Los Noviembre  - 13

Sin duda alguna, el pop con efluvios “indies” es uno de los estilos más en boga en nuestro país en los últimos tiempos, copando la atención de público y medios y, en general, de toda la comunidad musical. Bandas como Vetusta Morla, Love of Lesbian o Sidonie, tienen buena culpa de ello, pero en sitios más escondidos, como Medina del Campo, se descubren grupos como Los Noviembre, un cuarteto que acaba de editar su primer larga duración, titulado escueta y directamente: “13”, el número de canciones que contiene esta ópera prima. Precisamente cito estas bandas porque cada vez que he oído hablar del grupo, de una u otra manera, se les ha vinculado con esta escena y, de hecho, la primera noticia que tuve de ellos fue a raíz de su concierto con Vetusta Morla. Y sí, puede que a nivel “macro”, el grupo pueda encasillarse bajo esos ambiguos parámetros (aún me sigo preguntando qué significa ser “indie” hoy en día), pero sin duda alguna las coordenadas de Los Noviembre apuntan en una dirección diferente, complementaria, pero distinta.

Grabado y mezclado por Lorenzo González, el teclista del grupo, producido por él mismo y por la propia banda y mezclado por Graham Goldman en Nueva York, “13” es un disco que rezuma trabajo y dedicación por todos sus poros, obteniendo un resultado satisfactorio en lo que a calidad de sonido se refiere. La producción huye del impacto directo y se centra en la dinámica y los matices, algo muy de agradecer en estos días de cuasi-obligatoria compresión sonora.

Llámalo indie, llámalo pop o llámalo como quieras, pero dentro de “13” nos encontramos canciones llenas de calidad, una obra muy heterogénea que navega entre el pop, el rock y la psicodelia, con unas letras basadas en el binomio amor-desamor que dejan un cierto lugar a la interpretación personal de cada uno. “No estoy allí” es la canción que abre el disco, seguida de “Cariño me quiero a mí”: temas directos con reminiscencias al rock y al pop de origen británico de principios de los noventa. Posteriormente, canciones como “La noche” o “Cien veces” siguen ese mismo camino, aunque quizás abrazan sonoridades más pop.

“Sumamos cien”, una canción donde el teclado toma un mayor protagonismo y las guitarras se esconden, se abre más al pop luminoso y, a continuación, nos encontramos con “Si lo llego a saber”, una bonita pieza acústica.  Acto seguido, “Si me viste”, nos lleva de nuevo a las guitarras eléctricas y a un pop-rock de corte más clásico y comercial.
En “Viernes” podemos escuchar un hammond que da un toque garagero a una canción con una clara orientación hacia el rock, mientras que en “Cruce” vuelven al pop-rock, con la colaboración de Beatriz Llorente a la voz femenina y uno de los  estribillos más pegadizos del disco. “Un, dos, tres” abre el sonido del grupo hacia pasajes electrónicos y relativamente bailables, aunque sin perder la esencia, mientras que en la parte final del disco encontramos “Rey de barro” o “Mantra”, dos canciones donde la psicodelia se erige como la clara protagonista y que, a mi parecer, configuran la faceta más interesante del grupo. Por último, el disco lo cierra “La pared”, un  epílogo sosegado plasmado sobre una sección de vientos. 

Soy de la opinión de que en la música hoy en día la capacidad de innovación es un atributo cada vez más escaso, pero no porque las nuevas bandas intenten reproducir o copiar patrones compositivos y sonoros ya vistos, sino porque cada nuevo disco, cada nueva canción, se construye sobre un pilar de influencias y estilos cada vez más amplio. Escuchando este trabajo de la banda medinense en ocasiones me vienen a la cabeza bandas como Kula Shaker o Super Furry Animals, en otras se advierten toques “beatlelianos”, y en algunos momento evocan a grupos como Vetusta Morla o incluso a bandas pop patrias de los 80. Pero ello no implica, ni mucho menos, que el trabajo carezca de originalidad; al contrario, Los Noviembre han sabido conjugar las citadas sonoridades para ofrecernos un producto diferente, una compilación de buenas canciones que recopilan distintas facetas musicales, si bien siempre con el pop como eje principal.  Por otro lado, destaca la rica instrumentación presente, siempre bien ejecutada, y la voz de Alberto, su cantante, quien la encaja con acierto en los diferentes pasajes estilísticos que aborda el grupo.

Sin más referencias que la pura grabación, en la esencia de las canciones se vislumbra un proceso de elaboración minucioso, a fuego lento, donde los detalles se enfatizan, donde cada canción es un plato cocinado con una gran variedad de ingredientes, en su justa cantidad. Quizás la huida, probablemente consciente, de la simpleza armónica y del estribillo fácil, inmediatamente asimilable, pueda restar enteros a la comercialidad del grupo. Pero este hecho, que a priori puede suponer un hándicap para cierto tipo de público, para muchos de nosotros supone precisamente uno de los principales puntos a favor del disco: es un trabajo que se descubre poco a poco, que va subiendo enteros con cada escucha. Las canciones poseen entidad propia, se advierte una clara divergencia estilística y de tratamiento, lo que hace que se trate de un disco abierto y variado, algo que es muy de agradecer en estos tiempos de compulsión hacia la uniformidad.

En definitiva, si te gusta el buen pop, aderezado con dosis de psicodelia y rock, disfrutarás con este disco. Dedícale tiempo, porque sin duda lo merece.

Álvaro R. Osuna
Septiembre de 2011.

 

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