APARTAMENTOS ACAPULCO

Desierto rojo, 16 de febrero de 2018. Valladolid

Texto y fotos: Flucho Wop

La programación de conciertos del Desierto Rojo de Valladolid en el mes de Febrero no tiene desperdicio; no es un axioma, es una opinión al menos respetable. Coincidiendo con el ecuador de semejante propuesta, el pasado viernes 16, llegaban desde Granada Apartamentos Acapulco, joven banda que trata de abrirse paso en el mundillo alternativo musical a golpe de dreampop, shoegaze y pinceladas noise (corrientes poco cultivadas en el panorama patrio).

Con su nuevo EP “Las cuatro esquinas” recién salido del horno y con un interesante disco del año pasado “Nuevos testamentos”, sus composiciones rebosan energía contenida, infinitas capas sonoras y efectos envolventes; desde Los primeros Planetas hasta Cocteau Twins (la voz de Angelica ayuda a ello) pasando por Slowdive o Reina Republicana por citar algunos.


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Formados hace apenas un par de años, Angelina (voz y teclados) e Ismael (voz y guitarra) se han hecho acompañar de Pedro (bajo) y Jorge (batería) que llevan el peso de la sección rítmica, mientras ellos crean las envolturas y sutilezas ambientales.


Datos e influencias aparte, Apartamentos Acapulco dan “ese puntito” de más en sus directos que hace que mejoren las buenas sensaciones de escucharlos en grabaciones de estudio. Puede que también ayude el hecho de que se hacen acompañar por David Sutil, otrora técnico de sonido de Lori Meyers, quien ha decidido apostar por otras bandas emergentes y la infinita pedalera conectada a la guitarra de Ismael.


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El show que nos ocupa se iniciaba bastante puntual, cosa que sorprendió a los propios miembros de la banda, con “Amigo Sol”, “Por las noches” (primera vez que la tocaban en directo, incluida en el reciente EP), “Y si todo cambia” (tema viejo, un par de añitos) y “Hola y adiós” (con más reprise). Algunos temas sonaban enlazados con el anterior y en otros, Ismael contaba algún detalle a modo de introducción.


Cerrando sonaron “Romance de verano” (por la que siento especial predilección), “Canción de Angelina” y “Nueve Esferas”. No hubo más, aunque peticiones hubo.


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Una vez finalizado, dedicaron un rato a los fans y curiosos que mayoritariamente habían llegado a mitad de la velada. Si se puede poner una pega, podemos hablar de lo reducido del local para una banda cuya complejidad y contenido sonoro merecen una sala de mucho más aforo aunque se agradece siempre disfrutar de conciertos donde estirar el brazo casi permite tocar a los artistas; supongo que les haga sentirse más acogidos.

Muy recomendables para seguidores y conocedores de tan minoritario estilo, y también para devoradores de música en general.

 

 

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