MIGUEL POVEDA

Auditorio Miguel Delibes. 6 de septiembre de 2015. Valladolid

Txt: Laura Suarez
Fotos: José María GIUSEPPE

Arte, garra y pasión dejó Miguel Poveda a su paso por el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid.

Nos presentó su disco "Sonetos y poemas para la libertad". Este trabajo nace de un proyecto creado por el músico Pedro Guerra, la colaboración imprescindible de Luis García Montero, los arreglos espectaculares de Joan Alberto Amargós y el aporte indispensable de Chicuelo su guitarrista. Para todos ellos hubo el lógico agradecimiento.

El soneto, una de las formas poéticas más adecuadas para la expresión del sentimiento amoroso.

"Sonetos y poemas para la libertad" nos hace disfrutar de toda una serie de sonetos de los grandes de nuestra literatura de todas las épocas: "Para la libertad" de Miguel Hernández abre su repertorio pasando por "Hielo abrasador" de Quevedo, "Desmayarse, atreverse" de Lope de Vega, "Lluvia" de Jorge Luis Borges, "Amor mío si muero y tú no mueres" de Neruda, "El poeta pide a su amor que le escriba" de Federico García Lorca -del cual el artista nos cuenta que siente una profunda conexión con el escritor- y "Guerra a la guerra por la guerra" de Rafael Alberti, primer sencillo del álbum, entre otros, incluyendo también algunos autores contemporáneos como Sabina o Pedro Guerra.


Nos contó la anécdota cuando le pidieron a Aute que escribiera un soneto y que en toda su genialidad escribió la carta/soneto "Querido Guerra", explicando su incapacidad para escribir sonetos.

Poveda nos regala un viaje por las emociones, pone música al poeta Muñoz Rojas con "Abril se ha equivocado" y recuerda canciones de niño de la mano de Rafael de León, de su amor por Andalucia a través del recuerdo de nuestro patrimonio cultural.



El espectáculo se lleva a escena de manera muy sobria y sencilla, de forma que el concierto fue elegante y cuidadoso, hizo disfrutar a su público con canciones de hoy y sus éxitos de siempre como el ya conocido..."Y sin embargo te quiero"... Dejándose siempre la piel y la garganta, poniendo su vida y sus sentimientos en cada canción. Un público al que no dudó en agradecer su presencia, siempre imprescindible. Por ello bajó al patio de butacas a abrazar a una señora que a pesar de su edad no dudó en acudir al concierto.

 



Más de dos horas en las que se aunaron la poesia y la música, de sonido, silencio y palabras. Y sonetos, sí, permítanme haber repetido tantas veces este bello vocablo.

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