CORSARIOS

25 AÑOS DE TEATRO

Del 18 de mayo al 10 de junio de 2007

SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LAS FRANCESAS
De martes a domingos, de 12,00 a 14,00 horas y de 18,30 a 21,30 horas.
Lunes, cerrado

Calle Santiago, s/n.  VALLADOLID

 

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  Motivos :  

El Festival homenajeará en este año a la compañía Teatro Corsario y a su director Fernando Urdiales en su vigésimo quinto año de existencia.

Teatro Corsario es, posiblemente, la compañía independiente con mayor número de componentes de nuestro país de los últimos 25 años. A lo largo de este tiempo han tirado todos a una de este carro.

Su labor de intervenir en lo cotidiano de la ciudad ha sido, para muchos profesionales de la misma, un ejemplo tanto profesional como desde el punto de vista de la ética artística y personal. Sus espectáculos han evolucionado desde el tratamiento de los clásicos hasta la vanguardia y lo contemporáneo, pasando, incluso, por creaciones colectivas.

Han intervenido en espacios como cárceles viejas, gimnasios trasnochados, iglesias, aulas universitarias, teatros y calles estrictamente callejeras.

Los Festivales deben continuar siendo un conjunto de actividades a merced del arte y, a la vez, hablando de artes de calle, deben contener un sentido de riesgo, trasgresión y compromiso.

Festival TAC Valladolid.

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Presentación
El 18 de mayo, a las 12,00 hs.

Catálogo
Teatro Corsario y Graficas Andrés Martín

Dossier de prensa y Coordinación De La Exposición En La Sala Municipal De Exposiciones Las Francesas: Juan González-Posada M.

Diseño del montaje
Teatro Corsario


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La exposición se completa con la publicación de un libro y un deuvedé sobre Teatro Corsario y posteriormente iniciará un ciclo itinerante por diferentes puntos de Castilla y León de la mano de Caja España durante el resto del año. Estas son algunas de las localidades y fechas confirmadas hasta el momento, sujetas a posibles variaciones e incorporaciones.

Valladolid. Sala de las Francesas.
Del 18 de mayo al 10 de junio de 2007

León. Centro Cultural Caja España. Santa Nonia 4
Del 13 de junio al 6 de julio de 2007

Almagro. Del 9 al 15 de julio de 2007

Olmedo. Sala Municipal Torre del Reloj
Del 18 de julio al 12 de agosto de 2007

Puebla de Sananbria. Sala de Exposiciones El Castillo
Del 14 de agosto al 2 de septiembre de 2007

Palencia. Sala Caja España
Del 6 al 30 de septiembre de 2007

Ponferrada. Centro Cultural Caja España
Del 4 al 31 de octubre de 2007

Medina de Rioseco. Centro Cultural Caja España
Del 8 de noviembre al 2 de diciembre de 2007

Zamora. Centro cultural Caja España
Del 12 de diciembre de 2007 al 6 de enero de 2008

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  LA EXPOSICIÓN:  

 


Gran Teatro...

En el mar del teatro y del espectáculo, el actor de la modernidad, marcando distancias respecto a la condena y la marginalidad, deja de ser pirata y se convierte en corsario. Corsario es el pirata que reivindica sus acciones y adquiere conciencia de una suerte de ejercicio libre y digno, puesto que se sabe poseedor de unos conocimientos civilizadores, ennoblecedores, que exigen estudio y disciplina y, naturalmente, creación (la actividad del actor como autor, como creador de textos literarios para poner en escena). El pirata adquiere el carácter ilustre de quien se justifica con una formación casi humanística”.

