The Honky Tonker

en concierto

Acabo de llegar a casa y me siento culpable de haber visto lo que he visto y no haber tenido el valor suficiente como para denunciarlo. He sido testigo de algo presuntamente ilícito y no he tenido los santos cojones de tomar cartas en el asunto: he presenciado un concierto en directo en un bar en Valladolid, o pueblo de la provincia…bueno…en algún lugar… no voy a dar detalles porque no quiero chivarme y  porque resulta que me ha parecido algo de puta madre, a pesar de que una extraña sombra, vestida de uniforme, BOCYL  en mano y con ganas de joder, me hace sentir casi cómplice de un crimen. He disfrutado de una actuación de un artistazo que se hace llamar Honky Tonker  al que le ha dado cobijo en forma de escenario un osado hostelero, que puede estar infringiendo la ley como si fuese un ladón de cobre o de sobre… El caso es que las poco más de 20 personas que allí acudieron me hace plantearme si verdaderamente un Valladolid (capital o aledaños) se merece que alguien arriesgue negocio o desperdicie talento. Digamos que esos 20, por el mero hecho de ir merecían poder disfrutar de un buen lugar y mejor espectáculo, y de regalo (porque sí,  es gratis, y las consumiciones te cuestan lo mismo, vamos, que el único que arriesga es el del bar).

 Honky Tonker  y Charly Blues hicieron lo que mejor saben hacer: dar un buen show de Blues y Rock and Roll en acústico: guitarra, armónica y una voz que es capaz de abarcar registros desde Muddy Waters a Bob Dylan, o incluso el mismísimo Elvis, son ingredientes más que suficientes para conquistar a un escaso pero agradecido (y agradecible) público.

Este ”blueshowman”  lo da todo, independientemente del aforo, con sus temas propios (buena apuesta por las letras en castellano, llenas de ingenio y humor), versiones y adaptaciones. La colaboración de Charly Blues a la armónica y percusión es el complemento ideal que logra conseguir  un espectáculo redondo.

¿Qué tocaron? No te lo voy a decir, haber ido a verlo. Para que haya espectáculos en directo hace falta tres requisitos: que alguien apueste por ello y arriesgue (para los corticos: el hostelero que tiene más cojones que dinero para organizar en su local un concierto), que el orden vigente lo permita (no sé qué coño está pasando que cada vez es todo más restrictivo, exigente y “jilipollesco”, como que no hubiese cosas más importantes que perseguir), y que la gente responda y vaya a verlo (esto creo que es lo más fácil pero que parece que más cuesta, tirando de estadística). Pues eso, que ”entre todos la mataron y ella sola se murió”. Si uno de estos tres factores falta, según mis conocimientos básicos de matemáticas, el resultado es cero.

Por cierto, el evento contó con otro buen aliciente para ir: un mercadillo de discos de Charly Blues. A mí me pareció cojonudo. Gracias a todos los implicados.

Raldon Wan

Reflexión: no vale la pena lamentarse de las restricciones que se están haciendo a la cultura cuando la respuesta del público a muchos de los eventos de este tipo es ridícula.

Nota: la foto es de otro concierto, no quiero dar pistas por si acaso.


 

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