PALABRAS ENVIADAS POR LYDIA LUNCH PARA LA INAUGURACION DE SU EXPOSICIÓN EN VALLADOLID
Saludos,
Y gracias a la Fundación Municipal de Cultura y a Contemporánea por organizar esta exposición y ofrecerme el tiempo y espacio para presentar una amplia sección de mi obra a la gente de Valladolid. Me hubiera gustado estar con vosotros allí para compartir esta experiencia. A través de mi música, vídeos y especialmente a través de las imágenes que se encuentran aquí, espero poder ofrecer una visión completa sobre los motivos que me llevan a crear. La insistente necesidad de expresarme a través de un arte que está empapado en las vísceras de mis obsesiones. Y yo estoy obsesionada.
Obsesionada con la Guerra: que para mí es como un virus que afecta al hombre y del cual no se curará hasta que la codicia, la decepción y la violencia haya sido borrada de nuestros discos duros genéticos.
Obsesionada con la decadencia: El estado vital de un limbo transmutante, que busca recordarme mi propia mortalidad, y como consecuencia la importancia de dejar una huella sobre la faz de la Historia.
Obsesionada con la Historia: no solo documentando la mía propia a través del método perverso del periodismo autobiográfico, sino también obsesionada con la terca negativa del hombre a aprender de la historia y con el estado en el que se encuentra nuestro planeta al repetirla constantemente.
Y habiendo dicho esto, es evidente por qué estoy ahora tan obsesionada con Belchite. Una hermosa ruina decadente de una escena de guerra donde la evidencia de la violencia humana ha dejado una cicatriz permanente en el planeta.
En un sentido, mi obra siempre ha hablado de las pesadillas, la tragedia y de la violencia, pero en lugar de jugar el papel de la víctima de las terribles consecuencias, intento reclamar la experiencia, y a través de la música, la literatura y las imágenes creo algo bello de las heridas de guerra de mi fracturada psique.
Llevo 6 años viviendo en Barcelona. Y es el periodo de tiempo más largo que he pasado en una misma ciudad.
Pero toda España me atrae. Es su historia, brutal y resistente al mismo tiempo. Su insistencia sobre la belleza de su arquitectura, la belleza y brutalidad en el arte que ha producido desde Goya, Goytisolo, Gaudí, Cervantes, Dalí, y de aquellos que sintieron su inspiración aquí, como George Orwell y Ernest Hemingway.
Pero últimamente es más el espíritu de las personas aquí, ahora, que me hacen sentir más en casa de lo que jamás haya sentido en la tierra que abandoné. Un país cuya codicia, decepción y violencia sin duda me ha decepcionado, y cuya insistencia firme en una Guerra sin final me ha forzado a encontrar refugio aquí. Gracias por darme la bienvenida.
Disfruten
Lydia Lunch
14 de Octubre de 2010
LA EXPOSICIÓN :
“LYDIA LUNCH. RETROSPECTIVA” es una exposición-instalación
de fotografía, vídeo, poesía, música y ediciones varias que explora
el trabajo de esta cantante, poeta, escritora, actriz y fotógrafa
norteamericana cuya carrera cobra impulso en la escena punk de la
No Wave del Nueva York de 1976. Su extensa y diversa obra se
caracteriza por la independencia, provocación y confrontación y
mantiene la ética del "Hazlo tú mismo" y la anti-comercialidad.
Aclamada por el Boston Fénix como "una de las 10 permorfers
más influyentes de los años 90", ningún otro artista del siglo XX
ha luchado, ha interpretado, y ha esculpido su propia visión
artística de un modo tan únicamente original. Desafiando la
clasificación, Lydia Lunch (EEUU, 1959) ha conquistado activamente
nuevos territorios, y ha ganado el reconocimiento internacional
para la calidad innovadora de su trabajo. Lunch es una mujer
polifacética, conscientemente inclasificable y capaz de mezclar con
una naturalidad asombrosa cualidades tradicionalmente atribuidas
a los hombres con otras que pertenecen a la naturaleza femenina.
Aborda con absoluta devocion pero aparente displicencia temas
que golpean de lleno en lo políticamente incorrecto. Lunch tiene la
facultad de romper con cualquier idea preconcebida. Ella es, en
teoría, una de las grandes reinas de la No Wave neoyorquina. Una
de las figuras esenciales del underground universal y, también,
performer, poeta, escritora de prosa, artista multimedia, cantante,
músico, compositora y una de las grandes impulsoras del spoken
word que iniciaron sus amigos y mentores de la generación beat
(William Burroughs o Allen Gingsberg). Ha colaborado con docenas
de otros visionarios, entre los que se incluyen Hubert Selby Jr.,
Karen Finley, Richard Kern, Sonic Youth o Nick Cave.
