Elliott Murphy & The Normandy All Stars

Viernes 5 de Octubre de 2012

Teatro Cervantes (Valladolid)

Hay artistas a los que el paso del tiempo les afecta de una manera “burguesa”: se acomodan, dosifican y espacian sus entregas discográficas, sus giras son cada vez más cortas y pivotan en torno a sus grandes clásicos etc. Sin embargo, el caso de Elliott Murphy es radicalmente opuesto. El norteamericano, residente en Francia desde hace más de veinte años, es un adicto a la carretera, y fruto de esta adicción que le lleva a recorrer continuamente diferentes ciudades del viejo continente y allende los mares, se presentó en Valladolid para inaugurar el ciclo de conciertos que RT Producciones ha programado en el Teatro Cervantes.

En un auditorio que registró una muy buena entrada, Elliott Murphy y sus estrellas de Normandía (entre las que brilló con especial intensidad un superlativo Olivier Durand) nos impartieron una lección magistral de rock americano acústico de raíces, constatándose que su exilio voluntario en la Ciudad de la Luz no ha erosionado el bagaje que deriva de su origen. El concierto se abrió con “Angeline”, una canción reciente que dejó paso a “Hanging’ out”, corte incluido en su primer álbum, publicado hace casi 40 años, lo que da cuenta de la amplia perspectiva del repertorio. “The best kiss” se enraizó en sonoridades muy cercanas al country, mientras que en “Pneumonia alley” salieron a relucir esas cadencias tan propias de los songwriters americanos, y se prolongaron en temas como “Take that devil out of me” y “You don’t need to be more than yourself”. En esta última pudimos disfrutar de uno de los mejores solos de la noche por parte de Olivier Durand, quien se ha convertido en una parte inseparable de Elliott desde hace años. El guitarrista francés demostró tener un dominio absoluto de la guitarra, además de una magnífica habilidad para hacer coros. La vitalista “Rain, Rain, Rain” generó la primera interacción con el público, que terminó coreando el pegadizo estribillo y levantándose por primera vez de sus butacas. Elliott se mostró cercano y locuaz por momentos, bromeando con su escaso conocimiento del castellano (a pesar de sus numerosísimas visitas a nuestro país), y se percibía que la banda estaba disfrutando sobre el escenario.

La oscura “Take your love away”, con su duelo de guitarras inicial, nos retrató ese “loser” tan familiar en las letras de Murphy, mostrando además las virtudes de los dos restantes normandos: Laurent Pardo al bajo y Alan Fratas a la batería. Tras un pasaje de alta intensidad, la bonita “You never know what you are in for” nos devolvió brevemente la calma, ya que “Last of the rock stars” y “Rock'n Roll 'n Rock'n Roll” trajeron de vuelta la fiesta y las palmas, poniendo a todo el auditorio de pie, con parte del público bailando y coreando a modo de repetición las frases de Elliot. En “Murphyland” nos dibujó su particular mundo, mientras que “Everything I Do (Leads Me Back To You)” dejó entrever su lado más romántico y sensible.

Para la parte final del concierto se guardaron canciones como “Change will come” y la extensa “Diamonds by the yard”, donde Elliott presentó a la banda a través de unos desarrollos instrumentales en los cuales dieron rienda suelta al alto nivel que atesoran. El bis (casi ni les dio tiempo a entrar al backstage ante la insistencia del público, que aplaudía de pie sin parar) se saldó con sendas versiones de “Heores” de David Bowie y “Rockin' In The Free World” de Neil Young, esta última totalmente desenchufados, contando con la ayuda del público para el archiconocido estribillo. Cuando parecía que el punto y final había llegado, acometieron “Green river”, también en formato totalmente acústico, poniendo así el broche de oro a una actuación de dos horas de duración.

Tras esta demostración de actitud y saber estar, el trovador de Long Island, amigo y coetáneo de mitos como Bruce Springsteen o Tom Waits, escritor, periodista y reciente receptor de la prestigiosa Medalla Vermeil de la Villa de París, se sentó en las escaleras del teatro a firmar discos y hablar con los fans. Y, tras la caída del telón, no fuimos pocos los que nos marchamos con la sensación de haber asistido a una lección privilegiada de folk-rock americano impartida por un catedrático de primer nivel.

Texto y fotos: Álvaro R. Osuna

 

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