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por Maguil

"LOS DEL TELONCILLO”

Una peripecia personal

Una tarde, en los alrededores de las fechas del I Congreso de Artes Escénicas de Castilla y León, Burgos 2001, Eduardo Usillos nos contó a Ana Gallego y a un servidor algunos detalles del nacimiento de “Teloncillo”… al calor de mayo del 68.

Ese año, en otoño, tres personas: Mercedes Vallejo “la Nena”; Isabel Fernández Gijón –hermana de Eduardo Gijón, fallecida hace un par de años- y Eduardo Usillos, al que perdimos el 19 de noviembre de 2002, se liaron la manta teatral a la cabeza y decidieron plantarle cara al teatro “oficial” vallisoletano: TEU, universitario, Candilejas (Educación y Descanso, o sea, Sindicato Vertical) y Corral de Comedias (Información y Turismo –coño, como ahora, qué casualidad!) y armados de lecturas sobre el Living Theatre (que visitó Valladolid en los 70) y el Roy-Hart Theatre (que también visitaron Valladolid en los 80)… aderezado de algo de “método” acercado a España vía USA (Leyton, Narros, Plaza, etc.) se deciden a actuar por colegios mayores, colegios rurales, asociaciones de barrio… todo ello de forma clandestina, claro.
Parece que siempre se les resistía la colocación del teloncillo… un pequeño telón en la parte alta de la embocadura que sirve para disimular focos y cables… y pasaron de ser “los del teloncillo” a “Teloncillo”. En el 70 registran el nombre en el registro del ministerio correspondiente …del Interior, claro. El de Cultura es de 1978.
Después de ellos nadie más. Se cierra la ventanilla, que se nos va a llenar el país de rojos teatreros.
Ya con papeles ministeriales era otra cosa…te puedes reunir, hablar de política y decir a los de la “social” que estás ensayando. No había otro remedio. Se suman Ana Morgades, Jorge León –decidió marcharse hace unos meses, harto de que una máquina respirase por él- y Ernesto Calvo entre otros y deciden montar “La Quimera” de Juan Potau. Claro, la puesta en escena es colectiva… en aquellos tiempos libertarios no podría ser de otra forma.
Concursan en la fase regional de Teatro Juvenil organizada por la OJE (Organización Juvenil Española, rama juvenil de la Falange) y ganan…ex aequo con el grupo “oficial” dirigido por D. Daniel Pato Movilla (¡coño!, como ahora en la Consejería de Información y Turismo). Se descubre el pasteleo y llegan ellos solos a la fase nacional en Asturias. Ganan de nuevo con repercusión en prensa nacional…siglo XX, cambalache, que dice el tango…parece que la Falange hacía tongo.

El escándalo les convierte en un grupo “de culto” en los circuitos progres de las universidades españolas: colegios mayores, casas de cultura, parroquias – esto ya no pasa-.

En 1971 se amalgama con “Vírgenes Necias”, grupo en el que militan Eduardo Gijón, Javier Semprún, Pancho Salvador y Javier Martínez “Varillas”… a los que siguen sumándose colaboradores ocasionales como Andrés Trapiello, Miguel Angel Verdugo *nota* o Tomás Salvador.


Eduardo Gijón

Años duros. Quizá se ensayaran obras que no podrían nunca representarse, por falta de escenarios o por prohibiciones. No hay que olvidar que hasta la entrada en vigor de la Constitución de 1978 existía la censura previa, o sea, cada vez que se actuaba en una provincia y una vez que el texto había pasado la censura literaria, el censor –funcionario de Información y Turismo- podía ver un ensayo general y decidir que allí no se hacía esa obra…eso hasta 1978. Censores que tienen nombres y apellidos.
En esas condiciones no había quien mantuviera ninguna actividad teatral. Se opta por el cese de actividad.