(Comentario de Evangelina Rodríguez Cuadros a propósito de “La Supplica”, texto escrito por el comediante italiano Nicolò Barbieri en 1634, contenido en el capítulo “El oficio de la necesidad” perteneciente a su estudio “La técnica del actor español en el Barroco. Hipótesis y documentos”)

Las razones que nos han animado a realizar esta exposición son, por un lado, la constatación de los veinticinco años de existencia de la compañía mediante una muestra de contenidos fotográficos, audiovisuales y de otros elementos diversos que nos permiten hacer un recorrido, a través de la memoria, de este tiempo de dedicación al oficio teatral. Por otra parte, la exposición es una invitación a los espectadores a celebrar con nosotros este aniversario tan especial, buscando, en este caso, una complicidad distinta con el público de la que habitualmente gozamos en el escenario.
No pretende ser una exhibición de logros sino una sugerencia para recorrer un itinerario siguiendo los pasos del Teatro Corsario a la vez que sus intimidades, incompletas por supuesto, de su peripecia artística. Una suma de rostros, gestos, lugares y espacios que cuentan historias. Personajes, acciones, ojos, bocas, miradas, expresiones, silencios, escuchas, instantes que fijan momentos irrepetibles. Cada representación teatral es única, porque el teatro se basa en la relación de actores y público compartiendo la transmisión de una historia y la recepción de la misma en un mismo tiempo real para actores y espectadores. Cada instante ocurre en ese instante e inmediatamente deja paso a otro instante, y así hasta la bajada definitiva de telón que marca el final de esa relación.
La exposición, sin embargo, acopia un material compuesto por la exhibición de fotografías, audiovisuales, figurines, muestras de atrezzo, de vestuario, objetos usados que irradian una vida anterior en los escenarios. Carecen de la transferencia que poseen en la representación, pero establecen otro modo de conexión con el espectador o, mejor, con el visitante. Todo lo que se muestra refleja un mundo que expresa un modo de vida, una vocación artística, una entrega al arte del teatro. A veces, de un modo fugaz, se puede vislumbrar quién o quienes son las personas que están detrás del tinglado.
Detrás de este ámbito de ficción, más allá de los ropajes y las máscaras y por entre los recovecos de focos y tramoyas, hay un equipo que dedica lo mejor de sí mismo al teatro desde hace un cuarto de siglo. Son personas que, como las demás, viven con sus ilusiones, sus problemas, sus virtudes, defectos y carencias. Son humanos. La diferencia está en una antigua complicidad para tratar de superarse, de ser mejores, de hacer mejores a los demás, a los espectadores, mediante la recreación de mundos irreales, fantásticos, reales, ficticios, donde habitan los personajes creados por los dramaturgos, esos que muestran desde ópticas diversas el eterno problema que trata de cómo somos por dentro, de cómo somos en relación con los demás. Nos entretienen mediante la reflexión, la pasión, la comicidad, esos recursos que tiene el ser humano para conocerse mejor, para conocer mejor la realidad, o para inventar otros mundos. Porque eso es en esencia el teatro.

Agradecemos a la Obra Social de Cajaespaña su apoyo y patrocinio para llevar a cabo este proyecto. También a la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid por habernos prestado el espacio adecuado, la Iglesia de Las Francesas, para ubicar la exposición.
Queremos destacar de forma especial el apoyo prestado por el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid, que ha decidido que el Teatro Corsario sea la compañía homenajeada en el contexto de la VIII edición del Festival y que, entre los días 23 y 27 de mayo, contribuirá a dinamizar el espacio de la exposición con actividades que se detallarán en el programa de dicho Festival.
Del 18 de mayo al 10 de junio, la iglesia de las Francesas será nuestro cuarto de estar, poblado de recuerdos de familia. Están ustedes invitados.

TEATRO CORSARIO

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  25 años de historia  


Hechizo...

