MIRÓ.


              Su lucha contra la dictadura

del 3 de noviembre de 2011 al 8 de enero de 2012

SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DEL MUSEO DE LA PASIÓN
De martes a domingos, de 12,00 a 14,00 horas y de 18,30 a 21,30 horas.
Lunes, cerrado

Calle Pasión s/n.  VALLADOLID

 

Joan Miró sentía una especial fascinación por Ubú Rey, la obra de Alfred Jarry. Miró quedó seducido por este personaje que representaba al tirano vulgar y sangriento porque, analizado en profundidad, era una denuncia del general Franco. En realidad lo que movía al artista eran las ansias de libertad. A fin de cuentas, el arte es siempre la renuncia de la opresión y la puerta a la eclosión.

La obra de Alfred Jarry (1873-1907), miembro activo de la bohemia parisina de finales del XIX, se inicia con Ubu Roi (Ubú Rey), estrenada en el Teatro de l'Oeuvre de París en 1896, luego vendrán Ubu enchaîné, Ubu sur la butte y Almanach du Père Ubu. Hablamos de los inicios del teatro del absurdo, anticipándose al movimiento Dada con una comedia en la que marionetas, con lenguaje satírico que bebe en las fuentes de Macbeth establece un retrato del tirano como cobarde. El padre Ubú y la madre Ubú encarnan la corrupción y el despotismo. Se adelantan al paradigma de los dictadores del siglo XX y de nuevo la literatura, y su gran aliado el arte, amplifican y representan estéticamente la realidad del momento.

En 1966 Miró daría forma a su primera serie litográfica en torno a la figura de Ubú, el libro de bibliófilo editado por Tériade, titulado Ubu Roi . En 1971 vería la luz la segunda serie de litografías, la que llevaría el título de Ubu aux Baléares. Eran 23 litografías junto a textos alusivos a la obra de Jarry. Cuatro años después, en 1975, Miró trabaja en su último libro sobre el personaje de Ubú. Es L'Enfance d'Ubu, que incluye una serie de 38 obras entre las que se cuenta un grupo de estampas con palabras y textos procaces alusivos a blasfemias y obscenidades propias del acervo mallorquín.

Estos tres cuadernos o libros de bibliófilo culminarán en la materialización tridimensional que supondría representación teatral Mori el Merma. La línea y el color toman el volumen en esta puesta en escena en la que Miró colaboraría con el grupo de teatro La Claca en 1977, bajo la dirección de Joan Baixas. Telón de boca, máscaras y personajes serán pintados por Miró, como Le Chien d'Ubu, presente en esta exposición.

Pero no acaba ahí. En la exposición figuran también varios dibujos preparatorios para los posteriores grabados y litografías; y una completa carpeta con las fotografías, bocetos y anotaciones de Joan Miró sobre los personajes de Ubú. Obras originales y poco conocidas, que nos amplían la visión de un Miró polifacético y comprometido.

Esta muestra es un resumen de la conexión entre Miró y Jarry a propósito de Ubú. El Merma (Ubú) es identificado como el dictador. El propio Miró puso palabras a sus pensamientos: “Ahora todo el mundo ve claro que aquello que Alfred Jarry imaginó era en realidad Franco y los suyos. Esta es la razón por la cual Ubú me ha fascinado durante los años del franquismo, y es la razón por la cual lo he dibujado tan a menudo”.

Las obras aquí expuestas pertenecen a la Colección Serra, formada gracias al esfuerzo y amor por el arte de Pere A. Serra, amigo personal de Joan Miró. En esta ocasión, Ubú nos permite adentrarnos en el mundo mágico de Miró, el gran artista que con su obra luchó por la libertad. Por la libertad del mundo y sus gentes.

Para Pere A. Serra, “la muestra no es sólo muy interesante y atractiva desde el punto de vista artístico, sino que también es valiosa, por su oportunidad. No olvidemos que la sustancia primera del ciclo es una llamada a la libertad, y que es conveniente reproducirla e intensificarla en momentos en los que la sociedad presenta síntomas de turbación. La obra de Miró contiene mensajes que siempre nos invitan a estar atentos para no dar un paso atrás”.

