SYMPHONIC of PINK FLOYD

4 de noviembre de 2017. Auditorio Miguel Delibes, Valladolid

 

Texto y fotos: Ana Alvarado

UNDERGROUND Y PSICODELIA EN EL MIGUEL DELIBES

Hasta Valladolid llegó el espectáculo sinfónico de música de Pink Floyd, que, no sin reticencias, debo decir, acudimos a ver. El auditorio Miguel Delibes presentaba una entrada correcta, no de un lleno hasta arriba, y público variopinto que abarcaba desde los que siguieron al grupo británico desde sus comienzos hasta los que se han ido sumando a lo largo de los tiempos hasta los más jóvenes, que han descubierto recientemente todas las posibilidades musicales y se pueden enganchar a cualquiera de ellas, desde la psicodelia al underground, pasando por los temas de rock más duro e incluso las baladas. Rápidamente se disiparon las dudas: el comienzo vibrante y poderoso con potentes luces cegadoras (hubo un rato en naranja total que pudo haber causado algún ataque epiléptico a los que no están acostumbrados…) hizo que todo el mundo, inmediatamente, se metiera en el espectáculo.


El escenario estaba dividido en varios niveles y la disposición del mismo, además de las luces, hacían parecer que los músicos y los cantantes estaban colgados por arte de magia. Una sólida base sinfónica que acompañó perfectamente cada tema y encajó de maravilla con todos y cada uno de ellos y un grupo de rock con abundancia de teclados y sintetizadores, además de dos coristas y tres cantantes que se fueron turnando en el escenario y que en ocasiones cantaban al tiempo. Pero hay que destacar, sobre todo, y muy por encima de todos, al fabuloso guitarra, que bien podría haber formado parte del grupo inicial… de no ser por la edad y la época.


Seguramente no todo el mundo conocía todos los temas, eso se notaba en cuanto los comenzaban. Porque en el momento en el que interpretaban alguno de los archiconocidos por el gran público, la emoción se palpaba. Así que fueron desgranando el repertorio sin pausas, sin el menor tiempo de respirar, y sólo dejando a la imaginación de cada uno cuál sería el siguiente. A la entrada se escuchaba “¿por dónde empezarán? ¿Cuándo tocarán The Wall? Pues bien, a lo largo de casi tres horas, divididas por un descanso, enlazaron uno y otro y otro,   ayudados por una extraordinaria combinación de efectos lumínicos, haces de luces que acompañaban cada melodía, y sobre todo, poderosas y explícitas imágenes proyectadas en varias pantallas sobre los temas más comprometidos: líderes políticos, medio ambiente, cumbres socio-políticas, denuncias… también se vieron los símbolos reconocibles de trabajos como The Dark Side of the Moon con su icónico triángulo, Money… todos los temas gustaron, pero si hubiera que resaltar algunos momentos serían la interpretación de “Shine On You Crazy Diamond”,  “The Dark Side Of The Moon”, o el magnífico “Wish You Were Here”, con un auditorio envuelto en fluido rosa… y para terminar, el mítico “The Wall”, con imágenes del video y de la película y el público entero entregado al estribillo, que compartieron los cantantes mezclándose con la gente.


No, no estaban Richard Wright, ni Rogers Waters, ni David Gilman, ni Nick Mason… pero estaba, estuvo toda la noche, el espíritu de Pink Floyd.

 

 

 

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