Esta exposición es la primera vez que se realiza en España, y tras
su paso por Valladolid recorrerá algunas capitales europeas.
En esta muestra destaca la fijación de Lunch por las ruinas de
Belchite; ruinas que le sirven para continuar explorando nuevos
medios y maneras para conjurar -o renovar- sus demonios.
PRESENTACIÓN
En este mundo mediatizado de hoy, en el que estamos bajo una
anestesia permanente y en el que nos tienen bajo control, el
conjunto de los humanos parecemos un rebaño de ovejas listo para
dejarse guiar por el amo, y en el que ni siquiera son nuestros
balidos de masa informe los que se oyen, porque ni se nos deja oir
ni gritamos por apatía.
La voz de Lydia Lunch es la que nos recuerda que debemos
tomar posición en el espacio y en el tiempo que nos toca vivir. Es
de una melodía molesta, incómoda, inconformista y reveladora de
todas las miserias que inundan nuestro cuerpo e impiden que
seamos felices y libres.
No es muy extraño que se fije en el episodio de Belchite, y nos lo
ofrezca como ejemplo de ejercicio de exorcismo de sus propios
fantasmas. Y, por ende, de los nuestros. Como una médium, Lydia
Lunch se sitúa entre los olvidados y nosotros, recordándonos la
tarea de que si no limpiamos las manchas que pueblan nuestro
ADN, vamos a seguir contaminando a las generaciones futuras.
Y es que el trauma lo inunda todo. Heredado y asimilado nos
conduce a lo que somos. Perdida nuestra inocencia, la mirada
podrida, elegimos el mejor camino que podemos alternando con
las sombras de la muerte y la enfermedad que nos rodean, la
violencia diaria, la tentación del suicidio, el sexo insatisfecho, las
drogas amigas, la envidia, los complejos y los tabúes. Batallas que
sortear dentro de una guerra cuyo final ni siquiera ya está en
nuestras manos.
Eso sí, dentro de la línea de tiempo oscura que comienza tras esa
pérdida de la inocencia, lo único que nos queda es montárnoslo-lomejor-
posible. Despertar. Y está bien que alguien nos lo recuerde
de vez en cuando para no perder ni un minuto más.
Mario Martín
Comisario de la exposición.
EL TRABAJO DE
LYDIA LUNCH por Jack Sargeant
"No hay nadie que pueda besar
sin sentir la sonrisa de los sin rostro;
que no hay nadie que pueda tocar
un bebé y olvidarse de los cráneos inmóviles de los
caballos".
Federico García Lorca
No hay catarsis pequeña y sencilla en el trabajo de Lydia Lunch.
Lo emocional es visceral y no psicológico. Hay pocas ganas de
entretener para saciar las exigencias de la audiencia. Esto no
quiere decir que el placer no exista en su trabajo, pero los
acontecimientos y emociones de los intercambios como el placer
experimentado pueden ser irreconocibles.
A principios de 1976, el grupo de adolescentes del downtown
de Nueva York, se quedó en el apartamento Kitty Bruce, y salía al
CBGB como la mayoría de los que emergían en la escena punk.
Pero cuando el punk comenzó a hincharse, No Wave estaba
dispuesto a borrar su cadáver. Proclamaban la brutalidad atávica
de sus raíces con ruido minimalista, free jazz, y con la
posibilidad de la violencia. No Wave fue una respuesta al edípico
silbido de punks matando a sus padres con el fin de
reemplazarlos. No Wave buscó una ferocidad que habló más a
menudo de la inutilidad y la desesperanza, no sólo de la
existencia actual, sino de la naturaleza misma de toda la posible
existencia.
La principal contribución de Lunch a la No Wave fue como
vocalista y guitarrista de Teenage Jesus and The Jerks, cuyas
grabaciones y su corta vida desmienten su influencia en la
música rock experimental. Caracterizada por sacudidas y
puntuales golpes de batería y gritos distorsionados de guitarra,
la música se construía como un asalto fonético de Lunch. Sus
posteriores exploraciones musicales no disminuyeron la
intensidad sonora. No Wave sigue siendo fundamental, la
ferocidad rigurosa y la belleza que la definió constata la práctica
creativa posterior de Lydia Lunch. En pocas palabras:
experimentar con el medio, superar las fronteras, enfrentarse a
uno mismo y al público, ser auténtico ante la visión creativa, no
lamentar nada, no degradar la creatividad individual. Su trabajo
en cine, teatro, Spoken Word, la literatura y el arte mantiene
estas premisas, y sigue la senda de una serie de temas que
trazan una economía de la desesperación y delinean una esotopia
de la aniquilación psico-sexual.
