
La Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Calderón presenta desde el día 6 de mayo la obra del vallisoletano Juan Hernandez “He cerrado los ojos para ver”.
"Esta exposición representa mi admiración hacia el mundo femenino en general, como amplio representante de nuestra naturaleza humana, atractiva y compleja como pocas. Una mirada interior, profunda, ausente y concentrada que sea capaz de reflejar nuestro propio yo, que nos haga adentrarnos en la obra y pueda provocarnos una sensación inquietante o de desasosiego, pero que a la vez sirva de ensoñación y provoque la contemplación como un ejercicio que de pie a varias interpretaciones. Quiero dibujar mujeres y también hombres que manifiesten su belleza con líneas bien definidas y bien trazadas. Las campañas de moda, la publicidad, las revistas, los periódicos o la televisión son las fuentes en las que me inspiro. Todas ellas reflejo de una cultura popular, pop es la estética que quiero trasladar a mi obra".

El título bajo el que recojo los cuadros de
esta exposición es un texto breve
(pero no por ello menor) del poeta
zaragozano Ángel Guinda.
A lo largo de la historia, han sido muchos
los escritores que elaboraron imágenes
especialmente atractivas en torno
a tan sugerente tema.
No es casualidad que se abra este
catálogo con “La mirada”, una nueva
variación que me envía mi
viejo amigo Agustín.

Presentación
He cerrado los ojos para ver.
(Ángel Guinda, 1948)
Inagotables, un torbellino de imágenes invaden mi mente, me asaltan desde las páginas de periódicos y revistas, vallas publicitarias, espectáculos, edificios, medios de transporte, programas de televisión… Todas ellas son el reflejo de una omnipresente aunque infravalorada cultura popular que yo reivindico, pues cada una de estas manifestaciones me parece pieza imprescindible dentro del complejo entramado que llamamos realidad. En ese sentido, entiendo que el término pop pueda ser una etiqueta que le siente bien al conjunto de mi obra, y cualquier generoso guiño que quieran hacerme los demás será siempre bienvenido.
Artistas de cine, modelos de pasarela, músicos o deportistas de élite suelen ser el blanco de mis dianas, pero también personajes secundarios en la esfera pública, o amigos y miembros de mi familia (Ana y Adrián, en especial). La línea clara y bien perfilada es suficiente a la hora de compartir unas imágenes que resultan atractivas para todos, como lo es el hierro para el imán.
"Diosas y reinas fue el título de mi anterior exposición en la Galería Caracol de esta ciudad. He cerrado los ojos para ver, es una prolongación de la misma temática y representa mi admiración hacia el mundo femenino en general, como amplio representante de nuestra naturaleza humana, atractiva y compleja como pocas. Una mirada interior, profunda, ausente y concentrada que sea capaz de refejar nuestro propio yo, que nos haga adentrarnos en la obra y pueda provocarnos una sensación inquietante o de desasosiego, pero que a la vez sirva de ensoñación y provoque la contemplación como un ejercicio que de pie a varias interpretaciones".

"Abandono el lienzo esta vez y elijo como soporte la madera, que con sus vetas recrea sin mucha dificultad la textura de la piel de los personajes que me interesan.
Recupero con los lápices de colores la pasión que viví con ellos en la etapa de mi infancia, compartiendo su sencillo protagonismo con la intensidad que les da el acrílico, sin olvidar otras opciones como el pastel, el carboncillo o el collage.
Ofrezco también en esta exposición dos animaciones que recrean un aspecto dinámico y expansivo de la vida (chica bailando) y una escena más reposada e intimista (la lectora fumando). Realizadas a mano fotograma a fotograma, estos cientos de dibujos me permiten compaginar la técnica informática más actual con los artesanales procedimientos que eran necesarios a finales del s. XIX para la creación de ciertos juguetes ópticos.
Mariposas, pájaros, flores, pero también un crucifijo enorme transportado en un SEAT 600. Cualquier imagen cabe en la tarea que me he propuesto: acercar a los otros el puñado de emociones que éstas (y muchas otras) despiertan continuamente en mí.
Dibujar es una tarea tan fundamental en mi vida como el instinto de cubrir las más elementales necesidades. Me gustaría que mis obras despierten en quienes vengan a contemplarlas unas emociones similares a las que yo he vivido con ellas al componerlas."
Juan Hernández