 

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MIRÓ, SU LUCHA CONTRA LA DICTADURA
por Dolores Durán Úcar

UBU ROI. LA LUCHA DE MIRÓ CONTRA FRANCO
Por Pere A. Serra Bauzás
Presidente de la Fundació d’Art Serra

PICASSO Y MIRÓ: UNIDOS A TRAVÉS DE JARRY
Por Lourdes Moreno Molina

Miró, los gestos del dictador
por Dolores Durán Úcar
Comisaria de la exposición

 

 

Comisaria
Dolores Durán Úcar

Coordinación general
Rogelio Araujo

Documentación y catalogación
Carmen Mateu Ramonell


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Dossier
Museos y Exposiciones. Fundación Municipal de Cultura. Valladolid :

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MIRÓ, SU LUCHA CONTRA LA DICTADURA

Por Dolores Durán Úcar


Joan Miró sentía una especial fascinación por Ubú Rey, la obra de Alfred Jarry. Dicho de otro modo, Miró quedó seducido por este personaje que representaba al tirano vulgar y sangriento porque, analizado en profundidad, era una denuncia de Franco y sus ataduras. En realidad lo que movía al artista eran las ansias de libertad. A fin de cuentas, el arte es siempre la renuncia de la opresión y la puerta a la eclosión.

La obra de Alfred Jarry (1873-1907), miembro activo de la bohemia parisina de finales del XIX, se inicia con Ubu Roi (Ubú Rey), estrenada en el Teatro de l'Oeuvre de París en 1896, luego vendrán Ubu enchaîné, Ubu sur la butte y Almanach du Père Ubu . Hablamos de los inicios del teatro del absurdo, anticipándose al movimiento Dada con una comedia en la que marionetas, con lenguaje satírico que bebe en las fuentes de Macbeth establece un retrato del tirano como cobarde. El padre Ubú y la madre Ubú encarnan la corrupción y el despotismo. Se adelantan al paradigma de los dictadores del siglo XX y de nuevo la literatura, y su gran aliado el arte, amplifican y representan estéticamente la realidad del momento.

En 1966 Miró daría forma a su primera serie litográfica en torno a la figura de Ubú, el libro de bibliófilo editado por Tériade, titulado Ubu Roi. En 1971 vería la luz la segunda serie de litografías, la que llevaría el título de Ubu aux Baléares . Eran 23 litografías junto a textos alusivos a la obra de Jarry. Cuatro años después, en 1975, Miró trabaja en su último libro sobre el personaje de Ubú. Es L'Enfance d'Ubu, que incluye una serie de 38 obras entre las que se cuenta un grupo de estampas con palabras y textos procaces alusivos a blasfemias y obscenidades propias del acervo mallorquín.

Estos tres cuadernos o libros de bibliófilo culminarán en la materialización tridimensional que supondría representación teatral Mori el Merma. La línea y el color toman el volumen en esta puesta en escena en la que Miró colaboraría con el grupo de teatro La Claca en 1977, bajo la dirección de Joan Baixas. Telón de boca, máscaras y personajes serán pintados por Miró, como Le Chien d'Ubu, presente en esta exposición.

Pero no acaba ahí. En la exposición figuran también varios dibujos preparatorios para los posteriores grabados y litografías; y una completa carpeta con las fotografías, bocetos y anotaciones de Joan Miró sobre los personajes de Ubú. Obras originales y poco conocidas, que nos amplían la visión de un Miró polifacético y comprometido.

Esta muestra es, como pueden comprobar y sentir, un resumen de la conexión entre Miró y Jarry a propósito de Ubú. El Merma (Ubú) es identificado como el dictador. El propio Miró puso palabras a sus pensamientos: “Ahora todo el mundo ve claro que aquello que Alfred Jarry imaginó era en realidad Franco y los suyos. Esta es la razón por la cual Ubú me ha fascinado durante los años del franquismo, y es la razón por la cual lo he dibujado tan a menudo”.

Las obras aquí expuestas pertenecen a la Colección Serra, formada gracias al esfuerzo y amor por el arte de Pere A. Serra, amigo personal de Joan Miró. En esta ocasión, Ubú nos permite adentrarnos en el mundo mágico de Miró, el gran artista que con su obra luchó por la libertad. Por la libertad del mundo y sus gentes. En su nombre, y en el de Ubú, pasen y disfruten.

Dolores Durán Úcar
Comisaria


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UBU ROI. LA LUCHA DE MIRÓ CONTRA FRANCO

Por Pere A. Serra Bauzás


En el libro El color dels meus somnis de Georges Raillard(1), Joan Miró decía: “Franco, al margen de su política es un hombre físicamente repugnante. Hay rostros que no engañan”.

