PALMARÉS  
   
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    SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
                                          - 58 edición -
                                                      del 19 al 26 de octubre 2013

 

 
 

PUNTO DE ENCUENTRO 2013

y una apostilla

Por Fernando Rodríguez Tapia


El jurado de esta sección en palabras de Marta Figueras recalcó la dificultad de premiar una única película de las obras presentadas debido al “altísimo nivel” de la sección ya que vieron “15 peliculones” que les han “abierto los ojos a una serie de problemas”. Desafortunadamente no tuve la suerte de visionar este año “peliculones” en un espacio tan libre y peculiar como suele ser “Punto de Encuentro”. Se admiten todo tipo de hipótesis: desde la invasión de vainas alienígenas orquestadas por la organización en dicho jurado o la presencia de “hinchas semincineros” en sitios de juicio inapropiados.  Bajo mi punto de vista lo que  dominó la pantalla fue la discreción, los lugares comunes, el deseo de complacer al público y la carencia de formas autorales en los ejercicios presentados (salvo honrosas excepciones). En el otro lado de la balanza,  los cortometrajes se mostraron más interesantes y arriesgados. Lo que sigue es una pequeña muestra de algunos de los títulos proyectados a lo largo de estos días de cine y tiempo permisivo.


1.- RUSSENDISKO (2012, OLIVER ZIEGENBALD)


6 meses después de la caída del muro de Berlín, tres jóvenes rusos aprovechan una nueva medida de apertura política: los ciudadanos judíos de la URSS son bienvenidos en la RFA. Wladimir, Andrej y Mischa aprovechan la oportunidad para poder vivir en un mundo distinto al que han conocido hasta ese momento.
Cine aspirina en estado puro. Las cartas marcadas desde el primer momento. El logo de Paramount que precede los créditos no deja lugar a las dudas. Una filme comercial y premeditado en todos sus aspectos. Opera prima de su realizador que asume pocos riesgos en su debut. Comedia de situación con fórmulas de toda la vida (chico-conoce-a-chica…), desventuras con poco hálito dramático, música pegadiza para que el público permanezca enganchado y tono vitalista tan impostado como aparentemente efectivo. Opta por lo epidérmico y evita los aspectos más incómodos que podía desencadenar la historia narrada. Algunos momentos afortunados logran superar la sensación de “déjà vu” que acompaña todo su visionado (el bucle cómico de la maldición de Andrej o la prueba judía a la que es sometido Mischa para obtener el visado). Es una obra que se visiona con el piloto automático puesto y con la idea última de que sus protagonistas lo están pasando mejor que el paciente espectador. Si fuera de nacionalidad americana sería dilapidada sin piedad. Al ser alemana, se llevó los aplausos del público y sus epítetos más generosos. En resumen, una película muy discreta. 
“The Keeper” el corto neozelandés que acompañó esta sesión resultó más sugerente, atrevido e inquietante.


2.- Rock the Cashback (2012, Yaviv Horowitz)


1989, Primera Intifada. Durante una incursión de una patrulla israelí en Gaza,  uno de los soldados perece al caerle una lavadora lanzada desde el tejado de un edificio. Sus compañeros, todos ellos jóvenes e inexpertos, reciben la orden de apostarse en la azotea del inmueble, mientras se busca a los responsables de la acción por toda la ciudad ocupada.
Coproducción franco-israelí de formato bélico y pulsión realista que muestra el sin sentido de la situación mostrada. Un grupo de jóvenes soldados judíos sometidos al nihilismo de un conflicto que no entienden y que les supera.  La visión de Tomer (protagonista de esta ficción) vertebra el relato cuyo motor es la perdida de inocencia mientras las piedras, los insultos y los disparos ponen sonido a la realidad. Sin edulcorantes, el drama es mostrado con veracidad desde todas las partes en colisión. La galería de personajes ilustran con pequeñas pinceladas los detalles del oscuro paisaje mostrado. Niños que juegan entre soldados, jóvenes que se rebelan ante la ocupación, adultos pasando el rato en tascas, patrullas incursionando indiscriminadamente en hogares, falsos culpables detenidos para contener el deseo de venganza, soldados de juguete aburridos. Dolor, miedo, violencia, impotencia, culpabilidad, muerte, racismo. Todo lo que desencadena la guerra aparece en la pantalla. Se aprecia en la realización del debutante Yaviv Horowitz un deseo por exorcizar lo vivido por cuenta propia (sus experiencias personales han sido vitales en el desarrollo de esta obra). “Rock the Cashbah” es un trabajo honesto y directo, cuya solidez se muestra deslucida en su forzado y algo torpe desenlace.
A su lado el corto “El Pingüino” llevó las sonrisas más picaras a la platea gracias a su tono desvergonzado e incorrecto.