No hay Tiempo ...
"Ya no hay tiempo ni espacio.
En todos ellos no hay espacio ni tiempo, sino la representación eterna del instante, del momento presente que arroja fuera de sí cualquier otro elemento consecutivo. Entonces, la representación eterna de la belleza, tela de humo, manto ilusorio que aparenta moverse y retorcerse en extrañas formas, que como arcanos secretos parecen dispuestos a revelarnos una oculta verdad; pero no hay verdad porque no hay revelación.
Hay manzana pero no hay pecado, porque la belleza nos redime ante cualquier injuria de la carne...
Así, el placer yace recostado, sinuoso, incitante, simulando una impaciente espera, como un animal aparentemente dócil que guarda agazapado sus mortales garras. Pero no hay espera ni victima, porque no hay tiempo, porque el placer es el instante. Leves ondas de luz que un ojo ha perdido al mirar. Más acá de su piel de madera, siempre nos mira".
Neka

Retrato de mujer sín título
"Las mujeres aprenden desde temprana edad a desarrollar una habilidad escrita en los genes para decir con la mirada lo que nunca llegan a decir del todo, con esa manera elíptica que tienen de aproximarse al verbo, dando vueltas en torno al hecho sin tocarlo. En cambio, cuando miran, desafían, desnudan e intimidan, se imponen o vencen, y otras veces, consuelan, aceptan y conceden. A estas alturas del partido todo el mundo sabe reconocer a una mujer interesante. Define interesante por descarte: bella no tiene que ser, ni falta que le hace. Si es demasiado bella, es más hermosa que interesante.
Hermosa en términos de tía buena, no de mira qué hermosa está la mañana. Si es hermosa como las mañanas, puede que en efecto sea interesante, por luminosa y serena.
Es inteligente, desde luego. Pero le aburren los libros con cuerpo de notas y los que dicen más nombres que cosas. Además, como no ocurre entre los hombres inteligentes, tiene la elegancia de ser ajena a sus virtudes. Tal vez por eso cuando cae, se deja deslizar por la pendiente hasta el noveno círculo de la pena inconsolable. Entera cae y entera se yergue. Renace, a veces de las cenizas, y otras muchas, de montañas de kleenex manchados, dispuesta a creer una vez más, a confiar en la entrega como un acto importante para la existencia. A una mujer que duerme mal o ha llorado mucho se le puede reconocer por el vuelo de las manos: es más bajo, más cansino, más cercano a la tierra o al regazo. La mujer interesante se calla a menudo, y cuando lo hace, la gente dice con razón que se hace la interesante. Hay que estarse atentos, no vaya a ser que un día se nos cruce por delante y nos pille esperando un abrazo, con las manos en alto. Si una mujer interesante te mira, y sientes que al hacerlo te está robando algo tuyo que ni siquiera sabías que tenías, cuando te desarme con la mirada de sus ojos inexorables, cuando te atraviese a quemarropa, retándote a buscar un adjetivo que no llega, que no alcanza: no busques más. Hablando de mujeres, interesante es también una patraña. Interesante es la noticia en la prensa del domingo, un adelanto científico, el sabor de un vegetal desconocido. Atrévete a mirarla sin pretensiones. Descarta por imprudentes la seducción, la comprensión o el desafío; rechaza por fútil la superioridad, la condescendencia y el desdén. No se pide de ti ninguna acción. Todo cuanto puedas hacer se consume en el acto de sostenerle la mirada sin echar mano de estrategias.
Quieto allí, suspendido en el puente levadizo, asomado tembloroso en el balcón de sus pupilas, intenta mantenerte en un segundo fuera del tiempo. Si te asustas es que no estás preparado. En cambio, si accedes a un estado de contemplación que es puro gozo, te habrás adentrado en el enigma. Acabarás, como al principio, sin saber nada de la dueña de esos ojos. Pero si has visto sin mirar cómo te miran, algo aprenderás de ti que le hará sonreír en la víspera. De momento, no pidas más. Porque esta tarde, como tantas otras, se apagará cuando caiga de pronto el delicado telón de sus pestañas".
Tatiana Escobar

Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Claderón (Valladolid), Calle Leopoldo Cano s/n. Del 6 al 30 de mayo de 2010. De martes a sábados: 12:00 a 14:00 h y de 18:30 a 21:30 h; domingos de 12:00 a 14:00; lunes y festivos, cerrado; entrada gratuita.