El trabajo de Lydia Lunch reconoce y celebra el deseo desatado
y la irrupción libidinal. La urgencia hacia el discurso sexual
puede ser un lugar propio para las publicaciones rosas y la
televisión del corazón, pero dentro de los habituales relatos de
sexo a menudo se presentan de forma rudimentaria y
simplemente como una fuente de problemas; problemas con la
necesidad imperiosa de solucionarlos, o velados tras un discurso"políticamente correcto". El trabajo sobre el deseo sexual de
Lunch se convierte en un tema que se explora con la claridad
excepcional de un patólogo forense.
En la película Dedos, dirigida por Richard Kern, su estrella y
colaboradora Lydia Lunch profundiza en su fascinación psicosexual
con una fuerza infinita
no domesticada. Cuando la otra actriz, Marty Nation, introduce
sus dedos lubricados con aceite de cárter podrido y de profundo
negro en su culo se cruza una línea, es el espectador el que está
obligado a abordar su propia comprensión de placer sexual, el
concepto de consentimiento y sus límites.
La película deja claro en su escena de apertura, que es"catering sólo para nuestras propias preferencias, como
miembros de la minoría sexual". El artista ve su deseo como una
manifestación esencial de lo que se refiere con frecuencia como
su "enfermedad"; necesidad sexual evidenciada como un
sarpullido rojo que necesita ser constantemente rascado. Aquí la
concupiscencia surge libre de represión, la autocracia física del
sujeto humanista sumergida bajo la pureza de la necesidad de
sentir a cualquier precio.
LA FOTOGRAFÍA DE LYDIA
En su arte visual Lydia Lunch adopta un instintivo enfoque, el
chaparrón de viva voce que define su música, el Spoken Word y
el cine no podría existir en el marco estático de la imagen
fotográfica, que está necesitada de una forma diferente de
intervención.
Sin preocuparse por las sutilezas técnicas, sus imágenes son
de diferentes tipos, no se conciben de forma simple, sino como
una serie de experimentos en curso ya sean naturalistas,
abstractas o experimentales, ya sean analógicas o digitales. Lo
que tienen en común es la misma intensidad que su obra escrita
y musical, puesta de manifiesto desde el rigor de su mirada.
Cada fotografía intenta dar en el clavo, examinar la psicología
que se encuentra oculta, la apertura de lo reprimido mediate un
examen meticuloso.
Sus primeras fotografías son retratos casi tradicionales que
representan los jóvenes que rondaban por su barrio de Nueva
Orleans. Atrapados en la frágil
inminencia del interminable verano gris entre la infancia y la
edad adulta, estas imágenes intentan capturar la posibilidad de
un futuro aun no desarrollado. Al mismo tiempo comenzó a
fotografiar Lunch las casas abandonadas, las chozas de caza, y la
detritus encontrada en descampados urbanos. Todos esos
decadentes edificios de madera, coches oxidados, y colchones
sucios, podridos y orinados, se convirtieron en una serie de
fotografías originalmente denominadas como "Escenas de los
crímenes aún no cometidos". Lugares embarazados con una
belleza nihilista y una fuerza brutal.
Si estas obras tienen que ver con una historia que aun no está
escrita, entonces las fotografías de Lunch sobre las ruinas de la
ciudad española de Belchite poseen el enfoque opuesto: Cavar a
través del peso de las ruinas buscando las huellas de la historia,
el trauma, la geografía y el paisaje. Belchite, donde en dos
semanas sangrientas de agosto de 1937 se estima que 6.000
personas perdieron la vida, y su paisaje en ruinas y los campososario
es precedente de la masacre humana de la Segunda
Guerra Mundial. Las fotografías de Lunch sobre la ciudad
escanean de forma traumática el paisaje, los esqueletos de las
ruinas, y la podredumbre de los edificios, como un matadero
tallado en la profundidad de la psique.
La historia puede versar sobre arqueología, sobre excavaciones
en la suciedad, pero en el caso de un paisaje-trauma hay que
hacer esa excavación a cuatro patas, escarbando con los nudillos
ensangrentados el duro y seco suelo hormeado por el sol. Si la
guerra ha definido la sociedad, entonces también ha puesto de
manifiesto una desagradable verdad acerca de la humanidad. La
guerra es el infierno del que han surgido nuestras sociedades y
al que, de vez en cuando, vuelve. Sin embargo, en esta promesa
de la destrucción existe la posibilidad de la belleza. Entre estos
escombros hay una estética frágil.
