SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID 52ª EDICIÓN (2007)
del 26 de octubre al 3 de noviembre
Jorge D. González Sáenz
LA SEMINCI TENÍA UN PRECIO.
No, no es una metáfora, es un hecho. Con este irónico titular, sacado de una película de
spaghetti western que todos conocemos, se resume perfectamente la maldita trayectoria que
ha seguido este Festival en las últimas ediciones, así como el punto exacto en el que se
encuentra a día de hoy. Una vez más, reivindicamos los maravillosos ciclos con los que hace
unos años se nos descubrían aquellas cinematografías extranjeras, los cuales ya parecen
haber desaparecido, sin dejar ni rastro. Ken Loach, Wong Kar Wai, Andrej Wajda, Atom
Egoyan, los hermanos Dardenne, Wim Wenders, Fassbinder, Yilmaz Güney, etc. Nombres
demasiado conocidos que una vez fueron desconocidos y precisamente aquí, en medio de la
Castilla más religiosa y conservadora, por primera vez descubrimos.
Dónde quedaron las charlas hasta las tantas de la madrugada en el Olid Meliá con Nikita
Mijalkov, aquellas conversaciones de la época de la Transición, en las que más de una vez
había que calmar los ánimos sobresaltados de uno y otro bando. En Valladolid se respiraba
cine, un cine verdadero y de calidad. Los más veteranos todavía se acuerdan y cuentan sus
experiencias emocionados. Ahora somos nosotros, los más jóvenes, los que tenemos que alzar
la voz en medio de tanto despropósito.
Los ciclos en DVD, defendidos hasta la médula por Frugone como ejemplo de adaptación a los
nuevos medios digitales son inadmisibles.
La calidad de un dvd casero no es igual a la del 35
mm, porque las digitalizaciones del celuloide no tienen la calidad suficiente para proyectarse en
un cine. Si la tuvieran, sería discutible, pero las que hemos visto nosotros desde luego no la
tienen. Estamos de acuerdo que si la película está hecha en cámara digital, debería
proyectarse digitalmente, pero no si hablamos de clásicos de Pasolini o de Sergio Leone. Es
curioso que para la Sección Oficial se defienda el criterio contrario, al estar todas en 35mm, ¿Por qué, señor Frugone?
Este no es el único problema. La adaptación a formatos televisivos hace que, por ejemplo, en
el caso de “Los Cuentos de Canterbury” la pantalla 4:3 vaya recuadrando la vista del formato
cinematográfico original, lo que provoca movimientos de cámara irreales (cuando Pasolini rara
vez movía la cámara). Ya no hablo del doblaje. Clásicos como “Vencedores o vencidos” o “La
muerte tenía un precio” no pueden proyectarse nunca doblados (en el caso de la de S. Leone
en una copia mal grabada de la televisión, iniciándose la película con el rótulo de “José Frade
presenta…”) en un Festival de la categoría de la SEMINCI. No sé de quién es descuido, pero lo
que sí se deja ver es la falta de rigor que existe.
Cada año vamos perdiendo más importancia en los medios, la afluencia de críticos es menor
(buena parte de los films a concurso provienen de las Secciones Oficiales de Cannes y
Venecia, por lo que ya las han visto), el público se mantiene a duras penas (en muchas de las
salas el descenso es cada vez mayor, según los propios exhibidores). Público, que por otro
lado, parece que antes tenía más criterio que ahora (hace años nunca hubiera salido ganadora
una película como “Nevando Voy”), aunque no se le puede echar toda la culpa, ya que
tampoco dispone de mucho en donde elegir.
Con todo y con esto, debemos apuntar al verdadero responsable, al que toma las decisiones
importantes y financia todo este despropósito. ¿Qué ha hecho usted con la SEMINCI? ¿En qué
la ha convertido? ¿Por qué no se deja aconsejar por la gente que sabe? Me gustaría, señor De
La Riva, que escuchara a la gente que verdaderamente ama al cine en esta ciudad: críticos,
aficionados de toda la vida, exhibidores, actores y directores, instituciones, etc, para que le den
su opinión y le expliquen la línea que debe retomar el Festival. Aunque me temo que todo este
discurso se pueda quedar perdido entre los rincones insondables del inmenso diván de
Internet, no pierdo la esperanza.
Como colofón, desearía acabar con un gesto amable, después de tan amarga pero necesaria
disertación. Me interesaría destacar, sobre todo mi nueva labor de reportero, haciendo multitud
de entrevistas a un número considerable de personalidades, entre los que se pueden citar a
directores, actores, productores y demás gente de cine. Y por supuesto, me gustaría agradecer
a todo el equipo de profesionales que componen la organización de la SEMINCI y a toda la
gente que he conocido y me ha acompañado estos días (sería inútil nombrarlos a todos, ya que
la lista es extensísima), haciéndome crecer un poco más como profesional y como persona.
Muchas gracias a todos y nunca os olvidaré. ¡Hasta la próxima SEMINCI, que ya van quedando
pocas!.