son del aire

 

 

      

 
 

son del aire

por Paco Alvarado

ANOUAR BRAHEM TRÍO. “LE VOYAGE DE SAHAR”. (Túnez-Francia)
www.anouarbrahem.com

Valladolid 10 OCT_Auditorio Feria de Muestras

Anouar Brahem_oud
François Couturier_ piano

Jean Louis Matinier_acordeón


EL GRAN ANOUAR, SIN CONCESIONES: LAS OSTRAS SE COMEN CRUDAS
algunos echan unas gotitas de limón, nada mas. otros ni eso.
Y Anouar Brahem nos hizo comulgar con ostras y soy consciente de que a mas de otro se le atragantaron, pero esto es así, si nunca las has probado hay que saber que la primera ostra te deja un sabor un poco extraño, la segunda aun mas, el sabor se acumula, es mas fuerte y así progresivamente. muchos no pueden con la tercera y no las vuelven a probar en la vida y si lo hacen... sólo una, por favor. otros en cambio se vuelven locos, se aficionan al sabor puro y duro de la ostra, les encanta introducirla en la boca mientras aun se mueve... y esto que hoy en día es cosa de gourmets así debía ser en los tiempos remotos, supongo, cuando aquellos homínidos hambrientos se comían hasta las perlas. jo jo...

La noche del viernes el auditorio estaba lleno, hasta arriba, la espectación se palpaba en el ambiente, muchos no habían escuchado nunca a Anouar Brahem pero todos eran conscientes de que se trataba de una ocasión excepcional, que es un gran figura.
Para otros este era el plato fuerte del ciclo.
                                        ... apaguen los teléfonos, por favor y abróchense los cinturones
ESTAMOS EN EL AIRE

Y allí salió Anouar con su laúd árabe, como salen los toreros al ruedo, serio, concentrado.
Se sentó y empezó a tañer con la púa, sin soltar palabra... y las notas empezaron a fluir, pausadas, tranquilas, casi lacónicas.
Ya las primeras notas de laud eran cristalinas, casi transparentes. Y así continuó.

Anouar Brahem, foto Chelo Díez

En la segunda pieza me empezaron a sonar mas andaluzas que andalusies y sin querer me encontré pensando que sucedería si apareciera Paco de Lucía en el escenario... en fin, deliriuns, cosas que pasan cuando uno escucha música pura, sin mas, sin otro tipo de distracciones, bailes, puestas en escena, videos o demás parafernalia... la imaginación de cada cual toma el mando y pone el resto, las imágenes, los colores, el decorado, incluso los arreglos orquestales... y de esa forma uno se transmuta de mero espectador en coproductor, partenaire, músico, arreglista, director de cine, pintor, bailarín... cómplice secreto; en fin, eso es grande, es otra forma de participación, intimista, personal, intransferible. Francamente, muy difícil de conseguir y que no se tiene muchas ocasiones de disfrutar salvo en algunos conciertos de música clásica o algunos tipos de jazz.
El formato trío lo viene explorando Anouar desde hace tiempo, quizás del que mas se ha servido a lo largo de su carrera... pero siempre cambiando de músicos y de registros, en cambio sus dos últimos discos desde 2002 los ha hecho con Couturier al piano, compañero de mil batallas desde que recalara en París a principios de los 80 y Matinier al acordeón.

Francois Couturier y Jean Louis Matinier, foto Chelo Diez

El control es absoluto, los franceses templando, iban dando pinceladas muy suaves, delicadas, muy suyas, al principio casi como si estuvieran acompañando a Serge Gainsbourg, muy a la chansón... y de repente también muy clásicas, un auténtico terceto de cámara, muy comedido, invitando a la reflexión y no a la distracción, dirigido a lo mas profundo del espíritu y no a los pies ni a las palmas. Piezas formalmente precisas pero a la vez llenas de abstracción, la música iba evolucionando sin un esqueleto evidente o aparente, al menos desde afuera, a veces sin melodías claras hasta que regresaban a algún punto de anclaje del cual ni siquiera habían partido, no como un desenlace sino mas bien como una premonición, no se si me explico, esos anclajes están en el origen y dan forma al armazón, pero no son el objetivo ni el destino, son la fuente y responden a un respeto absoluto por la música tradicional que representan, sobria, minimal y seria por definición y naturaleza.
Anaour a veces se acompañaba de la voz, muy bajito, en segundo plano, de hecho ni siquiera tenía micro sino que se escuchaba directamente (en las primeras filas) o a través del micro que amplificaba al oud. Se doblaba o completaba el fraseo del laúd, según. Piano y acordeón continuaban sus desarrollos y evoluciones y ahora la música clásica se convertía en jazz contemporáneo, lleno de contrapuntos con tres instrumentos haciendo cosas diferentes, minimales, pero con una armonía sorprendente que resultaba en una unidad sin fisuras. A esto en mi pueblo se le llama simplemente buena música, namás, música en su mas pura esencia. ¿fatigoso-duro de escuchar?. Seguramente para nosotros occidentales lo sería menos como banda sonora de una película o soporte de una obra de teatro, pero se trataba de un concierto.