Tomás Martín y  Jesús Martín, el primo. El Retablo del Flautista
Tomás Martín y Jesús Martín, "el primo". El Retablo del Flautista

1972-1973. Aparecen nuevas personas con ganas de hacer teatro… lo más legalmente posible, claro, pero ya no admiten más grupos de teatro en el registro del Ministerio de Interior. Manuel Pérez (Manolo), Tomás Martín (actualmente ambos en Quimera), Jesús Martín (primo de Tomás, alias “el primo”) Jesús Pérez (Chuchi, ex Teatro de Hilo, hoy directivo de CCOO), Juan José Mato (Juanjo, ex Teatro de Hilo, hoy excelente constructor de marionetas), Ángel Sánchez (hoy Director de Teloncillo), Pepe Guerro, Vicente de la Fuente, Montse Arribas, Fernando Santander, Julián…, José Alvárez (Queno), hasta Manolo Sierra (hoy Manuel Sierra, pintor), Luís Miguel Marigómez, Luis Navarro… entre otros 10 o 15 o 20… deciden tomar prestado el nombre y montar “El Retablo del Flautista” de Jordi Teixidor, obra que le habían prohibido representar a Tábano en España y con la que los madrileños se tuvieron que ir a actuar por los centros de emigrantes españoles en Europa, obra que a la vuelta cedieron a Teloncillo: texto, música, vestuario.
Obreros y estudiantes: una mezcla explosiva en la época.


cartel de Manolo Sierra, grabado sobre linóleo

Empieza la peripecia grupal.

El “Retablo” fue un éxito que consolidó un gran equipo de personas…tan grande que en cada función el elenco variaba entre 22 y 25 actores y músicos, todo dependía de trabajos, exámenes, indisposiciones. Se actuaba en lugares tan dispares como un seminario y una asociación de vecinos. A veces legalmente, como en el caso del Seminario de Valladolid y otras clandestinamente, como en el Barrio del Pilar (Madrid). En algunas ocasiones con los furgones policiales en la puerta (Vallecas), en otras no se actuaba por “prohibición gubernativa” (León). En este contexto grupal me apunto yo a finales de 1974. No sabía si dedicarme al jazz o a la filología inglesa y tiré por la calle del medio: el teatro.
Mi primera actuación fue en el paraninfo de Las Llamas (hoy UIMP), Santander, clásico recinto universitario en el que posteriormente he actuado bastantes veces con Teloncillo. Incluso llegamos a hablar allí con Dionisio Ridruejo al que cedimos el espacio para una presentación de su partido.
Éramos cinco o seis músicos… ¿rock-protesta?. La música estaba muy bien tratada, llegaba a la gente, apoyaba el espectáculo…yo aposté por las guitarras eléctricas frente a las españolas habituales en Teloncillo (no hay que olvidar que los músicos de Teloncillo fueron el germen de Tamarugal, una importante formación que se dedicaba a la música andina principalmente) y además, recomendé el uso de la batería frente a las tradicionales percusiones. Sustituí a otro músico –contrabajo- que se iba a la mili. La guitarra que usé en Santander era de Miguel Orrasco, para quien yo componía letras en inglés. Rockero viejo que es uno.
Total, éramos tantos que nos desplazábamos en autocar, casi siempre con el mismo conductor que hacía de acomodador, más las respectivas novias y novios… cerca de cuarenta personas… es la vez en la que me he sentido más cerca de Greatiful Dead y los grupos de rock hippies. En una ocasión, Ciudad Real, el crítico del diario “Lanza” nos acusó de llevar la clá para que aplaudieran…en esa ocasión no había un solo asiento libre.
Habitualmente nos alojábamos en casa de los organizadores, eso era tarea fácil en Ciudad Real, por ejemplo, pero cuando actuábamos en Madrid los organizadores eran tantos y tan desmadrados como nosotros…o sea, nunca sabías dónde dormías…surgieron grandes parejas de estos “intercambios”.

Como “todo tiene su fin” que decían Los Módulos, El Retablo tiene su decadencia después de casi tres años y cerca de 100 funciones y se reorganiza el grupo ya en un local de ensayos permanente prestado por la parroquia de La Pilarica, con la que nos unía un especial lazo…éramos muy ateos, pero con ellos nos llevábamos muy bien (¿no, Manuel González?).
Salen unos, entran otros como Antonia Cano (Toñi) y acometemos en 1975 uno de los hitos de la compañía: Ensalada de Bandidos.


