SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
           52ª EDICIÓN (2007)

del 26 de octubre al 3 de noviembre

seminci

Jorge D. González (nov'07)

14 KILÓMETROS.

El domingo, después de los fastos de la Fiesta de Clausura, me acerqué a ver la segunda película de Gerardo Olivares, ganadora de la 52ª Espiga de Oro de la SEMINCI. Más por vergüenza cinéfila, que por otra cosa. Antes del análisis es necesario comentar varios temas.

En primer lugar, esta película es un caso atípico. Atípica por varias razones:

- Primero. Es una película española. Una producción de nuestro país en este festival nunca ha gozado, ni del beneplácito del público ni de la crítica. También es verdad que el nivel de los últimos trabajos españoles presentados en años anteriores ha sido más bien bajo.

- Segundo. Nadie se esperaba que se alzara con el máximo galardón. Hecho constatado es que algunos de mis compañeros periodistas la dejaron pasar. Hay que reconocer que yo me encuentro entre ellos, aunque siempre sabía que disponía de la segunda oportunidad de la sesión de Fuente Dorada del domingo.

- Tercero. No sólo le dieron uno, sino tres. En principio esto podría ser motivo de alegría, pero visto con más perspectiva y observando todo el palmarés nos damos cuenta de lo siguiente:
Tres películas se llevan casi todos los premios, lo que generalmente no suele pasar en un festival de estas características. Sólo suele ocurrir cuando el nivel de las ganadoras está muy por encima de las demás o no hay nada más que premiar. Dejo la pregunta en el aire, y como diría Lou Jacobi en “Irma, la dulce”: Esa es otra historia.

Con todo y con ello me atreví a verla. Sentía curiosidad por ver lo que habían premiado. Las palabras con las que el director hacía promoción del film eran las siguientes:

“14 KM: Es la distancia que separa el continente africano de Europa por el Estrecho de Gibraltar. En las noticias sólo nos enseñan el final del viaje, un viaje que comienza a miles de km de nuestras costas y que puede durar años. Para cualquiera de nosotros, intentar llevarlo a cabo sería una auténtica pesadilla.”
Preparándome para ese viaje iniciático me aposenté cómodamente. Lo primero que se aprecia en la presentación de personajes es la presencia de la fotografía. Una fotografía que te deslumbra, con los colores tan vivos que resaltan de las vestimentas y la luz amarillenta tan potente que se respira en la ribera del río (claro, que todo esto casi nos lo tuvimos que imaginar, porque o la copia o el proyector no estaban en las mejores condiciones. Pero esa también es otra historia).

Los personajes, estereotípicos, están a punto de realizar el éxodo a las costas europeas. En medio del viaje la música de Santi Vega con canciones de Youssou N´Dour y otros cantantes y compositores africanos nos embelesa. Sin embargo, en la pantalla vemos una cosa bien distinta: el sufrimiento que estas gentes están soportando con el objetivo de alcanzar el lugar soñado que mejore sus condiciones de vida.

Termina la película y me voy con una rara sensación. Por un lado, no se puede negar que la fotografía, la música son excelentes. La historia y el desarrollo narrativo no están nada mal.
Empiezo a pensar en otro tipo de películas que se le parezcan y me salen varios títulos de directores africanos, sobre todo, Idrissa Ouedraogo y Ousmane Sembene.
Si analizamos, por ejemplo, “Yaaba” de Ouedraogo comprobamos que la fotografía es increíble pero no destaca sobre la película. La sensación de luminosidad de África se nos da muy claramente pero la historia está siempre por encima, y el paisaje tiene la suficiente fuerza como para no tener que añadirle filtros ni embellecerlo.
Lo mismo pasa con “Mooladé” de Sembene. Los colores de los trajes y la arquitectura tribal son el escenario perfecto para el desarrollo de la historia, pero la expresión de los rostros de los actores están en un plano por delante. Por otro lado, la banda sonora son los propios cánticos naturales de las mujeres de la tribu.

Esto no pasa en la película de Gerardo Olivares. La música y la fotografía le dan un tono edulcorado que te sacan de la película. Normalmente en cine, la suma de dos componentes buenos no da uno mejor, sino que tienden a superponerse uno sobre el otro terminando por anularse. Según Claude Chabrol, “la función de la música consiste en recordar al espectador que lo que ve sólo es una parte de la realidad que se le presenta.”

Como un film debe ser musical en sí mismo, no es suficiente una música que se limite a subrayar el ritmo de la película. Aquí se cae en este error. Bette Davis siempre decía que subiría las escaleras corriendo con la condición de que Max Steiner no las subiera al mismo tiempo. En “14 Km” Santi Vega sube las escaleras a la vez que Gerardo Olivares. Lo más seguro que pueda pasar es que se caigan los dos.

En el aspecto positivo sí me gustaría destacar el tono documental de la historia, la interpretación natural de los actores y el desarrollo evolutivo de los personajes, con los cuales vamos conociendo de la mano de ambos las terribles realidades que tienen que superar. A pesar de todo, me ha parecido una buena película, muy interesante para conocer la parte de realidad que nos ocultan los telediarios y superior a casi todo lo que hemos visto esta SEMINCI, pero he estado obligado a destacar este aspecto negativo que muchas veces pasa desapercibido por un espectador no muy formado y por la crítica en general. En resumen, lo mejor que pueden hacer es verla y, luego, compartiremos opiniones.

Jorge D. González (nov'07)

seminci

balance
    conclusiones
        belleza oriental
           Seminci, enferma terminal
              palmarés

Matías Bize, lo bueno de filmar, lo bueno de escribir

          previo
                edición dedicada a Igmar Bergman
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