El libro trata de una larga charla entre Raillard y Joan Miró, que se celebró entre el 3 y el 8 de noviembre de 1975(2), en la misma época en que Raimon escribió y cantó:

D'un roig encés
voldria el món
i dir les coses
tal com són

Joan Miró

La canción estaba dedicada a Miró. Fue en la cena que tuvo lugar después de la exposición antológica celebrada en el Grand Palais parisino con motivo de los ochenta años del artista.

La canción fue rápidamente prohibida en España. Por las mismas fechas Miró en su taller de Palma seguía trabajando en la serie Ubu aux Baléares, que cerraba el ciclo de Ubú. Empezaba a soñar que la obra se viese transformada en la escena.

Haciendo historia del mundo teatral de Miró, en marzo de 1995, se inauguró en la Llonja de Palma una exposición titulada Miró en escena, producida por el Institut del Teatre de Catalunya, la Fundació Joan Miró (de Barcelona) y el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. El Govern Balear, el Consell Insular de Mallorca y el Ajuntament de Palma unieron esfuerzos para que aquella magnífica exposición pudiera verse en la Llonja , como ya he comentado. Tanto la muestra como, sobre todo, el catálogo que se editó, repasaban la relación de Joan Miró con el mundo de la escena, desde sus primeros dibujos de bailarinas (1917), realizadas bajo el influjo de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, que acababan de presentarse en Barcelona, hasta Mori el Merma (Teatre Principal,Palma y Gran Teatre del Liceu, Barcelona, 1978), y L'Ucello Luce (La Fenice, Venecia, 1981). Son, pues, sesenta y cinco años de intensa relación con el mundo de la escena –el ballet, el music hall , el teatro, la pantomima–, que continuaría, al menos, que yo sepa, en otro espectáculo basado en su mundo: Miromar , con música de Pau Frau y coreografía de Angie Leparski (Ses Voltes, Palma y Teatro Beckman, Berlín, 1992), que lamentablemente no tuvo ni las ayudas ni la resonancia que se merecía.

La pasión de Miró por la escena es una historia no tan conocida como interesante.Sea cual sea el aspecto de la obra mironiana en el que fijemos nuestra atención, siempre descubriremos en él un interés muy superior al que en una primera visión nos había despertado. Es así como se desmoronan algunos de los tópicos más anquilosados en la mente de la mayoría de nuestros conciudadanos. Por ejemplo, detrás del supuesto carácter infantil de muchas de sus pinturas, que deben ser la madre de todos los tópicos, encontraremos una sexualidad extremamente cruda o una perturbadora exploración de las angustiadas convulsiones del tiempo que le tocó vivir.

La escena no le atrajo con tanta fuerza sólo porque le fascinara el juego de la representación. La escena era, para él, el gran teatro del mundo, y de él extrajo desde personajes hasta vestidos o máscaras. La trató como figurinista especialmente activo, como cartelista, como coautor –en su decisiva creación de personajes–. Pero, como decía, no era un juego más o menos colorista. Al contrario, vivió el mundo de la escena explorando sus posibilidades de interpretación del mundo en general, intentando encontrar en él paralelismos con el destino de las personas y de los pueblos.

Joan Miró se sintió atraído por el mundo del Ubú de Alfred Jarry ya en los años veinte del siglo XX. Este personaje, sin embargo, no tomará forma en la mente del artista hasta que la vaya asociando poco a poco a la figura del general Franco. Joan Miró veía, en el dictador, la encarnación de las tinieblas, la mano de hierro de la España más negra, la fuerza siniestra, que sembraba de sal los territorios donde había de crecer la libertad. Gran parte de lo que pensó sobre Franco, se ha reflejado en los trabajos sobre Ubú, personaje que finalmente subió a la escena en el montaje teatral del grupo Claca Mori el Merma. La truculencia del título no admite dudas. Aún no hacía tres años que el dictador había muerto, y Joan Miró quería que también muriera en todos nosotros aquello que había representado. La firmeza en su oposición a Franco, expresada en actitudes inequívocas durante la República y durante la guerra civil de 1936-1939, y posteriormente en manifestaciones y en acciones de apoyo a la oposición, explica en gran parte el afecto que sintió por el rey Juan Carlos I, en quien veía un camino de salida de la negra noche del franquismo y la puerta a la democracia, a la libertad.