En aquel año Fernando Herrero consiguió convencer a la delegación de Valladolid del Ministerio de Información y Turismo de la posibilidad de hacer en nuestra ciudad y con las compañías que teníamos una existencia regularizada, una experiencia muy interesante. Se trataba de trabajar con un grupo de expertos en teatro para niños y creatividad, dirigidos por Ana María Pelegrín, argentino-española especialista en literatura para niños, que nos trasladaban estas técnicas a las compañías durante una serie de sesiones.

Entre estas personas estaba Marga Iñiguez, perita en lunas y creatividad, un auténtico cronopio con quien sigo colaborando y que está poniendo las pilas creativas a medio mundo.
El proceso iba a acabar en un gran happening que suspendimos por alguna motivación política…creo que fue por los últimos fusilamientos de Franco, septiembre de 1975.
Tiempos duros. El rana conseguía sacar lo peor de los españoles: enfrentamiento, odio, muerte.

ensalada de bandidos
Ensalada de Bandidos, primera versión, 1976.
Tomás, Vicente de la Fuente, Juanjo Matos -fundador Teatro de Hilo- y Manolo Pérez.
Luego rehicieron la obra Toñi, Angel, Rafa Contreras - de Valencia- Queno, Fernando Santander (el flauta del Retablo, ahora en Osakidetza, Vitoria), Juanjo, Montse Arribas y Maguil

Pues bien, nosotros decidimos trabajar con el método de la improvisación dirigida, focalizada. Con este método trabajamos con una serie de maestros de la provincia que a su vez transmitieron este juego a sus alumnos, creando una serie de historias, anécdotas e imágenes sobre las que realizamos un espectáculo señalado como uno de los hitos de la creatividad en el teatro para niños de aquel momento, con el que recorrimos muchas regiones de España y que fue remontado por una compañía valenciana y por los recién nacidos bajo el nombre de La Quimera de Plástico, en aquellos tiempos dirigidos por Tomás Martín, como resultado de una serie de talleres de teatro impartidos en el instituto Leopoldo Cano, en el barrio de los Pajarillos (Valladolid). Ensalada de Bandidos: música, juegos, bellos textos, sombras…una joya. Todo este proceso se recogió en un libro que no pudo ser publicado. Pero años más tarde la colección Barco de Papel publicó el texto de Ensalada de Bandidos con autoría de Manuel Pérez.

En medio de este proceso de creciente profesionalización –había ya tres o cuatro personas que dedicábamos mucho esfuerzo al grupo- algunos deciden dejarlo, simplemente colaborar. Otros decidimos “echarnos a la carretera”: Montse Arribas, Antonia Cano, José Alvarez, Queno; Juanjo Mato, Manuel Pérez, Fernando Santander (hoy directivo del servicio de salud mental de Osakidetza) y un servidor…furgoneta, actuaciones allí donde se podía, proyectos de nuevos montajes, colaboraciones… lectura compulsiva de teatro: obras, ensayos…lo que caía en nuestras manos. Una de las personas que se tomó interés por Teloncillo en aquel momento fue Carlos Toquero, recién llegado de París donde había realizado estudios de cine. Empezamos a hablar de montar “Misterio Bufo” obra de Vladimir Maiakovski que celebra el triunfo de la revolución rusa. Necesitábamos ayuda y retomamos el contacto con alguno de los primeros “teloncillos”: Eduardo Gijón *nota*, Javier Semprún…Fernando Urdiales y un grupo de colaboradores plásticos procedentes de su círculo de amistades. Vuelta al local de ensayos y estreno de Misterio Bufo en el Festival de Vitoria…actuamos unos días antes de La Torna de Joglars.

ver detalle
Misterio Bufo, cartel de Manolo Sierra, 1977, serigrafía iluminada a mano.
pasar el puntero del ratón sobre la imagen para ver detalle.

