Hay niños que se convierten en adultos a pasos agigantados. Y esto es lo que les está sucediendo a los vallisoletanos FREE CITY musicalmente hablando. Con componentes que apenas pasan de la veintena, anoche presentaron el que es ya su tercer larga duración, Atemporal (2016), grabado en OVNI estudios por Pablo-Desakato. A este disco lo preceden Realidad Invisible (2015) y El aullido del silencio (2014), además de alguna maqueta. Ninguno de los tres tiene desperdicio, y en ellos los Free City cada vez van encontrando mejores melodías y composiciones que dan lugar a unos temas más "redondos", además de un sonido mejor producido y más cercano a lo que son sus directos. Nada que envidiar a muchas bandas punteras y veteranas.
Ayer no hubo teloneros. Y es que no recuerdo a ninguna banda tan joven poner la Porta Caeli patas arriba de la manera en que estos chicos lo hicieron. Hay conciertos que marcan un antes y un después en una banda, y aunque en la trayectoria de Free City ya ha habido alguno y habrá muchos más, sin duda éste fue uno de ellos. Y todo a base de temas propios. Que tomen ejemplo muchos.
Desde el minuto uno se sucedieron los pogos, los bailes y los cánticos. Comenzaron con extrema puntualidad con Genocidio un set de diez canciones sin duda centrado en su nuevo Atemporal, y cuando arrancaron con Nunca más los más perezosos ya casi habían llenado la sala. Después rescataron Lobo sin manada, una de mis favoritas. Con Volveremos a nacer, una de las más conocidas, ya se notó el incondicional empuje de sus fans, que no son pocos. Ellos les llaman cariñosamente su "familia". Y tras otra nueva, Vidas perdidas, que fue el adelanto del disco unos días antes de que saliera a la luz, un momento que ya vivimos en el pasado VDB Rock y que todos esperábamos: Experimento esclavo con la colaboración de Desakato. En esta ocasión Pepo estaba ausente y sólo subió Pablo. Una pena.
A continuación siguieron apostando por temas nuevos: Tormenta de miedos, La enfermedad de lo corriente y Mi funeral. Temas donde nos mostraron melodías más logradas, un buen juego con las voces de Peib y Sam y un sonido muy empastado con un batería (Maus) que cada vez aporta más seguridad y unas guitarras muy acertadas, sobre todo la solista de Alex -¡ojo a este chaval!-.

Y como era lógico, dieron fin a su actuación con Cadenas, temazo con toda la rabia y frescura característica de sus inicios y que ya es uno de los himnos del punk-rock vallisoletano.

¡Abran paso! ¡Estos chicos están aquí para quedarse!

Después fue el turno de los asturianos DESAKATO, que hace mucho dejaron de ser una promesa gracias a su rock donde alternan melodía y rabia tocando distintos palos (punk, metal, hardcore...) para ser una de las bandas punteras de nuestra escena estatal. Yo me atrevería incluso a decir la banda. Todo un ejemplo de trabajo, superación y oportunismo. Con todo el respeto, hay dinosaurios de nuestro rock que deberían ir dejando paso a bandas como estas dos que nos ocupan.

Su visita también traía disco nuevo bajo el brazo, La teoría del fuego (2016), su primero sin gaita, y he de decir que sólo eché de menos este característico instrumento en Cada vez, pues en el resto de temas que la incluyen los punteos de guitarra lo solventaron muy bien.

Al igual que Free City, empezaron con el tema que abre su nuevo trabajo, en este caso Tiempo de cobardes. Y siguieron con toda una declaración de su intención de dar caña: La ira de los hambrientos. Apenas habría pausas ni descanso para desgranar un set-list compuesto por veintiún temas de todas sus etapas, sobre todo de sus tres útimos discos, seis de ellos de La teoría del fuego que cayeron en la primera mitad del concierto, dejando para el final otros aún más asentados entre unos seguidores cada vez más numerosos y jóvenes entre las primeras filas.

Estos cinco tíos son todo actitud. La presencia sobre las tablas la tienen ganada con sus dos hermanos, grandes en todos los sentidos. Sobre todo Pepo, que es pura energía y no deja de moverse y contactar con el público, e incluso salió alzado en volandas varias veces, algo que ya es costumbre en todos sus conciertos. La profesionalidad que han alcanzado los Desakato es abrumadora, con las espaldas bien guardadas por un tremendo Nano a los parches y Mario al bajo en la sección rítmica, sobre las que las guitarras de Gabri y Pablo golpean una y otra vez. Son toda una apisonadora sonando juntos al unísono. Pocas bandas pueden presumir de un directo tan sólido.

Hubo momentos de auténtico desmadre con sus canciones más contundentes (la ya nombrada La ira de los hambrientos, R.I.P., Trompetes de Xericó, Carta de un paria) alternadas con otras más melódicas (a destacar Sonrisa certera, Pasajeros, La batalla final). Con Cuando salga el sol abandonaron el escenario por primera vez. Después apareció Pablo para comenzar en solitario los bises con Cada vez, la que fue su primera canción con videoclip y la que podría decirse que los acercó al gran público por primera vez. Un temazo. A continuación rescataron Octubres rotos de su primer trabajo. Y para cerrar un gran concierto otros dos trallazos de su anterior disco Buen viaje (2014): La tormenta y Pánico en Frankfurt.

Creo que a estas alturas ya no os descubro nada. Todos los años desde 2011 visitan Valladolid y es obligado disfrutar de esta banda con un gran directo y también un gran repertorio que nadie debería perderse. Y mucho más si lo hacen tan bien acompañados.

En resumen, una noche de buena música gracias a dos grupazos que son espejo y bandera de ese relevo generacional que nuestra escena llevaba años pidiendo.


*fotos cedidas por Ruben S Photography de Cuatrosietezero. ¡Muchas gracias socio!

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