La seductora naturaleza de la delincuencia y el hedor de la
crueldad llama a la colaboración con el fotógrafo, criminólogo, y,
a veces, tiburón profesional de piscina, Marc Viaplana. Los
documentos del trabajo y la relación de Lunch con Viaplana son
exhibidos bajo el nombre "La escena del Crimen podría estar en
cualquier lugar y en cualquier momento". Si las fotografías
existen como un registro visual, estas imágenes son memento
morte; momentos criminales robados cuando la lujuria y la
violencia chocan y la cartografía de la relación entre Lunch y
Viaplana se tuerce como un giro negro desde hediondos
callejones de Los Ángeles a apartamentos baratos en Barcelona,
al estilo de Bonnie & Clyde. Los dos artistas comparten el deseo
de existir intensamente, aullando en el abismo de la mortalidad,
a la vez que ruedan por el mundo, sin dejar nada detrás, excepto
rastros de semen y sangre, a modo de confesión de ADN. El acto
de follar surge como un gesto criminal,
un momento en que todo es posible.
La fotografía ha formado una parte esencial de la escena
forense criminal desde principios del siglo XX, pero con Lunch y
Viaplana la imagen no es sólo una forma de prueba, sino una
celebración del acto de la transgresión. Para los artistas el deseo
de pruebas le motiva y le permite la ruptura de las leyes.
Esta exploración personal anuncia claramente las fotografías
experimentales de Lunch. A diferencia de las anteriores series de
imágenes que fueron disparadas para la exposición, estas
imágenes se construyeron inicialmente como fondos de
escenario para ilustrar las actuaciones de spoken word. En
contraste con la serie "Escena del Crimen", estas imágenes se
encuentran dentro del marco rectangular.
El contenido refleja un compromiso con la demanda surrealista
de que el arte representa las fantasías, los deseos, los sueños y
la fluidez entre estos deseos internos y el pensamiento
consciente. Los títulos de las imágenes de la serie "Hieromancy"
reclaman la atención sobre estos temas: "El Tercer Ojo y los
Sueños de la Fiebre". Relativo a los trastornos psíquicos
asociados con la falta de sueño está "Teatro Insomne", una vez
más, recalcando la atención a la ruptura de la distinción entre
realidad y fantasía.
Visualmente este trabajo experimental conserva la
luminiscencia, pero la manipulación digital del color, rico en
tonos primarios, el uso de la sombra, y el desenfoque de las
imágenes múltiples requiere la mirada cuidadosa del espectador.
Se hace necesario comprometerse con cada matiz escotópico
para lograr la plena la experiencia de la fluidez y la liminalidad
de las imágenes múltiples. Las fotografías versan sobre vagas
formas e imágenes fantasmales (armas de efecto borroso con
imágenes de sexo oral en "El impulso del Asesino", una escalera
se combina con una vagina con el acertadísimo título de "Luminal"). La naturaleza de los temas son reflejados en los tonos
de la imagen, creando una luminosidad oscura. La relación entre
los impulsos inconscientes y la experiencia consciente son
mutables, la fantasía tanto como razón como motor para el
comportamiento.
Única entre estas imágenes es "Mi Muerte Espera", que aparece
como una colección de fotografías que sereflejan unas a otras
simétricamente. La luz que entra es brillante, pero no hay nada
que ver fuera, más allá de ecos sobreexpuestos de la misma nada
industrial. Las habitaciones estériles, el vacío almacén, una serie
de lugares oscuros que huelen a desagües sucio obturados,
motas de polvo quemadas, y las desesperadas, calientes y
húmedas folladas de adolescentes y borrachos.
Como realidad de los territorios interiores y exteriores, esta
colección de imágenes aparece casi como un voto, una
actualización del temor y el deseo de la la promesa de la
destrucción.
Por último, no es posible delinear una clara distinción entre la
aniquilación y el erotismo en el trabajo de Lydia Lunch. Los dos
funcionan como parte del mismo gesto, necesario para la
simultánea afirmación y erradicación del yo. La libertad demanda
riesgo y la libertad de las pasiones desatadas implica la
posibilidad de la destrucción. En este sentido, el arte de Lunch
recuerda a la evocación del duende de Federico García Lorca, una
fuerza para la creación artística que no sólo viene de fuera, como
la seducción prometida por la musa o la iluminación espiritual
ofrecida por un ángel, sino de "los recovecos más interiores de la
sangre". Lorca, un transgresor sexual y outsider que sería
asesinado a sangre fría por fascistas homófobos, escribió sobre
el Duende como una creatividad que emana sangre, deja
exhausto y rechaza "toda las suaves, geométricas garantías". El
Duende sólo emerge en la comprensión, la inmanencia de la
muerte, a través del artista sumido por completo en el proceso
de creación.
