Iván Ferreiro

21 de Octubre de 2011.
Valladolid Vive la Música. Cúpula del Milenio

Iván Ferreiro, otrora líder de los añorados Piratas, ha alcanzado la cuarentena y, para celebrar tan magno evento, ha efectuado una mirada retrospectiva a una carrera de más de dos décadas, adaptando temas de todas sus fases (Piratas incluida). “Confesiones de un artista de mierda” supone, por tanto, una mirada en el espejo, pero desde un plano diferente: analiza y revisita su pasado desde el filtro de lo que es hoy en día, con un formato con mayor presencia de vientos y teclados. Pero, a estas alturas de la película, Iván no engaña a nadie: es justo lo que ves, su propuesta está definida, hace tiempo que dejó marcado su sello y dudo que en un futuro próximo nos ofrezca un giro copernicano.

Para la presentación de su nuevo trabajo el vigués eligió Valladolid. En concreto, la Cúpula del Milenio fue el escenario donde, el pasado 21 de octubre, se desarrolló la citada presentación, una ubicación ciertamente bonita y que, a pesar de ciertas carencias, proyecta un sonido mejor del que cabría esperarse en una construcción de estas características. Por tanto, el sonido fue más que decente y los “fieles” pudieron disfrutar de un concierto que ofreció justo lo que la gente venía a buscar, con un ajuste más que acertado entre oferta y demanda.

Los arreglos que contiene el disco, con colaboraciones de lujo como la de Xoel López, Rubén Pozo o Santi Balmes, se simplificaron para el concierto en la capital del Pisuerga, poniendo en liza una formación que contó con las guitarras de su inseparable hermano Amaro y de un secundario de lujo como Pablo Novoa, además de un bajista (en el disco este instrumento es tocado por Ricky Falkner), y la batería de Gael Pintos, quedando el propio Iván encargado de tocar los teclados en muchos de los temas. A raíz de esta configuración, el concierto discurrió sónicamente más por los derroteros de la gira de “Picnic Extraterrestre” que por los sutiles arreglos que contiene su nuevo trabajo.

El show se abrió, con apenas unos 15 minutos de retraso, con “Toda la verdad” y “ Farenheit 451” , temas pertenecientes a sus últimos trabajos de su carrera en solitario. La acogida que recibieron, en contraposición a himnos como “Ciudadano A” o “Promesas”, nos dejó vislumbrar, aún en la primera parte del concierto, que el heterogéneo público presente se iba a mostrar especialmente excitado con las piezas de la época Piratas y con las canciones de su primer disco en solitario, “Canciones para el tiempo y la distancia”. Y, a tenor de lo visto y sin que los temas de sus últimos discos fueran recibidos con frialdad, así sucedió.

Alternando el piano con sus ya clásicas poses y paseos por el escenario, Iván y su banda transitaron victoriosos por la gran mayoría de las fases de la carrera del músico vigués, abarcando la totalidad de sus trabajos discográficos en solitario y un buen puñado de clásicos de Piratas, con canciones como “Santa Adrenalina”, “Tristeza”, la nueva “Mi Munchausen ”, “NYC” o “Rocco Sigfredi ”

El concierto conjugó momentos de verdadera intensidad, de canciones coreadas a pleno pulmón, como con “Años 80” (un tema que no suele tocar en directo), “El Viaje de Chihiro ” o “ Turnedo ”, con episodios de bella calma, como “M”, una de esas canciones que generan una comunión casi mística entre el artista y un público que coreó todos y cada uno de sus versos.

Cabe señalar la extraordinaria forma vocal en la que se encuentra Iván en estos momentos, habiéndose rodeado de una banda solvente, intensa, que deriva los momentos de protagonismo a aquellas facetas que son necesarias en cada momento. La interacción con el público fue más bien escasa (a destacar las referencias al proceso de paz en el País Vasco), dejando que las canciones y la puesta en escena hablasen por sí solas.

La parte final del concierto, con “ Paraisos Perdidos”, una “SPNB” plasmada en una desnuda interpretación de Iván al piano (acompañado únicamente por su hermano Amaro a la guitarra) articuló una puesta en escena más sosegada y tranquila, para proyectar un crescendo final con piezas como “Me toca tirar”, “Días azules” o “El equilibrio es imposible”, desembocando en el clásico “Mi coco”, una de las canciones que mayores ovaciones suscitaron entre el respetable, cerrando así una actuación que rozó la hora y tres cuartos de duración.

En conclusión, un muy buen concierto de un artista que forma ya parte de la historia del pop alternativo de este país. ¿Reinvención, revisión o falta de ideas? Ahí no entro. Lo cierto es que Iván dejó satisfechos a unos y otros, con un repaso de su carrera que ha sabido enfatizar sus virtudes y dejar a un lado aquellos aspectos que no han sido tan bien asimilados.


texto: Álvaro R. Osuna
fotos: David Izquierdo

   

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