Juan Antonio Cebrián.

 

In memoriam

 

 

por Martín Luna
octubre, 2007

Recuerdo de pequeño una de esas cenas a las que tienes que ir con tus padres.
Era una finca grande y se produjo una de esas típicas situaciones en las que, el abuelo de la casa se va antes a la cama, mientras los demás acompañaban la sobremesa con café y copita. Yo, por supuesto, intentaba aguantar sin mostrar atisbos de sueño como fuese, igual que un adolescente al que no le han puesto hora para llegar a casa y se aburre, pero sigue hasta el final.

No sin que antes me advirtieran de que tuviera mucho cuidado de no hacer ruido, me dirigí hacia el baño de aquella casa desconocida. Al lado, estaba la habitación de aquel hombre mayor que unos minutos antes se había ido a dormir.
Tenía la puerta entreabierta y pude vislumbrar una figura recostada, que escuchaba plácidamente la radio. Me quedé unos minutos observando y me invadió como una extraña sensación de paz y envidia.

Esa imagen me marcó y no tardé en hacerme con uno de esos radio-relojes despertadores para poder sentirme igual.
Rápidamente noté que no podía conciliar el sueño con música.
Me embargaba la tristeza o la alegría desaforada, me ponía a analizar la calidad de la guitarra, del bajo,...o simplemente viajaba al sitio donde había oído esa canción por primera vez.
Fue entonces, cuando descubrí que me gustaba dormirme mientras escuchaba gente hablando.


Fui moviendo el dial de un lado para otro, sintonizando programas de deporte, cine, etc…hasta que topé con un tal Juan Antonio Cebrián que dirigía un programa llamado La Rosa de los Vientos.
Se me presentó como “mi amigo y compañero, feliz como una lombriz” y empezó a hablarme de pasajes de la historia, naturaleza, misterios, relatos…como el que le cuenta a un colega lo que le ha pasado el fin de semana. Cuando me quise dar cuenta, llevaba años escuchándole..

Siempre me he imaginado que los programas nocturnos se realizan en un lugar pequeño y acogedor, con una luz tenue y con una vieja taza de café encima de un montón de hojas. Al igual que sucede con los libros, uno de los encantos de la radio, es que tu diseñas a tu manera el escenario y los personajes que van apareciendo.

Desde que comenzó La Rosa de los Vientos un 20 de Abril del 90, he evitado por todos los medios ver una foto de Juan Antonio Cebrián. No quería que mi ideal se rompiera.
Quería dibujarlo en mi mente como me lo imaginaba cuando le escuchaba desde mi cama.
 

Lamentablemente, el 20 de Octubre del 2007, mi sueño se ha roto y por primera vez, he visto su foto para decirleadiós. Como en el 20 de Abril del 90, me he puesto a recordar, me entró la melancolía y te tenía hablar…
Gracias por que tu has sido la radio y sobre todo...gracias por ayudarme a soñar.

Martín Luna
octubre, 2007

 

www.juanantoniocebrian.com

   

cylcultural.org     escritos