THE PRETTY THINGS

Sala Porta Caeli (Valladolid), 16-11-2017, 22h

Texto: Roge Fluido
Fotos:Rubens Aukerman

Tuve la fortuna de conocer la música de los británicos Pretty Things de la mano de un buen amigo, melómano y gurú, que tuvo a bien grabarme los diversos singles que la banda fue publicando desde mediados de los 60 hasta principios de los 70 y dónde se apreciaba perfectamente su evolución estilística desde el rhythm and blues, la psicodelia, hasta cierto toque hard rock. Le di muchas vueltas a aquella cinta (hace tiempo ya, eh?), un grupo muy interesante.

Fueron hijos de su tiempo y, aunque no alcanzaron la fama de sus coetáneos Rolling Stones o Beatles, son una leyenda en activo; no en vano se considera que crearon la primera ópera rock de la historia (S.F. Sorrow) previa al Tommy de los Who.

Los Pretty Things están indisolublemente asociados a las figuras del prestigioso guitarrista Dick Taylor y el vocalista Phil May. Taylor era compañero de estudios de Jagger y Richards, tocaban juntos, y llegó a ser unos de los primigenios Stones para posteriormente organizar The Pretty Things junto a Phil May.

En la actualidad funcionan como quinteto acompañados por otro guitarrista-armonicista, batería y bajista, todos excelentes y con un gran sonido a base de los míticos amplificadores Selmer, reliquias valvuleras británicas de finales de los 50 y los 60. De la mano de los “conseguidores” de conciertazos Reducto Sónico pudimos disfrutarles esa noche en Valladolid.

Fue una actuación de esas para paladearlas, no tanto para enloquecer con la magia frenética del rock sino para captar sobre todo el sonido y los detalles de la música de unos de los protagonistas de la generación de la British Invasion, de aquellos jóvenes talentosos y transgresores fascinados por los nombres míticos del blues y la música negra que derivó en rock and roll.

El concierto estuvo mediatizado por las tres guitarras que utilizó Dick Taylor, en tres partes o bloques, a lo largo de hora y media aproximadamente. La primera más sixties, en la segunda, sin bajo, con una acústica que sonaba increíble nos retrotrajeron a los sonidos pantanosos de blues de Muddy Waters o Howlin’ Wolf y que tanto admiraron en sus primeros tiempos. Por último, Taylor usó una guitarra blanca que sonaba como un cuchillo a través del Selmer, con un sustain impresionante.

Respecto a Phil May decir que conserva su garganta en plena forma con ese bagaje y sabor de los grandes veteranos; los momentos de voces armonizadas con el bajista y el otro guitarrista fueron excelentes. Destacar el sonidazo tan nítido y potente de la sala esa noche para gozar la delicatessen que es esta banda aún en la carretera.

Don´t bring me down, Big boss man, Who do you love (por algo tomaron su nombre de un tema de Bo Diddley) o Alexander fueron algunos de los temazos que sonaron esa noche.

Esperemos otra visita de estos jóvenes septuagenarios y sus secuaces para otra lección de rock and roll mítico, un lujo.

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