AMANCIO PRADA

LA MAGIA DE LA VOZ Y LA PALABRA

Monasterio de Santa María de Palazuelos de Cabezón de Pisuerga

Por: Miguel Ángel Pérez, Maguil


He asistido al menos en cuatro ocasiones a un recital de Amancio Prada, desde los años ochenta. El celebrado el sábado 26 de octubre en el Monasterio de Santa María de Palazuelos de Cabezón de Pisuerga, Valladolid, fue especial por muchos motivos.

Primero los musicales. Amancio Prada eligió para este concierto un repertorio más que adecuado: desde los Místicos (Juan de la Cruz, Teresa de Ávila) a los Románticos (Bécquer, Rosalía de Castro) pasando por espiritualistas como Rabindranath Tagore. El cantautor berciano –y este aspecto  me gusta mucho- no duda en explicar el porqué de estas elecciones temáticas y de autores, su motivación personal, poética, histórica –me encantó rememorar su etapa de interno en Cristo Rey, sus referencias al piano vertical del “chalet” cercano a la capilla, que conocí- y sus motivaciones políticas. Lo explica muy bien, con naturalidad, sin impostura.

En cuanto a las interpretaciones, siempre he pensado que Prada podría cantarlo todo “a capela”…sólo voz, suficientemente significativa para los textos que elige. La guitarra es una mera línea armónica que subraya y apoya las melodías directas y eficaces que aborda.  Es que además no necesita significarse más. En este, como en muchos otros casos, menos es más.

La poesía de Juan de la Cruz es mucho más complicada por métrica e imágenes que la de Teresa,  y eso se nota en las quebradas melodías que tiene que seguir para imprimir más musicalidad a los poemas. Sale más que airoso del empeño. Teresa de Ávila, más apegada a los fogones y a la tierra, le facilita la labor. Un gran momento del concierto, que fue seguido por una melodía gallega cantada fuera de micro, un regalo de sonoridad natural usando el cuerpo como elemento de percusión y de efectos vocales. Le siguieron el hindú, el espiritualista, Tagore y acto seguido abordó el terreno de los Románticos partiendo de un autor menos conocido como Gil y Carrasco para seguir con Bécquer –un valor seguro siempre- y la gran Rosalía, en gallego y castellano. Poetisa de la bruma norteña, de la pena por la emigración constante desde su tierra –ahora, de nuevo, ampliada al resto de España- y de la sensibilidad y musicalidad de ese gran idioma gallego que incluso tenemos en nuestra región a través de la comarca berciana.

El recital tuvo dos bises, enormes: una nueva composición dedicada a Leo Ferré, “A toi”, con una letra y melodía que denota no solo la admiración, si no el amor del berciano por la poética de este gran cantautor francés recientemente fallecido y la conocida “Libre te quiero” sobre el poema de Agustín García Calvo, que también nos ha dejado hace poco. ¿Qué más se puede cantar después? Solo el silencio puede ser el gran colofón. En ese instante pasó un tren por la vía cercana.
Una gran lección de saber ser y estar a pesar de los problemas con el sonido…que supo sortear con la naturalidad y profesionalidad que le caracterizan.

El lugar: espectacular como lugar para acontecimientos musicales a pesar de las muchas incomodidades que presenta: accesos, parking, frío en la nave…promoción –no puedes publicitar acceso gratis si luego te imponen como condición una contribución, un donativo de dos euros-. No quiero decir que debe ser gratis. Una entrada de cinco euros es accesible, para este recital, a casi todos los bolsillos de los que allí estábamos, unas cuatrocientas personas.

La rehabilitación -en mi modesta opinión es excesiva-  hay demasiada “reconstrucción”, yo en este campo no soy experto pero coincido con los alemanes en que “la ruina es bella”…si el paso del tiempo ha dejado estas heridas en el monasterio por algo será. Hay que explicarlo y respetarlo.

Tampoco es adecuado el uso personal y partidista de estos actos. Con una presentación y despedida en el orden técnico y cultural hubiera sido suficiente.

En resumen: un gran recital a cargo de Amancio Prada –uno más- y un espacio impresionante recuperado para la cultura, que sin duda tiene mucho recorrido por delante y cuyos problemas no deben ser cortapisas para que los ciudadanos podamos disfrutar de él, seguro que serán resueltos poco a poco. Todos saldremos ganando.

 

 

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