Un espectáculo festivo, un tanto tosco, rudo…era lo que podíamos hacer sin medios. Ahora tenemos más herramientas, más información, más experiencia y podríamos sortear algunos problemas que en aquellos momentos nos paralizaron. No obstante hicimos algunas incursiones en Cantabria, Castilla y León… -memorable aquella actuación en el campo charro salmantino, en un salón de baile de un pueblo- nosotros actuando mientras presenciábamos una pelea en la barra del bar, que no llegó a cerrarse durante toda la actuación.
Suscitó interés pero era imposible mover un equipo tan amplio de personas, muchas de las cuales tenían ya responsabilidades profesionales –medicina, universidad- alejadas de los escenarios.


Maguil en Misterio Bufo, V. Maiakovsky, 1977 en el Teatro Valladolid

Crisis, abandonos…pero crisis pasajera, pues en aquella época ya me había pasado Tomás Martín las riendas de la compañía –riendas que eran simplemente los papeles de la legalización y una caja verde de fichas con contactos, caja que pasé en su día a Javier Semprún cuando fundaron Teatro Corsario- y, conociendo mis aficiones por la incertidumbre, por la flexibilidad y por la música conseguí que Angel Sánchez -que volvía de Madrid donde había participado con el GIT (Grupo Internacional de Teatro) en el montaje de La madre de Gorky- volviese a interesarse por Teloncillo y con la colaboración de Javier Rodríguez y Manuel Sierra (en la plástica) retomamos la actividad con un espectáculo para niños, de creación y dirección colectiva –ese era uno de los mitos de la época- sencillo, visual, poético, pequeño, esteticista… ”América No existe y otros cuentos chinos”. Llegamos con él incluso a figurar en alguno de los manuales de trabajo teatral en escuelas…sobre todo porque conseguimos narrar un pequeño cuento con ayuda de un rollo de acetato pintado con la técnica de las sombras…un OH! inmenso sonaba en la sala…les encantaba a los niños y a los programadores, fundamentalmente escuelas.
La música iba casi toda enlatada pero había un mogollón…desde melodías japonesas hasta jazz (Salt Penauts de Dizzy Gillespie) y una gran canción compuesta por Angel Sánchez e interpretada por los dos a las guitarras: Canción para ir al Sur. Entre samba y blues. En aquellos momentos nuestra actividad musical era tanta como la teatral. Montaje flexible del que hicimos innumerables actuaciones. Permitía hacer dos actuaciones diarias con un pequeño traslado incluso. Con este tipo de espectáculos se hacía caja y se podía arriesgar en los espectáculos para adultos, un mercado que siempre se nos resistió.
Conseguimos (1980) que Manuel Pérez se integrase de nuevo en la estructura de Teloncillo para abordar un trabajo extraño…expresionista, un texto de José Ruibal sobre los dictadores…mejor, sobre un dictador y su doble: El Hombre y La Mosca. Fue difícil incluso conseguir el derecho de representación. Llamadas continúas a Tejas –donde Ruibal era profesor de Literatura Española- adaptación de un texto críptico, duro. Con pasajes a dúo recitando el mismo texto, sonoridad extraña. Otros pasajes eran más festivos. Elegimos colaborar con un gran artista vallisoletano: Leopoldo del Brío que realizó un magnífico espacio escénico: una red que envolvía una estructura de plataformas y niveles. Proyecciones…expresionismo. ¿Música? Increíble: Bela Bartok…un espectáculo que funcionó muy bien en el País Vasco, Portugal (FITEI, Oporto)…pero no nos comimos un rosco en Castilla y León: Valladolid, Palencia, Salamanca y para de contar.


J. Manuel Pérez y Angel Sánchez. en El Hombre y la Mosca, José Ruibal, 1980.

Nuevo parón…¿qué hacer?...actuábamos a veces con los dos espectáculos: América no Existe y El Hombre y la Mosca. Vuelta “al laboratorio”, en aquellos momentos trabajábamos en aulas prestadas por la Escuela Rural El Pino, Camino Viejo de Simancas…esto nos permitía incluso hacer algunos ejercicios físicos antes de los ensayos…al aire libre!!! Trabajábamos fuera de la ciudad, sin agobios. Situación propicia para los cambios de planteamiento.