El ciclo de Ubú, con su culminación en el Merma, recoge un ideario político tan lejano del panfleto como de la ambigüedad. El interés inicial que sentía por este personaje no lo llevó al papel hasta principios de los años cincuenta, durante los cuales trabaja en los primeros dibujos de distintos personajes de Jarry. El personaje, siempre asociado a Franco, acompañó la carrera de Joan Miró durante tres decenios, y, aparte de su inolvidable materialización teatral en Mori el Merma, lo desarrolló, sobre todo, en tres series de litografías para otras tantas ediciones de bibliófilo.

Ésta es la segunda vez que se exponen juntas las tres grandes series del ciclo de Ubú: Ubu roi (1966), Ubu aux Baléares (1971) y L'Enfance d'Ubu (1975). En el largo centenar de litografías puede observarse multitud de caricaturas de Franco. Dos años después de esta última serie litográfica, se reunió en Palautordera con algunos miembros del grupo de teatro La Claca, y así comenzaron los trabajos que desembocarían en Mori el Merma, que podríamos considerar el final de una historia que, vista con la perspectiva suficiente, adquiere una importancia significativa en el conjunto de la obra mironiana. Ahora, y por primera vez, la muestra litográfica se ve enriquecida con un personaje de Mori el Merma, se trata de “Le Chien d'Ubu”. Figuran también varios dibujos preparatorios para los posteriores grabados y litografías, además de una completa carpeta con las fotografías, bocetos y anotaciones de Joan Miró, sobre los personajes de Ubú. Por primera vez en la historia podrá admirarse la más amplia colección mironiana destinada a su lucha contra Franco.

Con estos antecedentes, se comprende que sea para mí un gran honor que se presente la sala Municipal de Exposiciones del Museo de Pasión de Valladolid esta exposición sobre el ciclo Ubú. La muestra no es sólo muy interesante y atractiva desde el punto de vista artístico, sino que también es valiosa, en mi opinión, por su oportunidad. No olvidemos que la sustancia primera del ciclo es una llamada a la libertad, y que es conveniente reproducirla e intensificarla en momentos en los que la sociedad presenta síntomas de turbación. La obra de Miró contiene mensajes que siempre nos invitan a estar atentos para no dar un paso atrás.

El honor de presentar esta exposición en Valladolid no puede ni ha de dejar de lado mi agradecimiento a la Fundació Pilar i Joan Miró y a la Successió Miró , sin cuya colaboración se habrían multiplicado las dificultades para llevar a buen término uno de los proyectos en los que he puesto más ilusión.

(1) Editorial Lleonard Muntaner.
(2) Franco moría unos días después.


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PICASSO Y MIRÓ: UNIDOS A TRAVÉS DE JARRY

Por Lourdes Moreno Molina

Generar un ser tan esperpéntico, grotesco y miserable era un asunto que sólo podía ser solventado por ese momento de la historia occidental en que las rupturas, de tan necesarias, se vuelven imprescindibles. Y ese momento no era otro que el incipiente instante en que se produce la primera onda que empujará al resto consecutivamente a para producir otras. De esta forma, las vanguardias comenzaban a surgir haciendo que la creación se convirtiera en sinónimo de rebeldía, contradicción, desenfado, inconoclastia... Y este personaje, o esta piedra de toque, de la que otros partirían, no era otro que Ubú. Ubu roi, rey de la miseria, del escándalo, de la ausencia de ética, de lo subversivo.

Parece más que probado, a pesar de los deseos de Max Jacob, quien tenía fama de una desbordada imaginación en el relato de los acontecimientos reales, que Picasso y Jarry no se encontraron nunca. Pero Picasso sentía una gran admiración por este autor, casi podríamos decir que era auténtica fascinación. Si con Apollinaire encontró un igual en el mundo de la literatura, donde se alimentaban y apoyaban sus ideas, Jarry estaba en un nivel aún superior, por su transgresión creativa, tan alejada del mundo simbolista, por su peculiar forma de vivir y traspasar por sí mismo los límites que había establecido para su peculiar personaje. Por ello, su forma de vida y su obra, encarnaban, probablemente el concepto de héroe intelectual en el cual podía mirarse Picasso, sin llegar, por supuesto, éste último, amante visceral de la vida, al extremo de pagar las consecuencias que, por desenfreno, condujeron a Jarry a una decadencia física importante, y, finalmente, a la muerte con sólo treinta y cuatro años.