TEATRO CORSARIO

El Teatro Corsario se forma en 1982 y desde entonces el equipo artístico y técnico ha permanecido estable prácticamente en su totalidad. A lo largo de todos estos años el repertorio de la Compañía ha sido muy diverso, caracterizándose, sus últimos montajes, por el tratamiento de temas y autores clásicos en lengua castellana, por un lado, y, por otro, por la puesta en escena de títeres de terror para adultos.
El repertorio clásico se inicia a finales de 1985 con un trabajo sobre las primeras piezas cómicas del teatro castellano, que desemboca en el montaje estrenado en 1986 con el título de SOBRE RUEDAS, a partir de los pasos de Lope de Rueda. Un año después se estrena PASIÓN, que viene a inspirarse en el trayecto que, desde los misterios medievales hasta el teatro religioso del Siglo de Oro, recorre la imaginería procesional barroca.
En 1989, la Compañía monta EL GRAN TEATRO DEL MUNDO, de Calderón de la Barca. Este montaje supuso, por una parte, la revisión de un género tan particular como es el Auto Sacramental, expresión genuina de la Contrarreforma y del Barroco español, y por otra, el uso del verso como herramienta formal que configura todo el espectáculo.
ASALTO A UNA CIUDAD (1991), de Lope de Vega, en versión de Alfonso Sastre, recupera para nuestro repertorio una de las obras menos conocidas de Lope, aunque no por ello menos vigente. La crítica antibelicista que contiene y los sucesos que describe, en torno al asedio de la ciudad flamenca de Maastrich, hacen que el espectador actual pueda realizar una lectura próxima a la de los sucesos y a la coyuntura económica por la que pasa Europa en este momento.
AMAR DESPUÉS DE LA MUERTE (1993), de Calderón de la Barca, es también una obra poco conocida pero que está a la altura de las mejores de Calderón. En ella se cuentan los amores desgraciados entre dos moriscos inmersos en los conflictos étnicos y religiosos que tienen lugar entre las comunidades cristiana y musulmana, años después de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Los desgraciados sucesos conducen a la guerra de La Alpujarra, auténtica guerra civil, y a la expulsión de los moriscos de los reinos de España.
CLÁSICOS LOCOS (1994), es una recopilación de entremeses barrocos, más concretamente de los denominados de figuras, cuyos personajes populares y estrafalarios se mueven en un contexto cuya comicidad reside en la burla y en la trasgresión de las proporciones, la armonía y el decoro. Nuestra antología, EL TIMO DEL SOMBRERO, de Francisco de Castro; EL RETRATO VIVO, de Agustín Moreto; LOS SORDOS, anónimo; EL RELOJ Y FIGURAS DE LA VENTA, de Calderón de la Barca; LOS POETAS LOCOS, de Sebastián de Villaviciosa, y LAS VISIONES DE LA MUERTE, de Calderón de la Barca), ofrece una pintoresca galería de figuras agrupadas en torno a enredos de carácter surrealista, absurdo, loco, en el límite entre lo creíble y lo irreal, lo que les aproxima a ciertas formas dramáticas contemporáneas como el teatro del absurdo y el teatro dentro del teatro.
También en 1994 la Compañía estrena un montaje de marionetas: LA MALDICIÓN DE POE (títeres de terror), basado en los relatos de Edgar Allan Poe y cuya técnica de manipulación es el BUNRAKU, en la que cada articulación de los muñecos es movida por actores –casi invisibles en la frontera de la luz-. Con este montaje, el Teatro Corsario enriquece su campo de trabajo a la vez que trata de diversificar la oferta teatral a programadores y público.
LA VIDA ES SUEÑO (1995), de Calderón de la Barca, es el tercer montaje que el Teatro Corsario realiza sobre este autor. El hecho de que la Compañía adquirió un cierto grado de madurez tras más de diez años trabajando con los clásicos españoles les animó a llevar a cabo el proyecto, a sabiendas de que se trataba de una de las cumbres del teatro español y también de una de las obras más difíciles del repertorio clásico.
COPLAS POR LA MUERTE (1997), no fue construido de un texto teatral determinado, sino a partir de textos poéticos a caballo entre la Edad Media y el renacimiento: El Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita (escrito hacia 1340); la Danza de la Muerte, (finales del s. XIV), y las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, (hacia 1478). Tres visiones sobre la Muerte complementarias que mostraron a través de una visión innovadora, en absoluto arqueológica, a la luz de la Simbología y de los signos escénicos propios de este fin de siglo en el que tanto se ha enriquecido el desarrollo de la puesta en escena.
VAMPYRIA (1998), fue el segundo trabajo de marionetas de terror de la Compañía. Tomando de partida un texto de Jesús Peña, el montaje se inspiró en la literatura y el cine de vampiros. Concebido como espectáculo para adultos, VAMPYRIA se caracteriza por la acción trepidante, los voluminosos muñecos y decorados, la amplitud del espacio escénico y la contundente música compuesta para la obra.
Estrenada en el mes de febrero de 1999, EDIPO REY, de Sófocles, fue la primera tragedia griega que la Compañía llevó a la escena.
En abril del año 2000, se estrenó EL MAYOR HECHIZO, AMOR, de Calderón de la Barca, en coproducción con el Teatro Calderón de la Barca, de Valladolid. El texto es una mezcla de formas teatrales y la puesta en escena sorprende tratando de dar acomodo a esta historia mágica de Ulises y Circe.
En julio de 2001, y en el marco del Festival de Almagro, la Compañía estrena TITUS ANDRONICUS, de William Shakespeare, en lo que se podría llamar su “bautismo shakesperiano”.
El verano de 2002, conoció el estreno de DON GIL DE LAS CALZAS VERDES, de Tirso de Molina, esto es, la incorporación al repertorio de la compañía de la forma comedia en toda su dimensión.
En diciembre de 2003, la compañía estrenó su último trabajo, CELAMA, de Luís Mateo Díez, dando un salto nuevamente hacia el teatro y las historias de ahora mismo.
En octubre de 2005 la compañía abre una nueva línea de actuación con el estreno de LA BARRACA DE COLÓN, un texto de Fernando Urdiales en el que, mediante el recurso escenográfico de una barraca de feria, desfila una “troupe” de artistas de circo y variedades, marginales y defectuosos, que representan a su modo la vida del Almirante, aportando una visión iconoclasta del héroe que nos acerca a su perfil más humano y a su faceta de engañador engañado, de perdedor, en definitiva, que es la alegoría más común del héroe contemporáneo.
Tras el éxito internacional y los premios que cosecharon sus producciones de títeres La maldición de Poe y Vampyria, Teatro Corsario da una nueva vuelta de tuerca con AULLIDOS (2007), un espectáculo en el que la fantasía, el erotismo y el humor negro alcanzan cotas difíciles de imaginar en forma de cuento de hadas para adultos. LOS LOCOS DE VALENCIA, de Lope de Vega, es el próximo estreno de Teatro Corsario para el verano de 2007. Una comedia en la que Lope nos introduce por primera vez en la historia del teatro en el manicomio.