Jack Sargeant* *Jack Sargeant (1968) es escritor y especialista en cine independiente y
underground, así como en subculturas. Asímismo, es un programador.
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SERIES EN LA EXPOSICIÓN
BELCHITE
PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA
ESPECTROFILIA
BODEGÓN
HORAS DE SOMBRA
BELLEZA FATAL
HIEROMANCIA
LA ESCENA DEL CRIMEN PODRÍA ESTAR EN CUALQUIER LUGAR A CUALQUIER HORA
LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA
LA ENFERMEDAD DE LOS EXTRAÑOS
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JULIÁN ÁLVAREZ :
FUCKING CHRISTMAS [jodidas navidades]
[1990] [13'00''] - Lydia Lunch en directo en la sala Zeleste de Barcelona [noviembre 1989]. Julián Álvarez no figura en el cartel, pero comparte escenario con la cantante equipado con mini-cámara y pértiga telescópica [primer prototipo FishCam] que provoca, incomoda y excita a la cantante. Lydia Lunch se contorsiona, escupe, y grita fucking hasta el orgasmo final.
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ARENAL ¿Cuánto tardarías en andar hasta morir?
¿Te dispararías en la mano para beber tu propia sangre
Si te vieras abandonado en un infinito arenal en el que el único vestigio de vida
Fuera lo que queda de ti?
Escapar es esencial.
Huyo para evitar la captura
Para esquivar el castigo mientras pueda
Me esfuerzo en calcular las millas de distancia
Que separan el pasado del futuro
Un intento fútil de manipular el tiempo
Que pasaré, para siempre varada, en un limbo permanente.
La libertad es un solitario estado de gracia
Un oasis que refulge en algún lugar en el horizonte crepuscular
Donde las cadenas que traban han sido voladas en mil pedazos
Acribilladas por el cañón de una metralleta.
Pero, ¿quién es libre de verdad
Si uno no puede zafarse de su propia sombra
Si no puede extinguir sus más desabridas fantasías o sus delirios más brutales?
Un teatro para insomnes, de estados de ensueño y pesadilla.
Hechizado por un ejército de espectros errantes y enemigos invisibles
Que acechan y arruinan todo cuanto encuentran a su paso.
El desierto le habla al fugitivo que hay en mí.
Un pistolero impío. Aislado. Solitario.
Un infierno crepuscular que yo misma he creado. Eternamente al acecho.
Una aparición misteriosa que anhela con ardor
Arrasar con todo y a todos.
Un holocausto individual de destrucción infinita.
Que no torna rojo sangre el paisaje
Sino que lo pinta de siena quemado: una pátina que evoca
La ausencia de color, la ausencia de vida.
La cáscara desocupada del hueco eterno
Un infecundo panorama expoliado de vida.
Plañe de desolación, el desierto y la muerte.
Un hombre, un asesino, él solo. Encarcelado en su pensamiento.
Acosado igual que por una plaga de langostas, un fragor aletargador,
un profundo rumor subterráneo.
Toda una vida de secretos infames murmurando para siempre jamás, justo
donde el oído ya no llega.
Yo soy ese hombre. Esa artimaña, la perdición. Estoy hecho pedazos.
Un magnífico desastre. Un espejismo situado muy al sur de donde no hay norte.
En esa tentadora envoltura de vientos del diablo
Si apareciera ante ti tal como soy de verdad
No me podrías ver
Porque habría dejado de existir
Me habría desvanecido.
Evaporado.
Sería polvo otra vez.
Y esparcido en alguna orilla desierta.
Este campo de batalla en el que me enfrento a mí mismo.
Contra recuerdos míos y reproches suyos
Mi brutalidad y su otro yo vacío
De este asedio no deriva un reposo desigual
No hay sosiego. Sólo descanso impuro en el cual me estremezco.
Prisionero de lo baladí, de la insidia, de la agresión.
Exhausto y entumecido.
Despertando una y otra vez
Para que el sol me colme de llagas
Para que la arena me consuma
Y abandonado en la batalla contra mi sombra.
¿Cuánto tardarías en andar hasta morir?
¿Te dispararías en la mano para beber tu propia sangre
Si te vieras abandonado en un infinito arenal en el que el único vestigio de vida
Fuera lo que queda de ti?