Picasso llegó a tener un retrato de Alfred Jarry, dibujo a lápiz y tinta de color, realizado entre 1901-1905 por Hermann-Paul. También llegó a tener su pistola, un viejo y herrumbroso Browning, con el que el pintor intentó emular a Jarry, conociendo que éste había disparado una bala, al poeta belga tartamudo Christian Beck durante el banquete del Mercure de France, en 1897, y que, en abril de 1905, volvió a disparar, esta vez a Manolo Hugué, por mantenerse sobrio en una cena organizada por Maurice Raynal, creando una situación peligrosa por un motivo absurdo. Picasso estaba muy orgulloso de esta posesión, e incluso llegó a utilizarla, en el “Lapin Agile”, para ahuyentar a tres jóvenes que acabaron con su paciencia al preguntar demasiado por sus teorías estéticas.(1).

Alfred Jarry nació en Laval el 8 de septiembre de 1873. En 1891 llega a París donde prosiguió sus estudios. Junto a sus compañeros representaron Ubu roi y Ubu cocu. En 1893 comienza a frecuentar las galerías de arte, entre ellas la de Vollard. Entre este año y el siguiente realiza las primeras representaciones privadas de Ubu roi y Ubu cocu . En 1896 publica su primera versión de Ubu roi en Livre d'art, revista dirigida por Paul Fort. Publica Paralipomènes d'Ubu en la La revue blanche. La representación pública de Ubu roi, el 10 de diciembre, fue seguida de un gran escándalo de la crítica. En 1898, con la colaboración de Pierre Bonnard, que realiza las marionetas representa Ubu roi en versión para marionetas, en el Théâtre des Pantins. En 1903, se acerca al círculo de Picasso ya que conoce a Max Jacob e inicia una relación epistolar con Guillaume Apollinaire.

Con el personaje de Ubú, Alfred Jarry realizó una parodia sobre el poder y la sociedad, situando en el mismo plano lo sublime y lo grotesco. En realidad el autor tenía un pensamiento muy peculiar al respecto porque pensaba que la creación del escritor debe ser como el estómago de un avestruz en el que se deglute todo y en el que se da cabida a un montón de posibilidades. A partir de 1910 la obra de Jarry fascinó a muchos de los artistas de las vanguardias. Inspiró a numerosos surrealistas, dadaístas y también a los creadores del teatro del absurdo. Marinetti la conoció mucho antes de la creación del futurismo, Breton lo cita a partir de 1915 en su relación epistolar. En 1923, Max Ernst pinta Ubu Imperator, y esta influencia continuaría en otros autores como Salvador Dalí, Benjamin Péret o Philippe Soupault (2). De esta forma su legendario eco de provocación y ruptura se iría expandiendo.

Entre los muchos puntos en común existentes entre Picasso y Miró no sólo se encontraba un mismo posicionamiento para el arte y una amistad basada en el respeto mutuo por el trabajo, sino también un sentimiento político radical en contra de los sistemas fascistas. En el punto en el que confluyeron sus ideas más rupturistas se encuentra la fascinación, también común, por Alfred Jarry y su personaje más conocido. Por ello, el malagueño realizó una serie de grabados con este personaje, e incluso, se inspiró en esta obra de teatro para la farsa Le Désir attrapé par la queue, realizada en enero de 1941. Por su parte, el mallorquín realizó tres libros ilustrados, con un gran número de grabados dedicados a este asunto.

Desde la seguridad que le confería la lejanía parisina, Picasso realizó dieciocho viñetas para la carpeta de grabados, aguafuerte y aguatinta, Sueño y Mentira de Franco, realizada en 1937. De ellas doce acogen la imagen grotesca del dictador inspirada en el personaje de Ubú, nueve en el primer grabado y tres en el segundo. El paralelismo formal con las ilustraciones que el propio Jarry creó para representar a su personaje es evidente, y en él se apoya para criticar al general con un sentido irreverente, satírico y grotesco. Picasso llegó a tener una de las xilografías que había realizado Jarry. Para su personaje, el escritor trazó la iconografía de un ser informe tocado con una especie de capirote que lo hace estar cercano a imágenes del siniestro Ku-Klux-Klan. En las imágenes creadas por Picasso el dictador aparece en diversas actitudes: destrozando una figura clásica, atravesando el estrecho en barca con un falo gigantesco, como general victorioso sobre un caballo herido, cuyas tripas se le van saliendo al tiempo que el sol sonríe absurdamente, adorando religiosamente al dinero, o con mantilla y peineta y con un abanico donde se representa a la Virgen del Pilar.

