HAMLET
VIERNES 10 DE FEBRERO DE 2012. PORTA CAELI. VALLADOLID
Confieso que no soy un fan acérrimo de Hamlet. Ya está, ya lo he dicho. Vale, hubo una época en la que escuchaba Insomnio a todas horas y desde entonces he seguido con cierto interés todo lo que han publicado, pero hace tiempo que no me enganchan. Ahora bien, antes de que los más auténticos me crucifiquen, admito que tienen una discografía casi intachable y que siempre han sabido adaptarse a los nuevos tiempos… todo sea dicho, con una buena dosis de oportunismo tanto en la música como en el contenido de las letras y hasta en la imagen de la propia banda. Pero esta noche en la sala no había escépticos, sino doscientos fans acérrimos y una banda con millones de kilómetros a las espaldas.
Suenan las notas de “Origen”, la introducción del nuevo disco, y la banda sube al escenario con “La fuerza del momento”, como era previsible. De hecho, los temas de Amnesia componen el grueso del repertorio en este tramo del concierto: “Mi soledad”, “Entre la niebla”, “Deja vu”… Son buenos temas, algunos tienen mucho gancho y funcionan bien en directo, pero da la impresión de que muchos de sus seguidores todavía no han tenido tiempo para asimilarlos. Es inevitable que en este punto “Limítate” o “Vivo en él”, que han superado la prueba del tiempo, obtengan una respuesta más intensa. A pesar de todo, es admirable la confianza que demuestra la banda en estas nuevas composiciones.
Molly sale a escena con el piloto automático. Sus movimientos tienen algo de coreografía y repite con embarazosa insistencia la palabra “Pucela”, una maniobra infalible que apasiona al fenómeno fan, que reacciona con entusiasmo ante los balbuceos del cantante. Más adelante despierta y coge carrerilla, pero aún no se ha metido en el concierto. Alberto Marín en cambio se comporta como una auténtica bestia de escenario desde el minuto uno y defiende cada uno de los temas como si fueran clásicos. Y es que Hamlet tienen unos cuantos.
El segundo tramo del concierto es incontestable. “Serenarme” marca el punto de inflexión y con “Denuncio a Dios” la sala se pone patas arriba; uno de mis temas favoritos, con un estribillo que me sigue poniendo los pelos de punta, y uno de los momentos culminantes del concierto, junto con el coro de doscientas voces en “Tu medicina” y sobre todo “Jodido facha”, que produce escalofríos a cualquiera que haya crecido con estas canciones. Y cuando Molly chilla: “Animales maltratados por la codicia…” la pista explota de nuevo. Es “Egoísmo”, seguido de uno de sus temas más emblemáticos, “Irracional”, tras el que abandonan el escenario.
Pero en seguida vuelven, claro. Y lo hacen con la primera sorpresa auténtica de la noche, una emocionante “Imaginé” que no creía que formara parte del repertorio de esta gira. A continuación otro de esos grandes momentos con “Antes y después” y “Dementes cobardes”, antes de que la banda se despida definitivamente, después de más de una veintena de canciones, con una de las más celebradas de Amnesia, “Un mundo en pausa”, una decisión valiente que pone de manifiesto el compromiso que ha adquirido con este nuevo disco.

Yo no fui a hacerme fotos con ellos después del concierto. Sigue habiendo cosas de Hamlet que me repelen, la clase de cosas que los más ingenuos no esperamos de los grupos de rock. Como por ejemplo el hecho de que todos sus miembros lucen la ropa de una exclusiva marca que no pienso mencionar en esta crónica (Molly hasta se cambió de camiseta antes de los bises). O la ridícula obsesión del cantante con el gorro de lana que disimula un corte de pelo que no debe de gustarle demasiado. Pero lo cierto es que este grupo forma parte de la educación de todos los aficionados a los sonidos extremos en nuestro país. Aunque algunos no queramos admitirlo. Por eso en el fondo seguimos pendientes de ellos. No sé, será una de esas cosas… irracionales.

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