las escenas de batalla en los distintos escenarios (Provenza, Los Vosgos...) están bien rodadas, con una utilización justa de la cámara en mano. El director de ‘Little Senegal’ opta por un enfoque contenido, que no pretende llamar demasiado la atención. A la hora del Palmarés a algunos nos sorprendió un poco que no obtuviera ningún galardón.
 Days Of Glory
El documental ‘Once In A Lifetime...’ (Paul Crowder y John Dower) fue el encargado de clausurar la Semana. Una película estimable, aunque desacertada para cerrar el Festival. La historia del club de fútbol neoyorquino Cosmos es narrada por la voz en off de Matt Dillon y contada por diversos personajes, muchos protagonistas: antiguos directivos, trabajadores y estrellas que jugaron en él como Beckenbauer o Carlos Alberto (en ese sentido resulta curioso que no intervenga Pelé). Un trabajo casi televisivo construido a base de un montaje dinámico, un abundante empleo del zoom y material de archivo. El hecho de que el director de la Warner en los años 70, Steve Ross, se hiciera con las riendas del club y lo insuflara de millones permite ver también la dimensión social de este equipo. Uno de los puntos fuertes es su banda sonora, en la que no falta el vibrante funk de la época.

SATYAJIT RAY
Satyajit Ray es el director indio más relevante de todos los tiempos. Su legado cinematográfico es amplio y su versatilidad hace que sea una figura de gran interés, que no es conocida lo suficiente en nuestras fronteras, en parte por la dificultad de ver muchas de sus obras. A pesar de que hubiese sido deseable una retrospectiva completa, el ciclo de siete películas que se le dedicó en la Seminci fue atractivo. Respecto a la selección, debemos decir que fue representativa, aunque en mi opinión mejorable, obviando el hecho de que su magistral Trilogía de Apu no fue incluida (por fortuna está editada en DVD). Personalmente hubiera sustituido Parash Pathar [La Piedra Filosofal (1957)] por Charulata (1964) o Kanchenjungha (1962), y el documental sobre Tagore por Teen Kanya [Tres Mujeres (1961)], una obra también conmemorativa del centenario del nacimiento del escritor que adapta tres de sus relatos.

Satyajit Ray
Este cineasta, periodista, compositor y novelista nació en 1921. Provenía de una acomodada estirpe relacionada con la cultura, y después de estudiar Economía ingresó en la escuela artística de Santiniketan, fundada por el Premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore, el cual mantenía buena relación con su familia. Poco después sintió la atracción del celuloide, practicó de manera autodidacta escribiendo guiones y, al tiempo que trabajaba como dibujante en una agencia publicitaria, fundó con varios amigos un cine-club pudiendo ver así películas fundamentales y conocer a personalidades como Jean Renoir, quien influiría en su forma de afrontar el séptimo arte. En 1950, un largo viaje de trabajo a Londres le sirvió para consolidar su cinefilia y decidir trasladar a la pantalla la novela de Bibhutibhusan Banerji Pather Panchali. Cinco años después construyó un filme de título homónimo que bebe del neorrealismo italiano, un primer pilar que al poco tiempo se reforzó con Aparajito [El Invencible (1956)] y Apur Sansar [El Mundo De Apu (1959)], continuaciones de su debut. Con el tiempo esta trilogía se ha convertido en la principal carta de presentación de uno de los grandes cineastas de la historia. Su producción posterior es amplia y en ella encontramos obras estupendas, especialmente en la década de los sesenta. Ray ejerció un papel renovador en la cinematografía india, demasiado acostumbrada a estandarizados largometrajes de escasa profundidad en los que encontrábamos números musicales. A pesar de que en los años cincuenta se experimentaban cambios en esas latitudes, como la aparición de la “neorrealista” ‘Dos Hectáreas de Tierra’ (1953) de Bimal Roy, o los primeros pasos de dos maestros del Bollywood como Raj Kapoor y Guru Dutt, Pather Panchali [La Canción Del Camino] supuso un fuerte viraje artístico gracias, entre otras cosas, a su lirismo.
 Jalsaghar
El ciclo programado en esta Seminci arranca cronológicamente con Parash Pathar [La Piedra Filosofal (1957)], un trabajo claramente inferior a otros del realizador en el que se adopta el tono de comedia para contar la historia de un empleado de banca que consigue una piedra capaz de convertir cualquier metal en oro. La partitura, al igual que en el célebre tríptico anteriormente mencionado, corre a cargo de Ravi Shankar. Jalsaghar [El Salón De Música (1958)] es una de sus mejores obras. La decadencia económica de un distinguido terrateniente sirve a Ray para tratar uno de sus temas favoritos, el reemplazo de viejos valores por otros nuevos, el paso de la tradición (representada por su nostálgico protagonista) a la modernidad (simbolizado por su vecino, un nuevo rico de escasa educación). Un maravilloso retrato cargado de humanismo y melancolía, que tiene una estructura narrativa con flashbacks y una elegante puesta en escena, en la que la cámara fluye de manera admirable. También debemos tener en cuenta la inspirada banda sonora de Vilayat Khan que mezcla diversas influencias.
El documental Rabindranath Tagore (1961) no figura entre su producción más destacada. Narrado con voz en off por el propio Ray, estamos ante un recorrido entusiasta de la vida del escritor, en el que aparte de su obra se nos muestra su punto de vista político. Más interesante resultó la extensa Abhijaan [La Expedición, 1962], el relato de un intrépido taxista que empieza a trabajar en una red ilegal de distribución de opio. De este filme bien desarrollado destacaría su fotografía en blanco y negro, la construcción de algunos planos y el personaje de la maestra que escoge su destino. En la entretenida Nayak [El Héroe (1966)] se lleva a cabo una reflexión no exenta de crítica sobre el mundo del cine, teniendo como eje las conversaciones que entablan en un tren una perspicaz periodista (un modelo de mujer independiente, un tema que le gustaba a Ray) y una estrella de musicales bengalíes. Sadgati [La Entrega, 1981] es un encargo televisivo en el que se evidencia el injusto trato (de consecuencias trágicas) que le proporciona el jefe religioso de un pueblo a un pobre campesino. Una dura y pesimista historia de castas, de bajo presupuesto, pero de resultado solvente.
 Agantuk
Finalmente tenemos Agantuk [El Extraño (1991)], una excelente despedida filmada en color, en la que, a través de un personaje misterioso que ha pasado muchos años fuera de la India y que ahora se dirige a casa de su sobrina, el director cavila sobre la condición humana. La caracterización de este “extraño” tiene conexiones con el propio Ray, por lo que puede ser considerado una especie de autorretrato. Poco después de que se estrenara y de que le concedieran un Oscar Honorífico por su carrera profesional, fallecía el cineasta que mejor ha sabido representar la riqueza y complejidad de un país tan fascinante como la India.

BORJA SÁNCHEZ MAYORAL Noviembre 2006
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