I Carrión Rock Festival.

Ángelus Apátrida, Saurom, Bella Bestia, Lujuria y Chacal.

Pabellón Marta Dominguez. Palencia. 30-8-2014

Txt: Candido Cisneros.
Fotografía: Raquel Granja

Pues ya era hora. Por fin, después de tantos y tantos años demandándolo, el publico palentino tuvo un festival heavy en condiciones. Con motivo de las fiestas locales, San Antolín, se aprovechó para montar este festival que, como digo, se necesitaba desde hace ya demasiado tiempo  en la zona, tan carente de rock y con un público que lo demanda.
          

Si hablamos de este último, el público, no fue demasiado. Algo menos de media entrada es lo que tuvo el festival. Gran parte de la culpa, como se encargaron las propias bandas de reseñar, fueron los 30€ de taquilla que valía el concierto. En palabras de Óscar, cantante de Lujuria “Las cosas no están para que alguien que está en el paro se permita pagar 30 euros que vale la entrada, porque no se lo puede permitir”. A favor de los precios diremos que la barra no era cara.

En cuanto a lo musical, un cartel de primera división: Ángelus Apátrida, Saurom, Bella Bestia, Lujuria y los locales Chacal.

Chacal son uno de esos grupos históricos que llevan toda la vida apoyando y dando guerra por el rock. Como cabeza visible tenemos a Blas Hernández  (guitarra y voz) dieron el pistoletazo de salida al Carrión Rock. Con un pequeño fallo de sonido en el segundo tema, algo que se solucionó y no dio más problemas en el resto del festival, Chacal presentó temas de sus cuatro discos, tales como “Solamente”, “Hora Chacal”, “Beach Bar”, “Nostradamus”, “La Canción del Vagabundo”, “Hermano”  o “Mi Ciudad”, como colofón. Un gran comienzo.

Tras ellos llegan Lujuria, capitaneados por un Óscar Sancho  embutido en cuero negro y con una capa de terciopelo. Lo primero que se me vino a la cabeza era que le faltaba la guadaña en la mano, pero el efecto visual fue muy efectivo y rápidamente se metió al público en el bolsillo. Inquieto, lascivo e incorrecto, como siempre, junto con su inseparable Chepas y las dos nuevas incorporaciones a la banda: Manuel Seoane (guitarra) y Santi Hernández (Bajo), que cubren muy bien las salidas de la banda de los históricos Julito y Gallardo.  Reventaron el “Marta Domínguez” con temazos como el inicial “Mozart y Salieri”, el comunero “Traidores y Criminales” (donde Óscar hizo alusión al papel de Castilla actualmente), “Cadena Perpetua Lejos de Ti” o tres de sus grandes temas para terminar “Estrella del Porno”, “Corazón de Heavy Metal” y “Joda a Quien Joda”, repasando toda su discografía y demostrando ser una banda muy bien engrasada y en forma. Incluso le dio tiempo a Óscar de agradecer su trabajo a los Lujuria que no se ven. En este caso a su road manager “Metralleta”. Grandes Lujuria.

 

Llegó entonces el momento de Bella Bestia. Nos llevaron a revivir aquellos gloriosos años 80, que dio tantos frutos en lo que a rock y metal se refiere, desde su estética y su maquillaje hasta el sabor y color de los temas. La cabeza más visible de Bella Bestia es Pepe Mary, bajista histórico en España donde los haya que, tras deshacer su banda madre (hoy de nuevo activa, como vimos esa noche) formó Beethoven R, para luego volver a montar a “los Bella”. Comenzaron la descarga con “Rockanrolero” y “No Fuiste Capaz”, para continuar con el tema que da nombre a la banda y “Rompecuerpos”.

Hubo dos momentos especialmente emotivos. El primero fue cuando una niña subió a cantar “Muévete Por Ti” con la banda. Más emoción cuando nos enteramos que era la hija del propio cantante de la banda. Padre e hija cantando (¡¡Y cómo cantaba la niña!!) juntos. Una maravilla. El otro momento fue la siguiente canción: “Háblame”, que dedicaron a toda esa gente con Síndrome Down y a todas las familias que luchan con esa enfermedad, especialmente a Pepe Mary y su hijo Rubén. Grandes momentos de una gran banda.

Otro plato fuerte fueron Saurom. Recién llegados con su folk metal desde la otra punta de España, reventaron con su energía y espectáculo al público palentino. Desde los primeros acordes de “Nostradamus” y el shock que supuso para el público la inclusión de fuego en vivo y en directo arrasaron con todo lo que pasaba por delante de ellos. Decir inquietos es decir poco. Con un movimiento constante e imposible de seguir por parte de los fotógrafos fueron descargando temas y más temas. Excepto Antonio, su batería, por razones obvias, el resto de la banda se mantuvo incombustible durante todo el concierto. Incluso Santi, el teclista, que con un teclado midi de mano se movió por todo el escenario como si llevase una guitarra o un bajo colgado del hombro.

Quizá fuese el concierto que más público congregó. Gran aceptación por su parte tuvieron las canciones más cercanas en el tiempo, pertenecientes a su, hasta ahora, último disco “Vida”. “La Noche de Halloween”, “La Leyenda de Gambrinus” o “La Poetisa”, cuya destinataria estaba entre el público. “Irae Dei”, “El Monte de las Ánimas” (otra demostración de la gran afinidad que hay entre el rock y la literatura), “Cambia el Mundo”  y otros temas más dieron luz a una de las mayores fiestas rockeras que se vivían en Palencia desde hace mucho tiempo. Terminaron con “La Taberna”, con todo el público entregadísimo.

Para terminar este festival Angelus Apátrida. Tras más de 5 horas de concierto se presentó una de las bandas más duras del panorama actual. Sin duda sus seguidores más fieles disfrutaron del concierto como bien se vio entre las primeras filas. Un público algo mermado, comparado con Saurom, pero muy fiel, que disfrutó en todo momento de la tralla sin tregua que dio la banda. Velocidad, potencia, técnica y algún tema nuevo, pertenecientes a su próximo disco, aún sin editar, fue la guinda de un festival que, aunque como ya dijimos, de entrada cara, fue también grande en calidad y cantidad.

Esperemos que el próximo año tengamos en Palencia un II Carrión Rock y que, por supuesto, no sea el último.

 

 

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