crónica del 2012.

Por Álvaro R. Osuna

Jueves 9

Viernes 10

Sábado 11

Domingo 12

Una vez más, la localidad burgalesa de Aranda de Duero se convirtió durante unos días en el epicentro de la música independiente nacional (con algunos trazos de internacionalidad). Sonorama Ribera, cita ya clásica y resistente cual mítica aldea gala en estos tiempos convulsos, celebró su decimoquinta edición con éxito de asistencia (7.000 abonos vendidos y unas 40.000 personas durante los cuatro días según la organización), sorteando en buena medida los escollos económicos e institucionales que han hecho que otras citas hayan minorado sus propuestas e incluso hayan desaparecido del mapa. Además, como viene siendo habitual, Sonorama no se limita a la música, sino que también se pusieron en marcha actividades para los niños (Sonorama Baby), un concurso de cortos, una cata de vinos o el almuerzo en las bodegas.

 

El festival, organizado por la asociación sin ánimo de lucro Art de Troya y receptor del galardón de mejor festival otorgado por la Unión Fonográfica Independiente (UFI), volvió a conjugar una generosa muestra de primeros espadas del pop-rock independiente patrio con algunos nombres internacionales y numerosas propuestas emergentes. Esta tónica viene siendo marca de la casa desde hace años y se repetirá en el futuro, a tenor de lo expuesto por los organizadores. En esta edición, al igual que en la del año pasado, el festival se prolongó durante cuatro días, desarrollándose a lo largo de un numeroso elenco de escenarios y horarios diversos y simultáneos, lo que obligatoriamente me impidió disfrutar de todas las actuaciones que hubiera querido. A continuación expongo mis impresiones sobre los cuatro días que pasé en la capital de la Ribera del Duero.

 

Otras ediciones del Sonorama:
2002 2004 2005 2008 2009 2010 2011

 

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