CELTAS CORTOS

Estival UVa

Valladolid. 24-07-2013. Museo de la Ciencia.

Fotografía: Giuseppe Foto
Txt: Maje Muñiz, @ladymaje

El contraespíritu vallisoletano de los Celtas Cortos

La noche vallisoletana vivió ayer uno de los pocos conciertos que su grupo emblemático ha dado en los últimos años en la capital pucelana. Siguiendo con la programación del Estival UVa, la velada del miércoles fue para los Celtas Cortos.

Arropada por su característica música, no solo por el sonido celta, sino también por esas letras tan suyas, la plaza del Museo de la Ciencia acogió a cientos de vallisoletanos y foráneos dispuestos a dar saltos hasta después del atardecer a ritmo de uno de los grupos insignia de la comunidad. Bueno, no todos estaban dispuestos a brincar: a pesar de que la organización retiró la sillas que el día anterior había dispuesto para el público que acudió a ver a los chicos de El Hormiguero, hubo quien prefirió disfrutar del concierto sentado, aunque tuviesen problemas para ver el escenario con quienes estaban de pie justo delante.

Sin presentaciones que hicieran falta, el grupo salió a escena solo con cinco minutos de retraso según el horario previsto, dispuestos a hacer un repaso de hora y media entre su extensísima discografía. Algún asistente comentaba al finalizar el concierto que echó en falta algunos temas. Sin embargo, hay que tener en cuenta la dificultad de resumir en este tiempo los 10 álbumes de estudio con los que cuentan a sus espaldas.

Faltas en el repertorio aparte, lo cierto es que los Celtas no dejaron a nadie sin entonar, al menos, una de sus canciones. Entre el público asistente, muchos de la quinta del grupo, que comenzase sus andaduras algo antes del 20 de abril del 90, pero también mucho público joven (no deja de ser un evento organizado por la universidad) y también alguna que otra familia completa, con los niños sobre los hombros para que pudiesen ver el espectáculo sin agobios.

Letras de los temas tan actuales como si se hubiesen escrito ayer y no en los años 90, como comentaba el Cifu antes de tocar “El emigrante”. El beneficio del absurdo, como decía. Previa a esta, otras conocidas como “Retales de una vida” o “Tranquilo majete” hicieron que el calor entre el público se mantuviese, incluso aumentase, aun después de haberse ido el sol. El “Ska del paro” y la instrumental “El alquimista loco” supusieron el culmen antes de llegar a un momento de inflexión en el ritmo del show con “La senda del tiempo”. Durante esta, a pesar de estar en la quinta fila, costaba ver al grupo a través de las manos levantadas al son de sus acordes.

Y es que no es solo el característico sonido del violín, las flautas o la gaita; Celtas son característicos en sí mismos. Pasan los años por ellos como si pesasen menos cada vez. Se mueven por el escenario con la agilidad de quien se divierte como si fuese su primer bolo. Se les veía especialmente emocionados por tocar en su ciudad natal, algo que se dejaba ver en las palabras de Jesús Cifuentes: “Con el estómago lleno de mariposas por ver las caras de todos” (el público). Solo había que ver la cara de felicida de Óscar García (bajo) o el gesto de tremenda emoción del Cifu al acabar el show. Da gusto verles tocar en directo y pasárselo así de bien. Eso se transmite.

Con el bis, formado por “El blues del pescador”, la mitiquísima “20 de abril del 90” y “Salida de emergencia” llegó el fin del directo, que no de la fiesta. “Rez:Cowgirl” de Underworld puso la guinda, con el baile de todos los integrantes de la formación pucelana mientras seguían los aplausos, si es que cesaron en algún momento de la noche.

La noche del contraespíritu de Valladolid, de los “raros”, como decía el Cifu.

 

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