BELAKO

Sala Porta Caeli. 12 de abril de 2018. Valladolid

Texto: Pablo García
Fotos: Javier Ayuso

Belako, pasión por el ruido
Los bilbaínos pusieron patas arriba la Porta Caeli a base de distorsión


Es difícil explicar lo vivido el jueves en la Porta Caeli. Es complicado hablar de música cuando el concierto de Belako va más allá de una interpretación con instrumentos. Porque lo suyo es eso, sí, pero mucho más. Es actitud y es la trasformación de cuatro músicos que, cuando se suben a un escenario disfrutan y hacen bailar como ya quisieran muchos en una escasa hora y media. En apenas siete años de existencia ya han prodigado su música por escenarios como el BBK, el Sonorama o el Primavera Sound, además de haber traspasado fronteras y haber cruzado el charco. Y todo por méritos propios, gracias a un exquisito buen gusto por la mezcla de influencias, pasando por el post punk y el rock más alternativo.


Una sala prácticamente llena, con el espacio junto para saltar, hacer pogos y dejar bajar a Cris a cantar fue testigo del recital que ofrecieron Belako. Uno iba al concierto con esa mentalidad, y la banda lo sabe, pues no defraudaron. Desde ese primer contacto con el público se notaba la experiencia que han cogido los últimos años sobre las tablas, donde la distorsión de guitarra y bajo fue la tónica común entre acople y acople de amplificadores. Y es que, si algo hacen bien los de Munguía es transmitir. Darte golpes en el pecho con forma a rock and roll, que es lo que son más allá de todas las influencias que se les pueda sonsacar.

El concierto fue un repaso de su discografía, compuesta hasta ahora por tres LPs: Eurie (2013), Hamen (2016) y Render Me Numb, Trivial Violence (2018). En ellos se descubre el mundo sobre el que se cimienta el suelo de Belako, su influencia de estilos y sus mensajes. Lo mismo da el inglés que el euskera, porque tienen un ideario claro y lo van a llevar tan lejos como les dejen. Maskenfreinheit, Off you shoes y Something to adore fue el trío escogido para dar el pistoletazo de salida, donde también hubo espacio para sus temas más conocidos, como Lungs, Mum o la enérgica Render me numb, donde hicieron gala de su amor y su saber hacer jugando con los efectos de guitarra para hacer ruido con el amplificador.


Si hay algo que achacarles es la corta duración de un concierto que apenas alcanzó la hora y media. Quizá fuera eso o la intensidad con la que se vivió, donde apenas daban un respiro para hablar a un público entregado cuanto más cerca del escenario estuviera, especialmente Josu, quien aprovechaba las grabaciones del teclado para irse a por más cerveza o jugar con los pedales cuando no tenía que darle a la guitarra. Una Cris con una exquisita teatralidad con el micrófono, un Lander incapaz de dar un mal golpe de timbal y una Lore muy cómoda y suelta con el bajo fueron un cóctel perfecto para otra noche de rock and roll en la sala pucelana. Y que dure.

 

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