Joan Miró también se basó en este mismo personaje, con un mayor peso cuantitativo y, además, lo hizo viviendo en Mallorca, desde territorio español, con una clara actitud de rebeldía e insolencia. Tres son los libros que ilustró con este asunto: Ubu roi, 1966, seguido de Ubu aux Baléares en 1971 y L'Enfance d'Ubu en 1975. Ubu roi, presenta trece grabados, Ubu aux Baléares, con veintitrés litografías y siete páginas de texto caligrafiado sobre piedra, en los que la temática de Ubú se mezcla con un repertorio de frases populares mallorquinas, que se adaptan al protagonista de esta historia. Por último, en L'Enfance d'Ubu son veinticuatro litografías que siguen el tono similar al anterior. Todos ellos suponen un importante conjunto referido a este asunto.

Fue André Masson quien introdujo a Miró, desde 1925, en el mundo de la literatura, presentándole a un buen número de poetas y escritores. El propio pintor declaró que ellos le interesaban mucho más que los artistas plásticos. Impresionado, sobre todo, por las ideas que expresaban y por su poesía, Miró leía con afán durante la noche. Por ello las referencias en la obra de Miró hacia la literatura son frecuentes, y éstas no sólo se centran en textos de sus amigos surrealistas, Breton, Éluard, Leiris, Tzara, sino también en los autores redescubiertos por ellos. Esta conexión, al igual que en Picasso, fructificó en el trabajo de obra gráfica en los libros ilustrados, de los cuales Miró llegó a realizar doscientos sesenta y dos, frente a los ciento cincuenta y seis del malagueño.

Ubu roi como sátira teatral y como personaje representativo del poder absolutista fue pronto asumido por Miró como un elemento de denuncia de la situación política española. Entre su pasión por la literatura y su deseo de apoyar a su país en la lucha por la libertad Miró tomó prestado este asunto: Ahora todo el mundo ve claro que aquello que imaginó Alfred Jarry era en realidad Franco y los suyos. Esto es la razón por la cual Ubú me ha fascinado durante los años del franquismo, y es la razón por la cual lo he dibujado en tantas ocasiones.

1 RICHARDSON, John Picasso, una biografía, 1881-1906, Madrid, Alianza Editorial, 1995, p. 363.
2 GUIGON, Emmanuel, “De la pintura a la patafísica”, en AA.VV. Alfred Jarry¨de los Nabis a la patafísica, IVAM Centre Julio Gonzalez, 2000, pp. 115-144.


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Miró, los gestos del dictador

Por Dolores Durán Úcar


Si estuviera en tu lugar quisiera instalar ese culo en un trono. Podrías aumentar indefinidamente tus riquezas,comer muy a menudo morcilla y rodar en carrozas por las calles.

Ubú Rey. Alfred Jarry

Joan Miró sale a escena, saluda con unas palabras al público, acompañado de una corte de personajes cuyas caras rasgadas por un trazo rojo simbolizan la libertad de expresión y recuerdan el diálogo de la barbarie, del absurdo y la tiranía representada en el dictador vulgar y sangriento. Se presenta Mori el Merma en el Teatro Principal de Palma y posteriormente en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, corre el año 1978, apenas tres años después de la muerte del dictador español Francisco Franco.

Un día, en un jardín de Corbeil, Jarry se divierte descorchando champán a pistoletazos. Al otro lado de la cerca, la dueña del chalet vigila a sus hijos. Al llegar algunas balas hasta allí, aparece con atuendo de provinciana y se introduce ceremoniosamente. Indica al ama de casa que ella no ha alquilado un campo de tiro, y añade, muy digna, que sus niños podrían ser víctimas del juego. “¡Eh! –interviene Jarry– ¡que eso no le preocupe, señora, le haremos otros!” (1).

La pistola que Alfred Jarry blandía en sus años parisinos posteriores a la publicación de Ubú Rey, imbuido de su propio personaje, se convierte en pincel en la biografía de un Miró contestatario, rebelde, inconformista, fiel fascinado seguidor de las actitudes surrealistas conocidas en París, inquieto y atento observador de las cuitas del Père Ubu y su mujer en un país en el que la tiranía dormita con lo soez y el absurdo con lo jocoso.

De reyes y marionetas

Treinta años después de la prematura muerte de Alfred Jarry, miembro activo de la bohemia parisina de finales del siglo XIX, en 1937, Joan Miró revela por primera vez su manifiesto interés por el personaje de Ubú con su participación en la elaboración del programa de mano de Ubu enchaîné, presentado por la Compagnie du Diable Écarlate en la Comédie des Champs-Élysées con decorados de Max Ernst. Junto a él, nombres como Paul Éluard, Pablo Picasso, Man Ray o Yves Tanguy.

