WILLIE NILE

Sala Porta Caeli (Valladolid), 13-9-2016

Texto: Roge Fluido
Fotos: Chusmi

 

“I believe in rock and roll”, pronunció este joven nacido en 1948 antes de interpretar uno de sus temas, todos ellos una colección de hits, de grandes estribillos engarzados en el paradigma perfecto de lo que es escribir canciones para la cultura popular y envueltas en un formato absolutamente rockero, directo y cercano, sin imposturas, artificios o pijadas de “rock star” chorra.

Willie Nile es un verdadero trovador que aglutina toda la música americana en sí mismo: ecos de Dylan, el r’n’r pionero de Chuck Berry, el blues pantanoso del sur, country y herencia irlandesa, Springsteen, Lou Reed y el rock neoyorquino que enlaza con Dictators y Ramones. Me lo imagíné durante su concierto compadreando feliz con Joe Strummer, en lo vital y musical, se trataba de “punk Springsteen”, tal y como lo rebautizó un gran amigo también presente.

Fue un conciertazo de esos en los que no necesitas ser fan previamente porque ya sales convertido en ello después de 2 horas y en los que, desde el principio, tomas conciencia de que tienes la suerte de estar ante algo muy grande.

Este gran secreto de la historia del r’n’r que es Mr. Nile, comenzó su actuación tranquila y espontáneamente, montándose sobre el Born in the Usa de la música ambiental de la sala, y terminó de la misma manera con el Blitzkrieg bop ramonianio, claramente sintomático de por dónde van los tiros, o sea, los acordes y las melodías.

El joven Willie, carne de carretera, llegó a esta ciudad de provincias llamada Valladolid en la gira de su último disco World War Willie –totalmente recomendable- y soltó un concierto eminentemente eléctrico y energético, sin tregua, potente, acompañado de tres escuderos (batería, bajo y guitarra solista) plenamente entregados a la causa del maestro. Especial consistencia aportaban batería y bajo (Johnny Pisano, un maquinón rítmico y en técnica a las cuatro cuerdas). Matt Hogan, lead guitar, optó por sonidos trufados de efectos, en vez del sustain puñal típico de los guitar killers, lo cual le daba una atmósfera muy interesante al sonido tan clásico y puro de r’n’r del grupo.


Hubo un par de momentos a lo largo del set, entre tanta diversión y energía rockera y actitudinal, de otra hondura y emocionalidad más profunda, esos que convierten un concierto en algo más, una comunión entre público y artista entendiéndose perfectamente aunque no hablen el mismo idioma: al interpretar Love is a train, solo con su guitarra y un ligero apoyo de la percusión, y al homenajear a Lou Reed con Sweet Jane, con interludio de Walk on the wild side y a Bowie con Heroes, de forma consecutiva, como un medley emocionante ante un público ya maduro que creció con la música y la cultura de esos grandes nombres.

Pudimos escuchar Streets of New York, House of a thousand guitars, If I was a river o One guitar, además de pegarse un fantástico paseo por su último disco con Forever wild o Bad boy, tema tras el que nos quedamos irresistiblemente cantando el estribillo y la banda tuvo que unirse felizmente a nosotros; uá, qué gozada que esto ocurra en un concierto!.

De bises, soltó una versión anfetamínica de A hard’s day night y Hear you breathe a lo ramone enfurecido como para comprobar, este joven Willie, si nos quedaba aliento.
Deseo ya otra descarga de este impresionante autor de canciones, llevadas a un formato completamente rockero y adrenalítico en sus directos. Peace, love and R’N’R. Mucho respeto.

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