THE HOLMES BROTHERS

Teatro Cervantes. Valladolid
                  22 de noviembre de 2012                                                                                       

Sherman Holmes: bajo y voces
Wendell Homes: guitarra, piano y voces
Popsy Dixon: batería y voces

 

Los veteranos Holmes Brothers fueron los encargados de cerrar la programación del ciclo de tres conciertos Noches de Blues. Desconozco el nivel de asistencia de los dos anteriores, pero en la actuación a comentar pocos fuimos los congregados. Eso no fue óbice, para que el trío estuviera a gusto sobre el escenario y alimentara las almas de los allí reunidos, como si se tratara de una celebración musical con un cierto trasfondo religioso. El repaso a la discografía de los Holmes Brothers (10 LPs y un recopilatorio) supone un viaje ecléctico y sabroso. A pesar de que el grupo se fundó en 1979, su primer álbum, ‘In The Spirit’,  fue editado en 1990. Desde éste hasta su último lanzamiento, ‘Feed My Soul’ (2010), encontramos soul, blues, rhythm & blues, rock n’ roll, góspel, funk, country…, lo que les hace difíciles de catalogar, pero sencillos de escuchar, puesto que practican una música que rezuma autenticidad, teniendo asimismo una calidad media elevada.


Dentro de los numerosos elogios que les ha brindado la crítica, me parece bastante acertado el que dice que The Holmes Brothers son un tesoro oculto norteamericano. Unos reconocimientos que les han llegado tras mucho trabajo sobre los escenarios (los hermanos Holmes –Sherman y Wendell- tocan en bandas desde principios de los años 60 y conocieron a Popsy Dixon -al que llaman hermano del alma- en 1967). Es un grupo que ha girado por todo el mundo y que ha colaborado con músicos de la talla de Bob Dylan, Van Morrison, Bruce Springsteen, Patti Smith, Willie Nelson, Lou Reed, Peter Gabriel, Merle Haggard, Keith Richards, Al Green, Steve Earle, Lucinda Williams, Odetta y Jungle Brothers, entre otros.


Enlazando con la afirmación realizada en las primeras líneas respecto a la asistencia, no sé si ésta fue escasa debido a la omnipresente crisis económica, el día de la semana programado –jueves-, la promoción dada al evento, o el simple hecho de que por estas tierras ciertas músicas estadounidenses no gocen del predicamento deseado. Sea como fuere, es una lástima que artistas de este nivel no encuentren más calor en las butacas vallisoletanas.

Con puntualidad salen los tres protagonistas de la velada, y la primera impresión que tenemos es que su edad es avanzada –entre 69 y 73 años-, lo que no les impidió demostrar que conservan en buen estado sus virtudes y habilidades, entre las que se encuentran el sentimiento y la energía. El repertorio constó de 17 temas, la mayoría enlazados con rapidez, a lo largo de 80 minutos aproximadamente, que a algunos aficionados dejó con ganas de más, o de haber disfrutado de una selección de temas en parte diferente. Con su característica mezcla de géneros y estilos, en el Teatro Cervantes sonaron los citados anteriormente bajo diferentes fórmulas, exposiciones y dosis (destacada la presencia rock n’ rollera), todo con su habitual naturalidad.


Una de las señas de identidad de los Holmes Brothers, que pudimos disfrutar de manera magnifica, son sus voces, cada una distinta: Wendell con tono grave, Popsy con falsete y Sherman con barítono, ya sea interpretando por separado, o en emocionantes actuaciones conjuntas. Desde el primer corte, bajo la perspectiva del soul/blues, se puso de manifiesto la elegancia del combo. Wendell Holmes cantó y tocó la guitarra eléctrica con gusto, jugando en algunos rasgueos y punteos y demostrando feeling y vitalidad. Debemos tener en cuenta que a este músico se le diagnosticó un cáncer en 2008, recuperándose de la brutal enfermedad. Tras una parada obligatoria regresó junto a sus compañeros con el excelente ‘Feed My Soul’ (Alligator Records, 2010), siendo un disco profundo, conmovedor y lleno de esperanza; una celebración del triunfo del amor, la familia y la fe contra la adversidad, sin olvidar valores como la amistad y la lealtad.  

En otros momentos, Wendell se pasó al teclado, que ofrecía un buen apoyo para la balada soul, con una teclas sencillas y emotivas, o en el caso del góspel, con sonoridades próximas a las del piano y remembranzas de épocas pasadas (no olvidemos la influencia de la religión en sus vidas y consecuentemente en su música, teniendo, según han afirmado en este sentido, como mejores recuerdos los vividos de pequeños cantando en la Iglesia).


Su hermano mayor, el bajista Sherman Holmes, cuajó una actuación sobria y segura, con un bajo como un ancla, muy sensible en los temas más lentos, y cuando cantó, su voz tuvo fuerza. Lástima que en ocasiones no se escuchara su instrumento lo suficiente, lo cual relacionamos con un sonido global algo desequilibrado. Finalmente tenemos al otro motor de la base rítmica, el hermano en espíritu Popsy Dixon, otro músico de vieja escuela, batería efectivo, que llevó los parches y platos de una forma persistente y regular, hizo un mini solo en la pieza funk, y cantó con un falsete cargado de expresividad.  

Los Holmes Brothers se inspiran en la música que escucharon en su infancia, juventud y edad adulta, encontrándose cómodos en diferentes ambientes, valorando asimismo la importancia fundamental del blues en la música popular, y conectan con el público mediante un mensaje conciso y entrañable. En unos tiempos inseguros como los actuales, reconforta escuchar propuestas tan sinceras y valiosas.

 

Texto: Borja Sánchez Mayoral
Fotos: Antonio Macías

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