3.- Benur (2012, Massimo Andrei)


Sergio, antiguo especialista de cine, vive como puede sacando dinero de trabajos diversos, entre ellos, disfrazado de Centurión a los pies del Coliseo romano para deleite de turistas. Separado y con un hijo comilón, vive con su hermana que trabaja para una línea erótica desde su casa. Sus grises vidas y las de sus conocidos darán un vuelco con la llegada de Milan, un inmigrante bielorruso sin papeles.
Segundo trabajo de su realizador, “Benur” (2012) es una película fiel a la rica tradición de la comedia italiana: visión de la realidad desde el esperpento, situaciones dramáticas tratadas con humor, vitalismo y algo de lirismo que no impide que su factor crítico quede desdibujado. La aparición de un personaje anómalo en un entorno cerrado y sin desajustes provoca las lógicas fricciones cómicas que invitan al espectador seguir el filme entre sonrisas y algunas carcajadas. Sin embargo, falta el punto de locura necesario que hubiera convertido a la película en un título vibrante. Lo mejor de esta obra (de origen teatral para más señas) es su diáfano retrato de personajes y la visión del entorno vital que les toca vivir. Lejos de los mejores títulos de un género que ha dado obras maestras al cine italiano, “Benur” (2012) es una comedia vitalista inmersa en requiebros finales que estropean el resultado final. El público premió esta obra en esta sección que comentamos.
De nuevo, el corto que acompañó a esta comedia  “Kilimanjaro” destacó por su tono inteligente y por el riesgo asumido.  Brillos a pequeña escala.


4.- Berlin -7º (2013, Ramtin Lavafipour)


Atef llega a Berlín acompañado de su hija mayor y de su hijo pequeño enfermo huyendo del conflicto de Irak. En la ciudad alemana convivirá con otras personas en su misma situación mientras espera que su situación legal se regularice y se enfrenta a una complicada situación familiar.
Segundo trabajo del realizador iraní Ramtin Lavafipour cuyo primer trabajo fue premiado en  esta misma sección hace unos años.  Un filme equilibrado y admirable que profundiza en la problemática del desplazado desde una óptica humanista, inspirada y creíble.  El conflicto de la familia de Atef y sus compañeros no es dramatizado con falsos recursos emotivos y ofrece momentos de gran belleza no exentos de tristeza y crítica. “Berlin -7º” es una obra que evita las reiteraciones, maneja con destreza el fuera de campo, introduce elipsis en sus escenas más viscerales y maneja un ritmo narrativo que no decae durante su desarrollo. Una obra sugerente repleta de detalles que ayudan a perfilar la psicología de sus protagonistas, potenciados por honestas interpretaciones y una diáfana veracidad que no abandona la pantalla. Su catártico clímax eleva el nivel de esta hermosa película. Luz al final del túnel.

El cortometraje “Kann ja noch kommen/Quizá más Tarde” se muevepor caudales similares. Una situación de violencia emocional tratada con sensibilidad y rigor.


5.- …Y una apostilla


Finalizamos nuestro recorrido por la Seminci por una curiosa disidencia programada como proyección especial: “Much ado about nothing” (2012) de Joss Whedon, adaptación literal de la popular obra Shakesperiana (o de Christopher Marlowe dirán algunos), realizada en blanco y negro, ambiente contemporáneo, formas de cine “indie” y resultados curiosos.  Una rareza a la que cuesta entrar (texto, ubicación, personajes, anacronismos) aunque el espectador paciente y menos encorsetado encuentra finalmente su recompensa. Una obra ligera, fallida y lograda en su justa medida, con ajustadas interpretaciones, momentos divertidos, acotado espacio escénico y sugerentes fugas musicales. El creador de la singular “Firefly” adapta, produce, monta y se encarga de la partitura de esta simpática extravagancia habitada por intérpretes habituales a sus ficciones televisivas (¿Será una venganza del malévolo Whedon contra el desaguisado montado por Kenneth Branagh en su nefasto “Thor” (2011)?).

 

 

 

 

 

 

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