CASSETTE ROCK!

LOQUILLO + BURNING +

LOS REBELDES + LA FRONTERA

22 de junio de 2013. Plaza de Toros cubierta de la Flecha. Valladolid

 

Bajo el nombre de Cassette Rock se celebró en la plaza de toros cubierta de Arroyo de la Encomienda un festival dedicado a aquellos maravillosos ochenta, década en la que el rock patrio vivió un momento inolvidable.

Para los nostálgicos de esa época, se creó este festival en el que participaban cuatro viejas glorias que se forjaron entre mediados de los setenta (Burning en 1974) y mediados de los ochenta (La Frontera en 1985) y en medio, en el cambio de década, Los Rebeldes y Loquillo, ambos con un inicio común.


La apuesta era segura con cuatro bandas que arrastran un público similar dentro del rock, desde el rockabilly de Los Rebeldes, al más yankee de La Frontera, el rock callejero de Burning y el rock suave y potente de Loquillo.

Otro aliciente es que nos encontramos ante cuatro bandas que nunca han abandonado los escenarios, unos con mayor y otros con peor suerte en la repercusión de medios, y con cuatro frontman que son parte de la historia viva del rock patrio. A pesar de que los grupos cuentan con nuevos miembros permanecen sus incombustibles, por orden cronológico, Jonnhy Cifuentes a los mandos de Burning con sus más de sesenta primaveras, José María Martínez el Loco o Carlos Segarra, que ya no cumplen los 50, y Javier Andreu y Toni Marmota que le andan al acecho; este último con sus orígenes en tierras burgalesas, y como representante de la tierra. Una cosecha de músicos de impresión, con muchas tablas y un saber estar sobre el escenario digno de cualquier banda de renombre internacional.


El público, impredecible en una ciudad como Valladolid, respondió de forma masiva, llenando el ruedo de la plaza, lo que se podría señalar como una buena entrada. Un punto a favor fue la permanencia de los espectadores durante todo el concierto, no registrándose los bajones característicos, ya que prácticamente hubo el mismo público al inicio que al final, lo que indica el tirón de las bandas. Indudablemente a unos les gustaba un combo más que el otro, pero creo que todo el mundo disfrutó de lo que allí ocurría.


La Frontera

Loquillo


Y como se abría el disco en directo de Burning
Bienvenidos a una larga noche de rock and roll

Abrió la noche La Frontera, banda que mostró que los años no pasan por su música y conocían perfectamente al público allí congregado, y lo que querían escuchar, por ese motivo parecía que estaban más cercanos a la época en la que editaron su disco en directo Capturados Vivos (1992), repasando sus hits como "La ley de la Horca", “Mi dulce tentación”, “El límite”, “Juan Antonio Cortés”, “Aunque el tiempo nos separe”, “Judas el Miserable”, “Si el whisky no te arruina...”, “Pobre tahúr”, “10 minutos de pasión”, “Cielo del Sur” o el “Viva las Vegas”. Con ese set, que todos conocíamos y cantábamos, el éxito estaba asegurado. El tándem Andreu-Bataglio a la perfección y, salvo la actualización de algunos temas con unos arreglos poco acordes a los originales interpretados por el guitarrista, el concierto mostró buena dosis de intensidad y garra, tanto en los temas más roqueros como en las baladas que con gran acierto construyeron los madrileños.

Los segundos en subirse al escenario fueron los Burning, allí aparecieron los más longevos del rock en castellano, encabezados con el incombustible Johnny Cifuentes que venía acompañado por Eduardo Pinilla y Pitu a las guitarras, Carlos Guardado al bajo y  Kacho Casal a la batería y, como no, siempre recordando a Pepe Risi. De principio a fin el concierto fue impresionante, una intensidad que pocas bandas de rock and roll consiguen plasmar sobre un escenario y una complicidad con el público que hace las delicias de cualquier músico. Sonaron temas clásico como “Que hace una chica como tú”, “Mueve tus caderas” o “Esto es un atraco” que consiguieron incendiar la plaza, pero cuando interpretaron “Ginebra Seca” y “Es Especial” la intensidad subió por momentos observándose lo entregada que estaba la gente. Con “Como un huracán” el público se volcó en unos momentos mágicos, alcanzando cotas que difícilmente se podrían conseguir con las siguientes bandas. Además nos hicieron participes de las nuevas composiciones, interpretando dos cortes que formarán parte de su próximo disco, muy en la línea del sonido rock stoniano que les caracteriza. La banda al completo muy cómplice, un Johnny muy participativo y enrollado, con su macarrismos Made in la Elipa. El resto del grupo muy acorde, con las guitarras de Eduardo, muy serias, a la puesta en escena de Pitu y Eduardo y los palos de la batería atronadores. En conjunto una noche inolvidable, con diferencia lo mejor.

