Guadalupe Plata + His Majesty The King
Sala Porta Caeli (Valladolid). Viernes 17 de junio de 2011.

No lo he comprobado, pero estoy seguro de que la Sala Porta Caeli aún huele a pantano y a desierto, quizás dos términos que pueden parecer antagónicos, pero que son las palabras que mejor encajan en las huellas que dejaron los ubetenses Guadalupe Plata el pasado 17 de junio a su paso por Valladolid.
La velada, que comenzó tarde debido a que la Guardia Civil decidió revisar con minuciosidad el vehículo del grupo, no sea que tuvieran alguna avería, comenzó con los madrileños His Majesty The King, un binomio chico-chica que, a tenor de lo observado y tras conversar con varios asistentes, eran desconocidos para la mayoría del público, si bien dejaron gratas sensaciones, sirviendo de complemento perfecto para abrir la velada. A nivel estilístico, se encuentran alejados del blues-rock sucio de Guadalupe Plata, encorsetándose en un rock minimalista y ruidoso que recordaba por momentos a bandas como The Breeders. Valiéndose de guitarras llenas de fuzz y graves, una batería dinámica y técnicamente muy bien ejecutada y una voz femenina suave (y en ocasiones rabiosa), el grupo presentó su segundo trabajo “Long Story Short”, grabado bajo los mandos del cada vez más reputado productor Kaki Arkarazo, un disco que contiene temas de sugerente título como “Si no me vas a follar por lo menos no me jodas”, además de píldoras como “Beat Around The Bush”, que puede recordar incluso a la Pj Harvey más rockera. En resumen, un buen concierto de una banda que, a partir de ahora, más de uno tendremos en cuenta.
A continuación, y llamando la atención de los presentes de primeras con ese extraño artilugio que Paco Ríos ubica en el escenario a modo de bajo (formado por un palo y un barreño invertido), Guadalupe Plata salía al ruedo vallisoletano a presentar su último y homónimo trabajo (al igual que su primer EP). Tras un inicio instrumental con una “Rai” que alargaron en una maraña de slide y acoples, el trío (que completan Pedro de Dios a la guitarra y voz y Carlos Jimena a la batería), ofreció uno de los conciertos más intensos que recuerdo en Valladolid en los últimos tiempos. Cortes como “Serpiente Negra”, '500 mujeres' (y 500 porros, por supuesto), la cruel “Gatito” o “Pollo Frito” caían uno tras otro, provocando evocaciones a los bluesman más sucios, como si a Robert Johnson o Screamin' Jay Hawkins les hubieran lanzado un cubo lleno de suciedad por encima, como una especie de hijos bastardos de John Lee Hooker. Con una guitarra cincuentera que sonaba descarnada, áspera y profunda, una percusión que se valía tanto de baquetas como de maracas y que golpeaba el set como si el día del juicio final estuviera cerca, y un denso sonido de bajo (que transitó del barreño a un bajo estándar tras los temas iniciales), la gente movía la cabeza y los pies como locos a ritmo de piezas como “Lorena”, “Cementerio”, “Estoy roto” (así quedamos muchos al terminar el concierto), o “Baby”, que desató el climax colectivo a base de golpes, acoples, y gritos descorazonados.

Cuando una banda, que ya ha actuado en emplazamientos tan míticos como el Primavera Sound, Blues Cazorla o Monkey Week, es capaz de llamar la atención de tantos seguidores de estilos musicales distintos normalmente es que: a) son un “hype”; o b) tienen algo especial. Todos los que estuvimos allí pudimos comprobar que se trata, sin duda, de lo segundo.

Creo que a muchos, entre la predominancia que tienen géneros como el indie o el pop en los últimos tiempos (géneros que adoro, por otra parte), nos hacía falta una dosis de blues sucio, de rock pantanoso sin más melodía que la creada por el propio ambiente. Escuchándolos, me hubiese tomado allí mismo un whisky, (si soportara aún esta bebida), y me hubiese fumado un cigarro, si no fuera porque está prohibido y hace años que dejé el tabaco. Y si cuando llegas a casa compruebas que el vinilo (de excelente diseño, por otra parte) que acabas de adquirir trae dos copias en su interior, miel sobre hojuelas.

Un concierto de esos que se recuerdan, enhorabuena a los chicos de Notedetengas, que con este concierto clausuraban una temporada de conciertos que ha traído excelentes nombres del panorama alternativo a la capital castellana.

Álvaro R. Osuna.