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LA MEMORIA


Coplas... rebelión, (foto Luis Laforga)

TEATRO CORSARIO

La memoria, ahora detenida, de los veinticinco años de andadura de Teatro Corsario, continúa repitiéndose en el título de su primer montaje: “SIN ABUSO DE DESESPERACIÓN”, tres piezas cortas de Tennessee Williams (1982), porque mantener una compañía-empresa durante tanto tiempo en Castilla y León no deja de ser un enganche con el próximo estreno “LOS LOCOS DE VALENCIA”, de Lope de Vega, o de Valladolid, en este caso. Sujetar esos rostros juveniles al paso del tiempo, verlos madurar, o estremecerse, incluso morir, les hace idénticos al espectador que los contempla. Alguien dijo una vez que el primer espectador de un personaje debe ser el actor que le da vida.
El recorrido de Teatro Corsario “A LA CAZA DEL SNARK”, espectáculo sobre textos de Lewis Carroll estrenado en 1983 no ha concluido todavía. Quizás porque el arte dramático tenga algo de imposible, quizás porque, al ser intangible, el miedo y la duda sean necesarios para crear. En cualquier caso ya con “INSULTOS AL PÚBLICO”, de Peter Handke (1986), comprobamos que el público bullía, por lo que no dejamos de necesitar la complicidad del otro, su aquiescencia para continuar.

