Sôber
10/06/2011, Patio Herreriano, Valladolid

Sôber ha vuelto. Y volvían también a visitar Valladolid, tras muchos años y después de muchas experiencias, otros proyectos, y alguna que otra ausencia que siempre recordaremos. También lo hacían con nuevo disco, Superbia, un trabajo continuista repleto de buenas melodías que a tenor de lo que pudimos ver ya forma parte del repertorio de la banda como si siempre lo hubiera hecho.

Hubo cambio de fecha y lugar para el concierto, que finalmente se celebró en el Patio Herreriano el pasado día 10 de junio. Se adecuó el suelo para el evento, y el escenario lucía esperando a que cayera la luz para que las luces jugaran su papel, unas luces que para no desentonar con el concepto y la estética de la banda los dejaron casi siempre en tinieblas para sufrimiento de los que hacemos fotos. La entrada no fue excesivamente pobre, pero era muy mejorable (casi habríamos cabido en una sala).

Salieron explosivos, sin parar de moverse, sabiéndose las estrellas de rock que son, y contagiando de su energía y sus watios al público, aunque aun así resultaron algo fríos e inaccesibles desde ese privilegiado lugar que ya ocupan en la historia reciente de la música de nuestro país en la pasada década.

Fueron tocando una tras otra canciones de todas sus épocas. No faltaron las de siempre, ni tampoco otras como La prisión del placer, Cubos, o Eternidad, aunque su discografía haya crecido. También hubo lugar para alguna improvisación, para que un Antonio Bernardini mucho más delgado de lo que recordábamos sorprendiera bajando del escenario a interpretar un solo, o para que sonaran partes en acústico, como en Náufrago. Y por supuesto no faltaron los efectos a los que nos tienen acostumbrados, especialmente en la metalizada voz de Carlos Escobedo.

La gente disfrutó sin parar, y llegando a las dos horas de actuación, anunciaban el final tocando Arrepentido, Tic-tac, y Loco, y cerrando la noche con Sombras, el que fuera tema de adelanto en su anunciado regreso y que les sirvió para presentar a la banda y despedirse.

Buen concierto, buen sonido, y por lo que se pudo ver, a los madrileños se les ha guardado su lugar como si no se hubieran ido nunca.

crónica y fotos
por David Izquierdo

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