Tras un corto intervalo, que se aprovechó para pedir cerveza y llevarnos la sorpresa que se les había acabado (luego comentaremos este tema), se subieron al escenario Los Rebeldes con Carlos Segarra y compañía, con su clásica formación de guitarra, contrabajo, saxo y batería la banda fue desgranado sus temas, todos ellos clásicos del grupo y de corte ochentero, momentos en los que disfrutaron de una amplia legión de seguidores y que creó escuela en los roqueros patrios.  Interpretaron cortes como "Ella es mía", "un español en Nueva York", “Mescalina”, “Mediterráneo”, “Rebeca”…, lo que motivó una entrega de la gente, llegando el momento cumbre de la noche con la colaboración de Aurelio Morata, excompañero de fatiga de Segarra y Loquillo, y más conocido posteriormente por su banda Aurelio y los Vagabundos. Son muchas las veces que he visto a los barceloneses en distintos formatos y siempre se han caracterizado por la improvisación y por no ceñirse a un guion preestablecido, lo que provoca a veces que se convierta en un concierto un poco anárquico, pero que con la aceleración del directo pasa un poco desapercibido. Quizás fue la actuación más floja de la noche, debido al alto nivel de los Burning y a que mucha gente esperaba impaciente al loco.

Loquillo (parece que sin querer te sale lo de y “los Trogloditas”) era, digamos, la estrella de la noche. Se realizó un cambio completo de escenario que motivó una espera que, después de tres actuaciones, se hizo un poco larga. Tres guitarra, bajo, teclados  y batería, además de la voz llenaron todo el espacio de la plaza, un sonido muro que no deja un resquicio de paz. La banda se arrancó con una serie de temas de sus últimos trabajos. Por un momento pensamos que nadie les había comentado que este sería un concierto cassete y no de reproductor mp4, por lo que muchos nos temíamos que se iba a dedicar a hacer temas de nueva cosecha e interpretar solo media docena de clásicos. Pero el cambio a los ochenta vino con su “Rock suave”, ciñéndose así a la propuesta de la noche y a lo que la mayoría queríamos oír. Así fueron sonando todos los temas que le hicieron grande en la música y que le permitieron tener un público fiel, con momentos álgidos de la actuación al interpretar “Ritmo del garaje”, “Rock and roll start” o el “Cadillac solitario”.


Uno de los momentos estelares fue cuando subió al escenario Carlos Segarra, una pena que no se uniese Aurelio Morata, hubiera sido un momento impagable del origen del rock and roll en Barcelona.

El sonido bastante bueno, potente y directo, con una puesta en escena en el que Stinus y Pascual de mueven endiablados por el escenario, presentándose al público con múltiples posturitas y poses, que quedan fenomenal para las fotografías, sin embargo a veces sus espasmódicos movimientos por el escenario parecían excesivos y contrastaban con un Loquillo estático cantando o haciendo unas coreografías que, para mi gusto, estaban de más. Particularmente me gustaba más cuando se ponía al borde de escenario, con esa chulería ante los espectadores, o se tiraba a pegarse con el público, ese era más mi Loquillo, ahora es una estrella del rock and roll, de las grandes, y un artista de los pies a la cabeza y, en su caso, eso es mucho.

 

En el apartado musical una noche que nos hizo retrasar a todos el calendario un cuarto de siglo y, en los tiempo que corren, está bien un poco de nostalgia y recordar aquellos años ochenta de los que todos guardamos inmejorables recuerdos. Una gran noche.

En el apartado negativo, creo que hay que decir que el encargado del chorro de humo del escenario se pasó mucho, ya que había veces que no sabías si estaban los artistas en el escenario o una discomovida, ya que la visión era cero, llegando a quedar bajo el humo toda la plaza, dando la sensación de que los músicos eran apariciones.

Y otro de los aspectos negativos de la noche estuvo en lo extra musical: yo creo que la organización no era consciente de lo que beben los ochenteros, lo que motivó que al principio de los conciertos, ya durante la actuación de La Frontera, faltasen vasos de cachis y los operarios no supiesen cambiar los bidones de las cañas. Después, al inicio del concierto de Los Rebeldes y faltando la mitad del festival, en el puesto de tickets de bebida se comunicó que no había cerveza y en la zona de comida, una pequeña esquina de la barra sólo hubiese perritos (mínimos) calientes. ¿Dónde están esos bocatas de panceta?. No hay que perder las buenas costumbres.

De todos modos la gente, yo creo, se fue satisfecha y contenta ante lo allí vivido durante una noche que se hizo mágica para la generación que nació ya hace muchos años, pero que todavía mantiene encendida la llama del rock and roll.

Texto: Maribel García y Manuel Doval

Fotografias: Chusmi y Manuel Doval

 

LA FRONTERA

 

BURNING

LOS REBELDES

LOQUILLO

 

Burning. Valladolid 2012

Loquillo. Valladolid 2012

Loquillo. La Cisterniga 2004

Loquillo. Valladolid 2003

 

 

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