Cuarenta años antes se había estrenado por primera vez en el Théâtre de l'Oeuvre de París Ubú Rey , obra en la que un adolescente Jarry daba forma, para un teatro de marionetas, a la figura del dictador Ubú, primer antihéroe del teatro universal, prototipo del dictador vulgar y sangriento. De Ubú, Jarry facilitaría además su fisonomía en dibujos alusivos que habrían de ser reinterpretados con posterioridad por un elenco de artistas entre los cuales no sólo estaría Miró sino también Picasso, Pierre Alechinsky o Pierre Bonnard, David Nash o Sue Flanagan décadas más tarde.

A Ubú Rey le seguirían Ubu enchaîné, Ubu sur la butte o Almanach du Père Ubu. Alfred Jarry, conocido en París como el indiano por su atuendo y apariencia, habría de formular las bases del teatro del absurdo, anticipándose al movimiento Dada, con una comedia satírica que bebe en las fuentes de Macbeth para establecer un retrato del tirano como cobarde. El padre Ubú y su mujer encarnarían la corrupción y el despotismo y se erigirían en paradigma de los dictadores del siglo XX.

A Joan Miró y Alfred Jarry les unió, por tanto, la forma más directa de surrealismo y al mismo tiempo más cruel y grotesca, la libertad total a la hora de expresarse rompiendo las reglas y un interés por lo popular. Así pues el dramaturgo y el artista, cuyas biografías se encabalgarían en el tiempo, habrían de permanecer unidos por un sutil hilo de rebeldía manifiesto en diferentes formatos, desde la palabra a la línea, de la caricatura a la tercera dimensión de la máscara.

Los años blasfemos

Miró había comenzado en 1937 un trabajo en torno a la figura del dictador con la participación en el cuaderno de mano de Ubu enchaîné que traería posteriores y fructíferas inmersiones de su pincel y su paleta en un universo fantástico y surreal. En 1966, manteniendo ese interés por la obra de Jarry, el artista daría forma a su primera serie litográfica en torno a la figura de Ubú, el libro de bibliófilo editado por Tériade y titulado Ubu roi . En ella el artista hace gala de un dominio del volumen y un repaso del concepto de escultura. La paleta de esta serie de trece litografías se vuelve violenta, colorida hasta la acidez, contrastada y babélica. Ubú, en la línea de la fisonomía apuntada por el propio Jarry en su primera edición, aparece protagonista de La revue o de Le sommeil du Père Ubu Campos de color se solapan en un lenguaje encasillado y plano implacablemente mironiano, ampliamente violento.

Pocos años después, en 1971, vería la luz la segunda serie de litografías en torno al personaje de Ubú, la que llevaría el título de Ubu aux Baléares, veintitrés litografías, éstas todas firmadas, junto a siete no firmadas con textos alusivos a la obra de Jarry. En esta ocasión la mano de Miró se vuelve lineal, su lenguaje, aunque igualmente desgarrado y ácido, transcurre ahora por paisajes limpios apenas esgrafiados por líneas mezcladas con palabras y frases como Portées par le vieux general les oreilles epinglées sur ses fesses marchez à droite, visez à gauche, visez à gauchedroite (2). El negro sobre blanco actúa de forma similar en las imágenes y en las palabras, cambiando en ocasiones la línea de color para acentuar la sensación de volumen.

En L'Enfance d'Ubu, siguiente y última serie de litografías de Miró en torno al personaje de Ubú, el lenguaje cambia radicalmente de nuevo, volviéndose sintético y utilizando la morfología del collage para transmitir ahora pequeñas constelaciones en las que de nuevo aparecen imágenes caligráficas cohabitando con volúmenes y gestos en sí mismos. Se trata en este caso de una serie de veintitrés litografías publicadas en 1975 con textos procaces alusivos a blasfemias y obscenidades propias del acervo mallorquín, reunidos en quince litografías no firmadas.

Estos tres cuadernos, o libros de bibliófilo, y un cuaderno de cincuenta dibujos collages, L'Auca d'Ubu, que conserva la Fundació Miró de Barcelona (3), culminarían en la materialización tridimensional que supondría la ya citada con anterioridad Mori el Merma, en la que Merma es identificado como el dictador y concretamente con el dictador Francisco Franco. Ahora todo el mundo ve claro que aquello que Alfred Jarry imaginó era en realidad Franco y los suyos –afirmaría el propio Miró–. Ésta es la razón por la cual Ubú me ha fascinado durante los años del franquismo, y es la razón por la cual lo he dibujado tan a menudo. (4).

