Supersubmarina

Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA)

16/11/2012

Muy emocionados llegaron los baezanos a la capital vallisoletana. Casi más que todos los asistentes a la cita, que hacían tiempo en la puerta ensayando las canciones de su grupo para poder corear durante la actuación. Era la cuarta vez que visitaban la ciudad y su ilusión era más que notable; sus últimas veces habían conseguido vender todas las entradas. Esta vez el lugar acordado fue el LAVA.

El bolo comenzó con la puntualidad que esperábamos (esto es, treinta minutos después de la hora anunciada en los carteles) y durante hora y media dieron un buen repaso a todo su repertorio. Comenzaron con “para dormir cuando no estés”, un tema lento de su último trabajo para ir entrando en calor, lo cual me sorprendió, pues normalmente los conciertos empiezan descargando algún tema cañero para animar a la gente desde el minuto cero. Pero sólo fue una estrategia para despistar, pues sin esperar ni un instante continuaron con “Ana”, canción con la que todos comenzamos a saltar y a cantar. A partir de ese momento la fiesta y el espectáculo no decayeron en toda la noche.

Después de interpretar su segundo tema, Chino dedicó unas palabras a todos los pucelanos agradeciendo su buena acogida durante todas las ocasiones que han podido compartir su música en Valladolid, y más en esta ocasión, dada la situación socioeconómica actual. Por otro lado aprovechó para defenderse de comentarios que criticaban la falta de comunicación entre el grupo y el público entre canción y canción alegando que a ellos lo que les emociona es que su público escuche el fruto de su trabajo, y no los monólogos que puedan decir tras interpretar una canción.

La noche se transformó en una perfecta combinación de canciones de todos sus trabajos, especialmente de “Santa Cruz”, un disco especialmente elaborado, muy bien producido y con un toque personal, en el que la mayoría de las canciones reflejan los diferentes estados de ánimo que se producen cuando soportas una cruz de la que no te puedes deshacer, y lo peor de todo es que tampoco quieres. Una espiral de diferentes sentimientos que se contradicen y que en determinados momentos crees que te pueden llevar a la locura si no los sabes controlar: amor, odio, celos, incomprensión, olvido, impotencia, rabia, desesperación, frustración, duda, miedo, locura… y un resquicio de esperanza en “pequeña de las dudas infinitas” y “para dormir cuando no estés”.

Destaca, además de las letras, el papel que juega el sonido que genera Jaime con su guitarra y su pedalera. Un sonido lleno de matices que, junto a la colaboración de Javier Serrano al teclado, consigue crear una atmósfera que te envuelve de una forma que calificaría como mística, ya que te olvidas de todo lo demás.

Podría seguir hablando maravillas de este trabajo, pero aquéllos que lo han escuchado ya lo saben, y para los que no lo conocen, les animo a que lo hagan.

 

Pero todos los apasionados de la música en directo sabemos que no todo entra por el oído. Es por ello que el trabajo de luces fuera excelente y estuvo durante toda la noche aportando un matiz de color a cada tema interpretado. Si bien como apunte crítico podría decir que en ciertos  momentos se me antojó excesiva la cantidad de humo en la sala. En algunos temas le daba un toque mágico, pero al tratarse de un espacio pequeño y cerrado, el humo se mantenía en la sala durante varias canciones posteriores. Sin duda un mal menor en comparación con el espectáculo en conjunto que ofrecieron durante toda la noche.

Cuando parecía que la noche llegaba a su fin, nos sorprendieron interpretando “Kevin Mcalister” y “Puta vida” (canción con la que aprovecharon para presentar a la banda y a todo el equipo, así como para animar a todos los varones de la sala para que participaran coreando), dos temas que forman parte de su EP "Realimentación", que no fue sino un trabajo de transición que sirvió como nexo de unión entre “Electroviral” y “Santa Cruz”.

 

Finalizaron la velada con “Cientocero”, un tema de su primer trabajo en el que critican ciertas prácticas relacionadas con el mundo de la noche. Estos chicos se atreven con todo, no son el típico grupo de canciones románticas o abstractas que gustan pero que cuesta entender. Por ejemplo, en “el baile de los muertos” y “XXI” denuncian la rutina y pasividad que casi todos aceptamos en nuestras vidas y claman a la gente por un cambio radical en las normas y la sociedad.

Sólo añadir que fue un concierto de sobresaliente de un grupo sobresaliente. Supersubmarina ha conseguido llegar donde está gracias al fruto de su trabajo (ellos mismos lo reconocieron durante la actuación, confesándonos que se habían despertado a las 7 de la madrugada y habían recorrido 800km para llegar a Valladolid), cosa que, por desgracia, muchos intentan y no consiguen, y otros pocos que llegan incluso más alto sin ningún mérito por tener un buen padrino.

Texto: Javier González

Fotos: Laura Domínguez

 

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