Anouar Brahem trio, foto Chelo Diez

Esa, queridos, fue la pauta del concierto del gran Anouar. Un espectador situado detrás de mi se arrancaba con percusiones sobre sus pantorrillas, bajito (la verdad bien hechas) -lo que decía antes- parecía que estaba pensando, vamos, si mete una sección rítmica la lía... pero no, no iba de eso la sesión aunque en el cuarto tema Anouar se soltó mas, aceleró el ritmo y el flujo de notas dejando bien claro que es un virtuoso de su instrumento, que hace lo que quiere y aquí de repente aparecimos en esa encrucijada que une lo hindú y lo árabe donde quedan destrozadas las últimas fronteras oriente-medio-occidente. Y cuando estamos en esto, sin darnos cuenta nos encontramos inmersos en el único solo de Matinier con el acordeón; no tenía nada que ver con lo que Anouar estaba haciendo, nada, pero este había conducido lo suyo con tal maestría que resultaba lo mas natural haber llegado a ese punto, como cuando un torero hace un buen quite para marcar un cambio de tercio y deja al toro perfectamente embocado a las banderillas... (perdón), espléndida intervención de Martinier, sin alardes, que casi termina por Bach... sin duda uno de los momentos mas valorados por el público.

Volvemos a esa otra frontera, mas bien lugar-espacio común, Al Andalus, y Anouar sigue mezclando pinceladas casi flamencas con brochazos árabes mientras piano y acordeón tejen un lienzo muy europeo, netamente francés, muy controlado, ni una sola nota de mas, ni una de menos.
Después de estos dos últimos temas parecía que la cosa iba a cambiar de tercio pero Anouar continúa a lo suyo, suave, muy suavecito y aunque se acompaña con un ritmo marcado por los dos pies, no un taconeo sentado sino mas bien un punteo -con la suela de las puntas- no sonoro, al estilo de los palmeos sordos de los cantaores flamencos, su música mas que nunca se torna intimista, nos transporta a Irán o a la antigua Persia pasando por Turquía, o vaya usté a saber...
Aqui ya servidor está totalmente rendido a la causa, abducido y seguramente en otro lugar, el viaje fue largo, recorrimos tres continentes, las notas tomadas como se puede constatar son confusas, son borrones, pero no están escritas en árabe, lo juro...

...notas indescifrables, poco ayudan.
Eso si, los tres músicos continuaron en una línea plácida, armoniosa, sin estridencias y... notas las justas. Continúa el control absoluto sobre lo que hacen, una contención al límite, y de repente me encuentro pensando que se trata de un concierto de música extrema (si eso existiera), una especie de trash-andalusi, de nu-árabe, de doom-magrebí, de minimal-trance-house_acústico todo ello perfectamente mezclado con el jazz contemporáneo europeo, la chançón, el romántico clásico, la música medieval, el postgótico y el prebarroco... ya digo, pero para todo esto nosotros si tenemos un término: jondo puro.
Es entonces cuando se arrancan con una pieza de aires casi gaélicos que desemboca en algo parecido a una balada flamenco-holandesa ¿eh? ¿pero eso existe?, si, claro, lo acaban de hacer, ergo est. No respondía al tinte épico de lo celta, ni a su vertiente festiva sino a la lírica irlandesa al estilo gótico-flamenco.
No se que andaría buscando el ecléctico Sahar en este viaje iniciático pero si lo que debió encontrar... miserias, sufrimientos, pasiones, tristeza, soledad, esperanzas rotas...
En fin, es lo que hay, Anouar Brahem es grande.

Alguno me comentaba después del concierto que había echado de menos unas percus, pero si hubiera sido así no habrían sido ostras sino cóctel de marisco o carpachio con sal y aceite de oliva, para los japoneses sería sushi, que no siempre se come solo ni crudo... pero Anouar quería ostras... y sin limón !! y a todo esto sin decir una palabra, sin explicaciones de ningún tipo, ya digo, puro jondo.

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Paco A. (oct'08)  
fotos Chelo Díez Ortega


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