La línea y el color toman el volumen en esta puesta en escena en la que colaboraría Miró con el grupo de teatro La Claca en 1977, bajo la dirección de Joan Baixas. Telón de boca, máscaras y personajes pintados por Miró, una colección de volúmenes salpicados de pintura y contorneados por gruesas líneas de color. Grandes y saltones ojos, enormes narices o pies descomunales puestos al servicio de una paleta básica. Todo ello se recoge en un dossier en el que encontramos anotaciones del artista, gráficos, líneas sinuosas o manchas del color que pintará los personajes finalmente en la puesta en escena final.

Son las nueve de la mañana. Hay todo tipo de pintura en los cubos, botes, barreños, aspersores, junto a pinceles, brochas, escobas, trapos, papeles. Los muñecos crean una penumbra blanquecina que reverbera sobre las balas de paja. […] Miró hace algunos comentarios mirando los campos, tenso y claro, nervioso, su aspecto es de un viejo luchador admirable. […] Parece indeciso. Nadie habla. Miró viste el mismo mono blanco que llevamos todos los actores. Se arregla la espalda alzando los codos, se lo adapta a la cintura y entra en el taller, observa la lona en el suelo, pide una escoba, me da indicaciones de cómo quiere que le aguante el cubo de pintura negra y empieza a pintar la espiral con total seguridad. (5)

Magnificación del absurdo

La intensidad de la búsqueda de Miró en nuevos terrenos artísticos le había llevado ya en ocasiones a acercarse a la literatura, en especial a la creación poética, trabajando para libros de bibliófilo junto a la pluma de Paul Éluard, André Breton, Jacques Dupin o Joan Brossa.

Por su parte, Alfred Jarry había sido de trascendental importancia en las vanguardias, tanto por su teatro como por sus artículos periodísticos, donde lo surreal y lo corrosivo se daban la mano, y por sus novelas, entre las que es necesario rescatar las Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, de la que nace el concepto de patafísica, acuñado en primera instancia por el dramaturgo y retomado un año después de que se publicasen sus Obras completas, en 1948, con la fundación del Colegio de la Patafísica. Por las filas del Colegio de la Patafísica, ciencia de las soluciones imaginaria, que acuerda simbólicamente a los lineamientos de los objetos las propiedades de éstos descrita por su virtualidad, pasarían personajes de las vanguardias tan significativos como Eugène Ionesco, Marcel Duchamp, Enrico Baj, Boris Vian, Max Ernst o el propio Joan Miró.

El artista habría encontrado en el lenguaje y la puesta en escena de Jarry el caldo de cultivo idóneo para sus propias derivaciones surrealistas y Ubú Rey supondría para él, además, la simbolización de un sentimiento que desde hacía años venía rondando su cabeza: frente al poder sólo hay una posición: ridiculizarlo para destruirlo . Con su coreografía y la misse en scene de Mori el Merma, en la que el Merma representaba al dictador, tanto Miró como la compañía de Joan Baixas recibirían críticas que sobrevivieron al lado de ciertas fascinaciones. Era demasiado reciente la muerte de Franco todavía, sin embargo el artista sublimaba de forma definitiva su posición ante la dictadura que durante décadas había ensombrecido España. Algo que habría hecho en sus series litográficas citadas arriba, pero que ahora conseguía pasar a la tercera dimensión y a la orden de la palabra hablada. El absurdo se mezclaría no sólo en su paleta sino también en su concepción de volúmenes ahora.

1 BRETON, André. “Alfred Jarry”. Los pasos perdidos, Alianza Editorial. Madrid, 1972.
2 "Dirigidos por el viejo General, con las orejas bajas hasta el culo, caminando a la izquierda, derecha, izquierdaderecha".
3 MALET, Rosa M.ª L'Auca d'Ubu. Dessins de Miró. Centre National d'Art et de Culture Georges Pompidou. Paris, 1978.
4 MIRÓ, Joan. Ceci est la couleur de mes rêves. Apéndice El Algarrobo (París, mayo de 1977), en RAILLARD, Georges. Entrevistas con Miró , Ed. Gedisa. Barcelona, 1978, p. 237.
5 Fragmento del cuaderno de notas de Joan Baixas, director de Mori el Merma en “Nadar contra corriente desarrolla los biceps”. Joan Miró i el món d'Ubú. Ubu aux Baléares, Es Baluard. Palma, 2006.

 

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