De la mano de Jesús Martín (El primo) y Manolo Pérez, levantamos un espectáculo alegre, festivo, musical…Juanbobo…basado en una versión del “tonto de pueblo” que circulaba por la Cerdanya catalana - mezclada con un maravilloso texto de Maria Teresa León- lugar en el que Jesús Martín se encontraba dando clases…increíble, tres meses de trabajo, estreno en Valladolid y Salamanca, en las fiestas…más de 300 actuaciones en tres años!!! Escenografía basada en la comedia del arte, máscaras…a cargo de Luís Navarro (arquitecto y urbanista) colaborador habitual de la compañía desde sus comienzos. Un elenco relativamente amplio: cinco personas que nos doblábamos técnica e interpretativamente, música en directo, juegos, enredos…un éxito enorme con el que llegamos a hacer una gira de más de un mes en Barcelona, en el circuito de La Caixa, con actuaciones en Badalona a teatro lleno de chavales, o en Sant Adriá del Bessos, en el conflictivo barrio de La Mina, entre otros lugares y que nos ayudó a remontar y acometer otros trabajos muy arriesgados, como La Ganchitud, basado en El Gancho, obra de Joan Brossa, autor por el que algunos teníamos una especial afición.


La Ganchitud de Joan Brossa, dirigido por Victor Riesgo, 1983

Trabajo costoso en tiempo y dinero, dirigido por Victor Riesgo con planteamientos de postmodernidad, 1983. Estrenado en la edición anual de la Muestra Internacional de Teatro de Valladolid. Sorprendió a todos. Se hizo lo que se pudo, no poco para el raquítico panorama teatral de la región en esa época.
Elenco amplio y ampliado por la complejidad técnica del espectáculo.

Actuamos varios años con los dos espectáculos hasta que nos pusimos a trabajar sobre una nueva idea: La Playa, obra para la voz del gran escritor cubano Severo Sarduy, al que tuve oportunidad de ver en un par de ocasiones en su casa de los alrededores de París y hablar con él de música, de ciencia, de poesía, de radio…sus grandes pasiones.
Montaje gestado entre Valladolid (donde permanecía gran parte de los componentes de Teloncillo) y Londres (donde nos encontrábamos Antonia Cano y yo) con gran profusión de envíos de cartas, casetes, ideas, presupuestos.
Texto magnífico, espectáculo con un magnífico tratamiento de la voz, del sonido, de la música. Una partitura cálida a cargo de Angel Sánchez –desde Barcelona- y con participación instrumental de miembros de la Orquesta Sinfónica de Valladolid (anterior a la actual OSCyL).


La Playa de Severo Sarduy, 1986, foto de Eva G. Struel.
De izda-dcha: Toñi Cano, J. Manuel Pérez, Chari, Javier Rodríguez, Reina, Victor Riesgo, Angel Sánchez, Maguil.

El montaje tenía un problema…tres cuartas partes del mismo transcurrían casi a oscuras…había destellos de luz…como cuando abrimos los ojos en la playa!!! Un espectáculo que hubiera tenido un gran recorrido actualmente por las salas alternativas, solución que a mediados de los 80 ni soñábamos…nos adelantamos y ya se sabe…” más vale llegar a tiempo que rondar un año”…versión del “que inventen ellos” que tan bien sabemos aplicar los españoles…así nos va.

Nos ponemos así en 1987…insalvable situación económica y personal…me proponen trabajar en el País Vasco y digo que sí. Como todos veíamos que la situación era insalvable quedamos una noche para cenar todos los implicados en los dos últimos montajes y nos tomamos unas copas…nos veíamos casi todos los días pero sumergimos a Teloncillo en uno de sus guadianas…hasta diez años después: 1996.

Pero esto ya tiene otros protagonistas.

Miguel Angel Pérez, Maguil'07 (con aportaciones de Angel y Ana)

segunda parte = el barco de teloncillo zarpa de nuevo

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