Aprender. Volver al principio. Repetir. Copiar.
Copiar. Repetir. Volver al principio. Aprender.
Esos aprendices que recogen sus papeles del autor en el “GRAN TEATRO DEL MUNDO”, de Calderón de la Barca (1990) son después los Segismundos y Edipos que se vuelven contra el padre o perecen como el padre.
Esos muertos que recuerda el doctor Cuende en “CELAMA”, de Luis Mateo Díez (2003) repiten a su manera la rueda de “COPLAS POR LA MUERTE” (1997).
Visto el vestuario que cuelga en la exposición, homenaje a diseñadores, sastras, pintores, maestros del hilo y la pasamanería, se sorprenderán del desgaste o de los posos de tiempo engastado en las telas. Esos trajes, herencia de la calle que pisan los vivos, fueron también vestidos de actores distintos, de personajes difuntos. Herencia como memoria, como vuelta a la vida. Reivindicar la tragedia, que no se lleva en estos tiempos tan pueriles y digitales, puede resultar terapéutico. Así en AMAR DESPUÉS DE LA MUERTE, de Calderón (1993), TITUS ANDRONICUS, de Shakespeare (2001) o EDIPO REY, de Sófocles (1999), encontramos ese gen del destino todavía no aislado ni manipulado.
Regresando del terror, y conservando la angustia necesaria para reír, disfruten de los muñecos, véanlos como alguien “fieramente humano”, otórguenles LA VOZ HUMANA, de Jean Cocteau (1984), escuchen sus AULLIDOS (2007), conviértanse en VAMPYRIA (1998) y serán seducidos sin duda por LA MALDICIÓN DE POE (1995), tres espectáculos de Jesús Peña. En el escenario el silencio es lo que mejor se escucha.
En 1987 decidimos entrar con SOBRE RUEDAS, tras los pasos de Lope de Rueda, en los textos del Siglo de Oro español y nos dimos cuenta de que aquellos autores no exhalaban aburrimiento: con CLÁSICOS LOCOS, entremeses de varios autores (1994), descubrimos que bajo el polvo había risa, atrevimiento y absurdo; con EL MAYOR HECHIZO, AMOR, de Calderón (2000), la mitología salía del armario-biblioteca; con DON GIL DE LAS CALZAS VERDES, de Tirso de Molina (2002) servimos una comedia de mujeres en la que hasta los intérpretes son espectadores del engaño.
Conviene regresar al principio. Detrás de cada mirada, de cada objeto, de cada escenografía, de cada imagen, de cada foto, de cada factura, de cada sonido, hay alguien que no vemos. Ellos tienen su rostro y su nombre, forman parte del todo, llegan antes y se marchan después. Son las cuadernas del barco, las armas, el motor... A ellos, tramoyistas, iluminadores, productores, administrativas, regidores, técnicos, montadores... también les pertenece esta nave.
Vamos deprisa, como en COMEDIAS RÁPIDAS, sobre textos de Enrique Jardiel Poncela (1984).
Si con DICIÉNDOLO DE NUEVO, espectáculo poético musical (1992), la música tomaba en directo carta de presentación en los montajes de Teatro Corsario, no ha dejado desde entonces de compartir protagonismo en el ensamblaje general de cada uno de los proyectos. Recordar PARA TERMINAR CON EL JUICIO DE DIOS, de Antonin Artaud (1985), en la cárcel vieja, genera una sacudida, y saber desde entonces que un músico tiene en su cabeza el tempo, los ambientes, los instrumentos y las canciones produce una gran tranquilidad. LA BARRACA DE COLÓN, de Fernando Urdiales (2005), no deja de ser un musical.
Aquí contemplan nuestras horas ya pasadas, asisten Vds. a una representación, la gubia ha ido tallando nuestro cuerpo como en PASIÓN, a partir de textos de los Evangelistas, Diego de San Pedro y Fray Luis de Granada (1988). No somos diferentes a ustedes, ¿verdad? Esperen, vamos al ASALTO A UNA CIUDAD, de Lope de Vega, en versión de Alfonso Sastre (1991), acomódense, dennos una oportunidad, al fin y al cabo LA VIDA ES SUEÑO, de Calderón (1996), vamos a empezar de nuevo la representación, hemos invitado a todos los que estuvieron con nosotros. Comenzamos. Oscuro, música... Hoy es la función más importante porque es la última...
Sin abuso de desesperación desde 1982.

   En la memoria Pepe Urbistondo, Jesús Lázaro.  

TEATRO CORSARIO

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